miércoles, 8 de abril de 2015

Lo Cotidiano y lo Universal 31


Lo Cotidiano y lo Universal 31
 Internándonos otoño adentro
El otoño, estación  de  tránsito, de preguntas, de asombro.
Estación de la tierra, de la edad madura, de las uvas

ALGUNOS MATICES DEL ASOMBRO

         El otoño invitó a la hoja a viajar a su país.

         Recién llegada, la hoja se empapó en soltura para contestar las temidas preguntas de los niños. Fue hermoso reconocer su racimo de por qué, tan misteriosos y, a la ve, tan mañaneros.

         Si el conejo rosado la volviera a interrogar, candorosamente, sobre el padre, la madre, el tío, los abuelos, los otros antepasados y el origen más y más remoto de la tierra… Ahora sabría, confiada, responder, entera, “no sé, pero llevo esa pregunta conmigo hasta el desnudo”.

         El otoño, feliz en la compañía, se dirigió con su amiga a la casa donde nació el color azul.

         Emoción en la simpática visitante. Esta vez, clarividencia del por qué la poesía es tan longeva y puede ser eterna. La poesía recibe todas las vidas necesarias desde el rescoldo de las preguntas permanentes.

Hay una plaza íntima en el barrio más antiguo del otoño. Allí fue lo inefable entre la hoja y el otoño, revelando como entre vahos y despeñaderos se irá llegando a compartir caos, planetas, muerte, miradas y tiempo. Desentrañando los sueños de la poesía.

martes, 7 de abril de 2015

Lo Cotidiano y lo Universal 30


Lo Cotidiano y lo Universal 30
El poder. tema cotidiano y universal
Una fábula  de Esopo,  o  atribuida al mismo.

La gallina de los huevos de oro

Tenía cierto hombre una gallina que cada día ponía un huevo de oro. Creyendo encontrar en las entrañas de la gallina una gran masa de oro, la mató; mas, al abrirla, vio que por dentro era igual a las demás gallinas. De modo que, impaciente por conseguir de una vez gran cantidad de riqueza, se privó él mismo del fruto abundante que la gallina le daba.
Es conveniente estar contentos con lo que se tiene, y huir de la insaciable codicia.

  Una  Para fábula,  un ejercicio  para facilitar la asimilación de la esencia de la  fábula.
PODER

   Con qué placer iba a recibir los huevos de oro. El paso felino, raudo, alado, lo conducía, al primer atisbo de sol matinal, hacia el lecho próximo, en cuyos pies relumbraban los huevos dorados, mientras la gallina cubría una cara extenuada y pretendía dormir.

Los tocaba, inquieto, tal vez furtivo, el rabillo del ojo en su acompañante, dama de pasado nebuloso, amenazante, incoloro. Los dedos traían, pronto, las noticias reconfortante habituales, todo en su sitio, la dureza, el frío, el contorno del metal noble. Ahora, el reconocimiento reprimido a la gallina, madre escultora. Rápido, la certeza del sigilo, la reserva absoluta, la complicidad del silencio en la carrera hacia el escondite secreto. Allí, centelleando, la algazara espectral, hierática, la danza coagulada de los huevos de oro en colección fabulosa. Cascadas de risa anaranjadas, imponentes. Sabor gratísimo de tener, ansiedad de palpar ahora con las manos, los brazos, los pies, los codos, las orejas palpitantes, Oro. Codicia de paladear solo, infinitamente solo. Lejanos, deseos de urgir más a la gallina. Si pudiera saber cómo había aprendido este arte. Cómo persuadirla a contar, a dar cuerpo a su pasado fantasmal.

Algún día ella moriría y se llevaría su secreto, el origen de su talento para poner huevos de oro. Tal vez, si la llevara al médico amigo. Un examen. Aunque no colaborara. La sabiduría de su amigo, el ir arrancando tierra de recuerdos de ese vacío asfixiante, abisal hasta lo mortecino.

Sintió una extraña opresión, como el recibir una mirada con resolana, de un fulgor pálido y a la vez terebrante. Por un momento creyó verla a ella, como en ese primer encuentro, turgente, magnánima, próxima. Ella allí, sin estarlo realmente, pero luego fue un leve murmullo en la macicez del oro y una sombra esquiva en el matiz del amarillo.

Cuando la solidez de la mañana, en un instante, le ayudó a tomar su propio centro, y miró, ávido, codicioso, desesperado, en paroxismo, tenia ante si una enorme, una estupenda colección de huevos de gallina.

lunes, 6 de abril de 2015

Lo Cotidiano y lo Universal 29


Lo Cotidiano y lo Universal 29

En  el verano de   1810,  en la villa de  Byron en Suiza,   ese poeta propuso a sus visitas Percy   y Mary Shelley y a su  médico, también escritor , John Polidori, que inventaran un cuento gótico
Mary , la joven esposa del poeta,   narró las bases de lo que después publicaría como Frankestein, o el moderno Prometeo
Frankestein era  un  investigador  que repetiría la triste suerte de Prometeo que robó el fuego a los dioses .  Creó un monstruo.
 Es un buen tema para trabajar  la ecología del poder. Lo que ocurre cuando pasamos la frontera del  poder sano, el poder a la escala  humana, de `promoción  humana en armonía con el todo.
 Va  una intervención, un para mito , un ejercicio para contribuir  a asumir  el tema, muy de  actualidad con el desarrollo de los robots y la expansión de la realidad virtual.
El equilibrio  está en que el poder sea saludable para la persona, para los otros, para  el medio ambiente, para  las nuevas  generaciones futuras , teniendo en vista los riesgos  de la frivolidad y la exaltación.


FRANKESTEIN


Pensaba embrollado, oprimido corno si hubiera bebido un crepúsculo malsano. Había gran consternación por el descubrimiento del monstruo: el auto artificial. El quería entender. ¿No eran artificiales todos los autos?

El "cosmos" era auto de probetas, de combinaciones increíbles de cifras sin una sola laguna de magia, de anfractuosidades viscosas al microscopio, de chispas de genio. Autoartificial.

Sin embargo ¿qué pensar de los autos comunes? ¿Hasta dónde son ellos mismos? ¿Qué permanece de propio, con la influencia de los padres, los  talleres, las vías, las luces, los anuncios, los reglamentos?

Movía sus dínamos, titubeaban sus luces, se confundían sus frenos, cavilando, sin entender. ¿Por qué tanta preocupación por el auto artificial?

domingo, 5 de abril de 2015

Lo Cotidiano y lo Universal 28


Lo Cotidiano y lo Universal  28
Una observación crítica sobe  un aspecto  de la conducta humana  que se puede proyectar hacia un fenómeno universal.
La confusión entre  lo grande y lo pequeño
 El Parto de los montes, fábula recopilada o  creada por Esopo
que mantiene su vigencia.

En tempos  remotos  dieron los montes señales de parir, y los hombres esperaban llenos de temor y asombro que clase de monstruos abortarían, pero al final solo resulto de aquellas temibles  señales el parir un ratón, lo que causó a todos risas.
Esta  fábula demuestra que los  que más se jactan menos hacen, también enseña  que  se deben despreciar los vanos temores, pues la mayor parte de las veces lo mas grave que  hay en el peligro es el miedo que se le tiene.
Ahora
 Una para fábula, ejercicio creativo  de desarrollo, personal integrado al  cambio socio cultural en la época del pragmatismo encéfalo…cultural.
EL PARTO DE ELLA MISMA
Para fábula

La montaña empezó a sentir contracciones íntimas. Al principio, distanciadas, confusas, opacas. Luego, cada vez más cercanas, más nítidas, más brillantes hasta tomar en ritmo encantador…. Uno, dos, tres y la pausa amable, entera, comprensiva.

    ¿Recuerdas? La querían ayudar, palpándole la nieve, aquellos valles, las mesetas conocidas. Era tiempo de parto, aunque el sol se distraía y las amapolas enrojecían como siempre.

Urgencia en el respirar. Aquel sonido anhelante. El llamado de las entrañas se hacia presente creciendo, tibio, vivo.

    Entonces, el tiempo se ensanchó y, relajándose, la montaña nació de nuevo, mientras, como un ratoncillo gris, se alejaban los años gastados.

sábado, 4 de abril de 2015

Lo Cotidiano y lo Universal 27


 Lo  Cotidiano y lo Universal  27

 En la ecología del yo entran sus proyecciones  en la dinámica   grupal y comunitaria.
  A mayor desarrollo personal, más integración del amor y el desapego y menor tendencia a la posesividad de los logros  y a responsabilizar a  los otros  de los  fracasos.  Esta  fábula de Iriarte abre caminos jóvenes de todas las edades.

LA MÚSICA DE LOS ANIMALES

  Iriarte


Cuando se trabaja una obra entre muchos, cada uno quiere apropiársela si es buena, y echa la culpa a los otros si es mala


Atención, noble auditorio,
 
que la bandurria he templado,
 
y han de dar gracias cuando oigan
 
la jácara que les canto.

 
En la corte del león,

día de su cumpleaños,

unos cuantos animales

dispusieron un sarao;
 
y para darle principio
 
con el debido aparato,

creyeron que una academia

de música era del caso.



Como en esto de elegir

los papeles adecuados

no todas veces se tiene

el acierto necesario,

ni hablaron del ruiseñor,
 
ni del mirlo se acordaron,

ni se trató de calandria,

de jilguero ni canario.

Menos hábiles cantores,

aunque más determinados,

se ofrecieron a tomar
 
la diversión a su cargo.



Antes de llegar la hora

del canticio preparado,
 
cada músico decía:

«¡Ustedes verán qué rato!»

Y al fin la capilla junta

se presenta en el estrado,

compuesta de los siguientes

diestrísimos operarios:
 
los tiples eran dos grillos;

rana y cigarra, contraltos;

dos tábanos, los tenores;

el cerdo y el burro, bajos.

Con qué agradable cadencia,
 
con qué acento delicado
 
la música sonaría,

no es menester ponderarlo.

Baste decir que los más

las orejas se taparon,

y por respeto al león

disimularon el chasco.


La rana, por los semblantes,

bien conoció, sin embargo,

que habían de ser muy pocas
 
las palmadas y los bravos.

Salióse del corro, y dijo:

«¡Cómo desentona el asno!»

Éste replicó: «¡Los tiples

sí que están desentonados!»

«¡Quien lo echa todo a perder

-añadió un grillo chillando-

es el cerdo!» «¡Poco a poco!
-
respondió luego el marrano-:
 
nadie desafina más

que la cigarra, contralto».

«¡Tenga modo y hable bien! 
-
saltó la cigarra-; es falso:

esos tábanos tenores

son los autores del daño».



Cortó el león la disputa,
 
diciendo: «¡Grandes bellacos!

¿Antes de empezar la solfa

no la estabais celebrando?
 
Cada uno para sí

pretendía los aplausos,

como que se debería

todo el acierto a su canto;

mas viendo ya que el concierto

es un infierno abreviado,

nadie quiere parte en él,

y a los otros hace cargos.

Jamás volváis a poneros

en mi presencia: ¡mudaos!,
 
que, si otra vez me cantáis,

tengo de hacer un estrago».


¡Así permitiera el cielo
 
que sucediera otro tanto

cuando, trabajando a escote

tres escritores o cuatro,
 
cada cual quiere la gloria,

si es bueno el libro u mediano,

y los compañeros tienen

la culpa, si sale malo!






viernes, 3 de abril de 2015

Lo Cotidiano y lo Universal 25


    Lo Cotidiano y lo Universal 25
(La nota 26 se instaló ayer  como Pedrita  por su casa)
Entrando en el tema de ir más allá de las síntomas de  nuestros problemas con la naturaleza y con la conducta humana en el proceso de tomar  como una  oportunidad la crisis   actual,  con el fuego en el sur  frío , el agua en el norte  próximo al desierto,  la probidad de la clase política,  supuesta portadora de una visión y un proyecto de país, nos interesa tocar un punto visible de la discusión actual  de la práctica política, de la vida cotidiana.
 Se trata  de un tema de la ecología del yo,  de la ética, del ser humano.
 Es la tendencia a defenderse y a exaltarse a sí mismo y a sus lealtades, junto  con descalificar a otros.
Es decir, falta de autocrítica y alta egoemia.  El narcisismo personal, de grupo, de causa, .la egolatría, el sectarismo.
 La fábula La Alforja de La Fontaine, es un buen medio para promocionar una conversación  sobre ello.

Dijo un día Júpiter
“Comparezcan a los pies de mi trono los seres todos que pueblan el mundo. Si en su naturaleza encuentran alguna falta, díganlo sin empacho: yo pondré remedio. Venid, señor Mono, hablad primero; razón tenéis para este privilegio. Ved los demás animales; comparad sus perfecciones con las vuestras: ¿estáis contento?
-¿Por qué no? ¿No tengo cuatro pies, lo mismo que lo demás? No puedo quejarme de mi estampa; no soy como el Oso, que parece medio esbozado nada más.”
Llegaba, en esto, el Oso, y creyeron todos que iban a oír largas lamentaciones. Nada de eso; se alabó mucho de su buena figura; y se extendió en comentarios sobre el Elefante, diciendo que no sería malo alargarle la cola y recortarle las orejas; y que tenía un corpachón informe y feo.

El Elefante, a su vez, a pesar de la fama que goza de sesudo, dijo cosas parecidas: opinó que la señora Ballena era demasiado corpulenta. La Hormiga, por lo contrario, tachó al pulgón de diminuto.

Júpiter, al ver cómo se criticaban unos a otros, los despidió a todos, satisfecho de ellos. Pero entre los más desjuiciados, se dio a conocer nuestra humana especie. Linces para atisbar los flacos de nuestros semejantes; topos para los nuestros, nos lo dispensamos todo, y a los demás nada.
El Hacedor Supremo nos dio a todos los hombres , tanto los de antaño como los de ogaño, un par de alforjas: la de atrás para los defectos propios; la de adelante para los ajenos

Samaniego da su versión de la fábula  Alforja en forma muy sintética
           En una Alforja al hombro

Llevo los vicios:

Los ajenos delante,

Detrás los míos.

Esto hacen todos; 

Así ven los ajenos,

Mas no los propios.


jueves, 2 de abril de 2015

Lo Cotidiano y lo Universal 26


                   Lo Cotidiano y lo Universal 26
Un pequeño escrito con alcances universales
 “Lo bueno de lo nuestro y  lo malo de los otros”

 El Cuervo y el Pavo
          Iriarte
Cuando se trata de censurar los defectos de una obra, no deben censurarse los personajes de un autor
Pues, como digo, es el caso 
(y vaya de cuento) 
que a volar se desafiaron 
un pavo y un cuervo.
Al término señalado cuál llegó primero, 
considérelo quien de ambos 
haya visto el vuelo.
«Aguárdate -dijo el pavo 
al cuervo de lejos-.
¿Sabes lo que estoy pensando? 
Que eres negro y feo.
Escucha: también reparo 
-le gritó más recio-, 
en que eres un pajarraco
 de muy mal agüero.
¡Quita allá, que me das asco, 
grandísimo puerco! 
Sí, que tienes por regalo 
comer cuerpos muertos».
«Todo eso no viene al caso 
-le responde el cuervo-, 
porque aquí sólo tratamos 
de ver qué tal vuelo».
Cuando en las obras del sabio
 no encuentra defectos, 
contra la persona cargos 
suele hacer el necio.