miércoles, 29 de julio de 2015

Entre la Seoaración y la Integración 36


Entre la Separación y la Integración 36
El Poder Sano  2
Es un tema libre de recetas. Hay que examinar   el concepto  en un mismo movimiento de  revisión de uno mismo, en procesos llevados a cabo con autonomía, lejos de prejuicios, dialogando, reflexionando. Así  se tiene la oportunidad de  pasar por encima   de los sesgos y las necesidades de  mantener imágenes y se dan las condiciones para contextualizar  y para  profundizar  el ángulo de miras sobre la política, el ámbito colectivo de ejercicio del poder, en su conjunto.
¿Qué es el poder, cuáles son sus dimensiones? Al contestar se ponen en acción ciertos “poderes”…atención, memoria, asociación, seguridad, interés  en estas conversaciones … Todos  tenemos poder,  de un grado u otro, de preguntar, de responder, de discriminar, de voluntad…la lista  no tiene término.
Proponemos una  diferenciación simple de cinco dimensiones del poder. Ellas son el poder de ser, el de la conciencia, el de la identidad, el de la fuerza o energía, el de la dirección  del poder.
A).    El poder de ser apunta a nuestra condición básica  de “existentes “,  entes . Es el más olvidado o negado en estos tiempos del “pragmatismo encéfalo craneano”. Nos sitúa, al reconocerle, en la tensión  esencial, ex-istimos, estamos fuera, tenemos nuestra individualidad, pero  pertenecemos  al todo, participamos.
B).    Contamos con el poder de darnos cuenta, la “con- .ciencia”. Poder con su  lucha, su contradicción, el doble enfrentamiento con la incertidumbre epistemológica y con las opacidades del inconsciente.
C).     El poder de ser y el de la conciencia se continúan con nuestro poder  más personal, la identidad, el centro, el yo.
D).    El poder energía  comprende un vasto, diverso, espectro de contenidos .Hablamos de potencia sexual y de poder económico, fuerza física y capacidad de convocatoria, poder militar  y resonancia carismática…Es el poder tangible, el único aparentemente  existente en el sentido común.
E).     Las expresiones del poder  poseen  distintas direcciones; la guerra, la acumulación, las relaciones humanas, el desarrollo personal, el conocimiento, el enriquecimiento, el trabajo, el control de una posición  gubernamental, la expansión territorial, la educación, la obra artística, el éxito deportivo. Toda la gama posible de las metas humanas. Es la dimensión del poder más cercana a la salud, la susceptible de ser llevada a términos valóricos
Para encarar la salud del poder tomamos la directriz de la salud integral . En ella, en apretado resumen, se considera el desarrollo del potencial de cada uno y de todos, en armonía entre sí y con la naturaleza, rescatando la “escala humana”, el papel del ser humano en el cosmos, la forma peculiar como se da  la identidad bivalente, “cuántica “ de  autonomía y participación  en la comunidad, la humanidad, la vida ,el planeta.
Podemos considerar, tentativamente, a grandes rasgos, como forma de animar un diálogo, las condiciones siguientes que pueden ayudar a identificar  a  un poder “sano”:
A).  La armonía entre la igualdad humana básica y el derecho a la diferenciación.
B).  La orientación hacia la sustentabilidad
C).   El equilibrio entre el poder de identificación acotado a lo más significativo y la apertura a lo universal
D).  La sinergia entre el  desarrollo  de las personas y la búsqueda de medios para facilitarlo
E).   La atención a las necesidades y derechos de todos
En relación al poder de dominación, hay tres  grandes formas de establecer el poder sobre otros, importantes para el estudio de la salud. Ellas son el poder impuesto a la fuerza,  el obtenido por “autoridad” y el propio de la seducción  que neutraliza la capacidad de discriminación
Entre la visión “supra humana “de negación de la inevitabilidad, de lo constitutivo del poder  y la adscripción  autoritaria  a  la legitimación del poder de dominación, podemos optar por  el referente de la salud integral, por la búsqueda de la salud del poder.



martes, 28 de julio de 2015

Entre la Separación y la Integración 35


Entre la Separación y la Integración 35

El poder  sano como arquetipo de la salud  1

Es claro que el poder de dominación  es un gran obstáculo para el desarrollo de la  salud como capacidad humana  de realización individual y colectiva, en armonía con la naturaleza, con sentido de misión ..

Todavía tienen sentido  las palabras de Voltaire: ”La  pasión de dominar es la más terrible  de todas las enfermedades del espíritu  humano.”

Algo de ello  advierte Cervantes   cuando comunica el decir d e Sancho, pronto a tomar sus responsabilidades en la  Ínsula: “Yo me imagino que es bueno mandar , aunque se a un hato de ganado.”

Sin embargo,  poder es capacidad, la necesidad de mandar  de controlar .  de  acumular, de dominar, de ser temido o envidiado son formas como se expresan  ciertas capacidades humanas, pero, también , existe  un poder de cuidar , de cooperar, de amistad, de amor, de  escuchar, de dialogar , de llevar a la  sinergia, de hacer liderazgos  integradores ,de hacer   crítica  constructiva, de  desarro-llar y educar  en dirección y práctica  de  un sentido común, de una mentalidad humanista ecológica…
Existe un poder sano



Nuestro bosque de espeso y yerto pragmatismo, acompañado-gran y comprensible  paradoja- por inútiles intentos de establecer  momentos  utópicos absolutos, sin trabajo, disciplinas y procesos de aprendizajes previos, nos aleja de la consideración de los árboles fundantes de nuestra condición humana. Uno de ellos es el poder,  ubicuo, hipócrita, denostado, tan parte nuestra como las células o la esperanza.
Nos proponemos sugerir algunos elementos de juicio para el estímulo a las conversaciones, reflexiones y actividades formativas en torno al poder humano, diferente al de la naturaleza, al de las máquinas, al de los documentos notariales.
Tomamos como  ángulo de miras a la salud . Nos preguntamos por la salud del poder. La intención  es  de contribuir a  las búsquedas de “terceras vías, entre el “pan pragmatismo” de la adscripción  acrítica al mundo, del  uso y de la adicción al poder, y el reino  etéreo o retórico  de la evasión  hacia una negación  utópica de la existencia y necesidad del poder.
Cuesta admitirlo,  pero hay un cierto sincretismo,  una sobre posición de contenidos entre poder y salud. Poder es capacidad, poder   realizar algo, con la imaginación, las manos, la voz,  el dinero, la influencia, la inspiración…Cuando hablamos de salud nos referimos a ciertas capacidades, poderes, postulados como  positivos, tendientes a la actualización  de algunas posibilidades  humanas: goce, comunicación,  trascendencia, identidad. Sí  nos referimos  a la capacidad vital, o a la de integrar, como rasgos de salud, allí está implícito el poder como la medida de sus alcances, lo que se “puede “ en vitalidad o en integración .
Hay un poder  de las diferentes dimensiones de la salud. A la inversa, se da, igualmente, la salud de las diferentes expresiones del poder. Es una indicación sobre la dirección de un determinado poder. A partir de una visión de salud integral, de considerar como válida la salud de todas las personas, del reconocimiento del valor de cada ser humano, el poder de dominación es propio de una “mala salud”.
Profundizar  en la concepción del poder es relevante para los trabajadores de la salud, la educación, el desarrollo social, los temas ambientales y la cultura. Lo es para todo un país que pretende abrir un ancho camino a la cultura .

Continuará



lunes, 27 de julio de 2015

Entre la Separeación y la Integración 34


Entre la Separación y la Integración    34

        El arquetipo de Apolo 2

El asumir la confrontación de paradigmas, el contar con la capacidad crítica y la creatividad requeridas para darle vida y sentido a la integralidad, requieren apertura y desarrollo de conciencia. Para ello, las conexiones entre el inconsciente individual y colectivo y los mitos de resonancia universal son facilitadores de  avances progresivos  hacia  nuevos niveles de comprensión. A este respecto, junto a las figuras de Panacea y de Higia, tiene un valor el alternar con el célebre y multifacético Apolo.

Panacea es una figura simbólica que contribuye a la introvisión, al “insight” sobre nuestra tendencia a la omnipotencia y la falta de conciencia de nuestros límites. Higia encarna la vocación y la exigencia existencial del hacerse cargo, del “cuidado”, del “pastoreo” de la vida.

 Apolo puede contribuir, como símbolo, a aprehender las dimensiones y conflictos a encarar con la noción de integralidad, como utopía de la medicina, de la salud, e, incluso, de la felicidad.

Hay una asociación muy antigua, entre el dios Apolo y una serie de atributos relacionados con la integralidad: sabiduría, equilibrio, brillo, amplitud, ponderación, belleza, aprendizaje... Apolo, el resplandeciente, dios del sol, árbitro del tiempo, plenitud de juventud, dios de la enfermedad y las pestes y de la curación, de la videncia y de la profecía, de la mediación entre los humanos y los dioses.

Apolo, un dios que se enamora, que tiene desengaños, que es capaz de ser cruelmente vengativo, que sufre al perder a sus hijos, que exige, implacable, que Orestes vengue a su padre y mate a su madre Clitemnestra. Apolo, dios múltiple, versátil, del equilibrio y la armonía. Dios que integra salud y enfermedad, vida y utopía.

Pitágoras, tal vez el primer religioso pensador que hablara de “filo-sofía”, amistad hacia la sabiduría, fue considerado por algunos como una encarnación de Apolo. Schelling y Niestzche destacaron el contraste entre las grandes constelaciones culturales, apolíneas y dionisiacas, las del equilibrio y las del frenesí vital.  Cuando Cazaneuve habla de tipologías de concepciones de la felicidad, también alude a una visión apolínea y a una orientación dionisiaca, que podrían equivaler a los principios de realidad y de placer de Freud, en sus alcances más radicales.

Hay dos elementos del mito de Apolo que son importantes de destacar, en el propósito de sacar el tema de la integralidad de la mecánica del slogan y lo trivial y llevarlo a sus implicaciones epistemológicas y de asociación con el cambio de conciencia. El primero es el rescate de la ética integral como terreno de experiencias biográficas. Apolo estuvo muy lejos de nacer Apolíneo. En segundo término, la relación de equilibrio, de desapego, de lo clásico, con la pasión, la vida, lo romántico.  A Apolo, además de haber sido “dios de las pasiones”, ya en pleno período profético, de intermediario con Júpiter,  el que  se entendiera y  complementaba con Dionisio, no lo descalificaba.

Apolo tuvo un duro aprendizaje biográfico, una serie de experiencias que lo llevaron a madurar hacia lo “Apolíneo”. El mito ayuda a comprender que se requieren procesos formativos profundos para trabajar en los marcos referenciales de la salud y la medicina integral.
La vida de Apolo está marcada por pasiones y conflictos, desde antes de nacer. Hijo de Júpiter y de Latona, la personificación de la noche, vio amenazada su supervivencia por los celos embravecidos de Hera, esposa posesiva del dios supremo, quien dio instrucciones intimidatorias para que en ningún sitio de la tierra se aceptara dar lugar al parto de este fruto de la infidelidad divina. Sólo la pequeña Delos, un peñón flotante, se apiadó de la gran angustia de Latona. Poseidón, dios del mar, le proporcionó una columna para que anclara y sirviera de digna cuna a tan importante personaje. Iris, la mensajera de los dioses, la del “arco iris” entre cielo y tierra, fue la encargada de ir al Olimpo en busca de Eleitis, diosa de los nacimientos, mañosamente retenida por Hera.

Al nacer, Apolo rompe el cordón de oro que rodea sus reales pañales y reclama de inmediato el arco y la lira, junto con expresar con absoluta asertividad su propósito de ser el intérprete de la voluntad de Júpiter, su padre. Vemos, de inmediato, el concierto de las armas y la música, el desparpajo genial y precoz de hacer lo suyo, pero, al mismo tiempo, la forma, el orden, la conciencia de límites frente a una racionalidad ,a un ser superior.

La lección de fondo es que todos esos equilibrios son difíciles, incluso para un gran dios, por lo que es explicable que Apolo pasara por muchas frustraciones y por la autoría de severos errores.

Tal vez el episodio más pertinente para ejemplificar como Apolo se hizo “integral” viviendo experiencias remecedoras, fue su año de castigo con trabajos en la tierra. Hay una visión que atribuye la falta a que Apolo mató a la fatídica serpiente Pitón en las inmediaciones sacras del templo de Delfos. Lo más aceptado es, sin embargo, el relato que lo asocia con la muerte de Esculapio, el padre de la medicina e hijo de Apolo, que incurrió en la transgresión de resucitar a uno ¾o varios¾ muertos. Júpiter lo fulminó con un rayo y Apolo, desconsolado, impulsivo, se vengó matando, a su vez, a tres cíclopes, familiares del primero de los dioses, los que le regalatonel rayo  con  que  Júpiter fulminó a su hijo. El  dios  jefe ,entonces, lo condena a servir, durante un año, de cuidador de los rebaños de un mortal, el rey Admeto. Apolo aceptó con humildad la tarea y la relegación fuera del Olimpo. Creativo y responsable, empleó la lira para domesticar los animales,. Fue, al parecer, un hito decisivo en su transformación “personal”, en el tránsito hasta llegar a ser ponderado, equilibrado, apolíneo, integral. Del exilio fuera del Olimpo  vino la transformación hacia el poder  “relegar” a un segundo plano lo pasional, lo impulsivo.
Un aprendizaje de la integralidad no a base de consignas, sino en función de una evolución de la conciencia relacionada con vivencias profundas.

En lo biográfico está implícito el segundo contenido importante del mito, para los efectos de la discusión sobre la integralidad, lo apolíneo puede encauzar lo dionisiaco, pero no lo excluye. En el templo de Delfos, el más importante de los muchos lugares de culto a Apolo, también se celebraba a Dionisio.
Los dos dioses no eran antagónicos, eran complementarios. Apolo, el sabio, era joven y vital. Tenía el don de la profecía, pero también manejaba el arco y la lira. Nietzche destaca en “El Origen de la Tragedia” que ésta nació del confluir de la vitalidad, de la verdad dionisíaca, y se integra con las representaciones mediatizadas, de la pintura y la escultura, apolíneas.

Otra manera de decirlo es que la integralidad se nutre de la reflexión, del orden secuencial, del hemisferio cerebral izquierdo, y, también, exige atención a los nacimientos, los exilios, las muertes, la vida y su repercusión en los afectos, el hemisferio cerebral derecho. O, también el mito puede traducirse en que se requiere acercar las experiencias vividas de quienes trabajan en proyectos de medicina integral, con sacrificios, abnegación y compromiso, con los que buscan y encuentran caminos de desarrollo psicológico y ampliación de las perspectivas paradigmáticas.

Higia, la higiene, el proyecto de construir la vida de cada uno y de todos en forma saludable, al imbricarse con la Atención Primaria como estrategia de cambio, tiene que involucrarse con transformaciones culturales en que la noción de integralidad está en primer plano. Se trata de abandonar el individualismo desarrollando la capacidad de individualización, de respetar la razón y asegurar su primacía frente al mecanicismo y los esquemas, en consonancia con la apertura a los afectos, a la imaginación,  a los valores, al espíritu.

 Apolo, dios principal de la salud, es un arquetipo inspirador, en la medida que es un mito que contribuye a sacar a la salud y a la medicina integral de la retórica y de la instrumentalización comercial. Apolo, en diálogo con las Panaceas las  Higias, los Júpiter y los Dionisios. Apolo como inspirador de un cambio cultural y de una formación que ve a la integralidad como puente entre la salud y la medicina, entre la ética y la ampliación de la conciencia, entre el paradigma básico vigente y el nuevo paradigma holístico. El integrador.




domingo, 26 de julio de 2015

Entre la Separación y la Integración 33


 Entre la Separación y la Integración 33

Apolo,  arquetipo del equilibrio 1

Vimos como Atenea era un arquetipo de una condición  que suele confundirse  con la sabiduría, la capacidad  de aplicar conocimientos ,imaginación  y experiencia para  llevar a cabo determinados  propósitos,: la inteligencia estratégica, distinta de la sabiduría.
Pasamos a conversar de Apolo, el dios del equilibrio,  al que Nietzche considerado  símbolo de  un polo  en  la vida personal-cultural, lo apolíneo,  lo equilibrado, en contraste  con lo dionisíaco, lo exaltado.

               Introducción
EL problema de la integración, de lo apolíneo, en medicina, en salud , en los paradigmas  culturales básicos.

La integralidad es una idea fuerza muy compleja y, a la vez, el objeto de una retórica vacía. Corresponde a la necesidad profunda de establecer nexos y de alcanzar completud y es, también, expresión de manipulaciones espúreas de publicidad para el consumo. Apunta al desarrollo de la conciencia ética, pero es, con frecuencia, mediatizada para los usos más triviales.

En nuestro país, en el ámbito de la medicina y de la salud, coexisten, como en todas partes, las búsquedas coherentes y las prácticas demostrativas comprometidas con las actitudes escépticas, los afanes mercantilistas y los reduccionismos burocráticos.
 Es útil recordar algunos de los múltiples aportes al desarrollo de la medicina integral en Chile que van desde la concepción del Servicio Nacional de Salud y las entidades que le antecedieron, las carreras universitarias de la salud, las antiguas Unidades Sanitarias, hasta experiencias más cualitativas como la de Purranque, la del Centro de Demostración de Quinta Normal, Medicina Psicosomática del Hospital Salvador, Medicina Comunitaria, el Centro de Antropología Médico Social, el Caimi, Cespo, la Vicaría, Quillahue, Cis, Cisme, Fasic, La Caleta, Gradas, Tideh, Soinde, Ciaspo, Colectivo de Atención Primaria, Paesmi, Cintras, el conjunto de los Cosam… para mostrar una lista larga , de todos modos muy incompleta ,de aportes multifacéticos a un marco referencial que todavía exige mucho camino de  elaboración.

En esas instancias de acción y reflexión, tal como en la vida diaria ciudadana, en general, no ha sido fácil distinguir puentes y fronteras, matices diferenciales y sobreposiciones de la salud integral y de la medicina integral. Sin embargo, haciendo una síntesis, forzosamente arbitraria, emerge entre los rasgos destacados de la concepción- valor¾ aspiración a la medicina integral ,el asumir una relación de todo a parte, la medicina entendida como “partícipe”, como contribuyente, un factor que interviene en la actualización de la salud. Hay un cierto paralelismo o analogía con los deslindes entre salud y enfermedad en que, aunando, también, la apreciación de la continuidad y de lo específico, puede decirse que la enfermedad “participa” de la salud, es un aspecto de ella.

La búsqueda de marcos de referencia y de caminos operativos en lo que respecta a Medicina integral ha contado con responsables, asistenciales, docentes y de investigación, que se desempeñaban ¾o lo hacen actualmente¾ con parámetros disciplinarios, antropológicos y epistemológicos bien delimitados y asumidos.

En contraste, la noción más abarcativa e inasible de salud integral transciende las demarcaciones habituales en lo disciplinario y lo administrativo. Es objeto de interés de las llamadas medicinas “no ortodoxas”, concurren a su utilización conceptual movimientos sociales, críticas culturales y partícipes en nuevos referentes epistemológicos. El término salud integral se aplica, fuera del ámbito de la medicina y los individuos, a la consideración de la dinámica social, de las ideas, de la cultura, del perfil del desarrollo humano. Sin dejar de ser parte del quehacer y el lenguaje de las profesiones de la salud, los términos son aprehendidos por políticos y simples ciudadanos, educadores, cientistas sociales y buscadores espirituales.

Para hacer real la estrategia de atención primaria, para contribuir a revertir las tendencias individualistas deshumanizadores en atención médica, para apuntar a un desarrollo social saludable, es importante buscar formas de ahondar en las concepciones de salud y medicina integral y en las relaciones entre ellas.

 En este proceso entramos a perturbar creencias muy establecidas, a sacudir modorras, al riesgo de provocar miedos al cambio y a la perdida de lo conocido. Es el terreno ineludible de la dinámica, de la confrontación
de paradigmas culturales básicos. Es la discusión acerca de concepción de realidad, de conocimiento, de ser humano. Es mirar más allá de la modernidad.

Se llama paradigma al modelo, al marco consensual de ciencias y prácticas de una comunidad científica. Por extensión, se plantea una noción más amplia, la del paradigma cultural básico, que se refiere tanto al como conocer como a los grandes contenidos de la visión de mundo y de evolución humana posible y deseable.

 Hoy vivimos, dentro de una crisis de civilización, la coexistencia y el enfrentamiento de paradigma básicos. La valoración y la conceptualización de la integralidad son parte substantiva de esta crisis y confrontación de tendencias.

La noción de integralidad puede ser instrumentalizada en un simple sentido retórico, como un elemento de legitimación, de autovalidación, de promoción de intereses o de mero relleno. Proliferan los negocios denominados “medicina integral”, en que es difícil encontrar algo substantivo, de profundización ética o de búsqueda o hallazgo de puentes entre lo físico, psíquico, ecológico y espiritual o cualquier otro de los planos integradores en salud. Lo mismo puede decirse de cierto uso ritual de las palabras “integral” o “integrado”, referidos a salud y/o medicina, en los programas públicos o del sector solidario, en que no hay reconocimiento de la complejidad de las dificultades que involucra una propuesta “integradora”.

El aviso mercantil, seductor o estridente, señalando los presuntos méritos de una clínica de “atención integral”, o el discurso funcionario que reitera un énfasis en el término sin profundizar en sus alcances, representan una misma tendencia evasiva, enajenante, ajena al conflicto de fondo entre el reduccionismo analítico de la modernidad y el emerger de lo holístico, a la tensión entre paradigmas básicos. Fuera de la sintonía con la colisión entre la visión del mundo cartesiana, de lo claro y lo distinto, lo objetivo netamente separado de los subjetivo, y la apertura real, no de pura fórmula, a un universo de relaciones, a la integración.

Se hace necesario profundizar en las implicaciones paradigmáticas de la integración, de consuno con un rigor y alerta ante las confusiones que produce la retórica comercial o burocrática.

El arquetipo de Apolo se hacd presente.

Continuará.





viernes, 24 de julio de 2015

Entre a Separación y la Integración 31


Entre la Separación y la Integración 31
Los arquetipos de la salud , autónomos  e integrados.
Hemos  conversado sobre  Quirón, dios de la empatía, de la dedicación y la formación  y de Higia, la  diosa  de bajo perfil, antes y ahora, porque representa la hjgiene, la promoción, la prevención, el buen vivir, marginales  ante el espejismo del momento fugaz,   de las cosas.  Ahora , Panacea, el horizonte   utópico, la búsqueda de lo ideal, de la perfección,  de lo medicinal  definitivo y para todos.

PANACEA,

Se entiende generalmente por panacea la fantasía de un remedio universal, un medicamento capaz de enfrentar cualquier tipo de enfermedades. En un sentido más amplio, es un término que se emplea para indicar, por extensión, que algo —o alguien— está en condiciones de solucionar en forma absoluta y, en todas las circunstancias, cierto tipo de problemas.

Así, por ejemplo, en algún momento se habló de la cortisona como una droga “milagrosa”, una panacea infalible para una serie de males. En la acepción más amplia, la aplicación se da, entre un sin fin de oportunidades, cuando, en el campo laboral, se apunta a la integración, el control adecuado, las relaciones humanas o la recreación conjunta, como resortes infalibles, panaceas frente a cualquier dificultad, por grande que sea.

Panacea es el nombre de una diosa griega. Se la ubica de Esculapio, como parte del conjunto de deidades de la salud. Figura en el juramento Hipocrático “…Juro por Apolo, médico, por Esculapio, por Higia y Panacea, por todas las diosas…”. Sabido es que en la mitología griega se le atribuían poderes en relación a la salud a todos los dioses, empezando por Zeus, el supremo.

Atenea la sabia, tenía naturalmente, muchas relaciones con el ámbito de la salud y hasta, explícitamente, se la identificó con Higia. Sin embargo, el mismo juramento  diferencia algunas figuras y existe un juego de funciones, de “territorios” en los que se dan los “responsables” (los trabajadores de la salud en el mundo de los dioses), que son encabezados por Apolo, el sol, la afirmación del equilibrio, el célebre centauro Quirón, su discípulo Esculapio, la figura, fundante, mítica, de la profesión médica, Higia, antecesora de la “Salus” romana, Telésforo, el dios de la convalecencia, Eleitia, protectora de los nacimientos, Macaón y Polidario, hijos de Esculapio, presuntos fundadores de la cirugía y la medicina interna, respectivamente, y Panacea, la diosa que complementa a Higia, la del tratamiento, la curación por yerbas medicinales.

Panacea fue una diosa menor en un contexto en que todos los grandes dioses participaban de dotes y atributos concernientes a la salud y, en que Apolo y Esculapio eran los actores más relevantes en el dominio más específico de la salud – enfermedad. Sin embargo, paradojalmente, su simbología perdura y pareciera representar lo que se espera de los poderes últimos.

En la Edad Media, la diosa griega fue asimilada a las búsquedas de los alquimistas, a las investigaciones en pos de los secretos de la piedra filosofal y la eterna juventud. Hubo varias plantas que fueron consideradas, en distintos momentos, como “panaceas” para todos los males, medicinas universales.

En nuestro propio siglo se dio un hibridaje entre este símbolo de remedio poderoso y el mundo de los visionarios y profetas, a través de una secta inglesa llamada Panacea, identificada con el legado de una mística, Jane Southcoat, que fue buscado después de su muerte como gran “panacea” para los males contemporáneos.

Panacea, es, más allá de los datos históricos, como todo contenido mitológico, una expresión de lo que es la conciencia y las necesidades humanas. Panacea es un contenido vivencial que emerge en la dinámica de las personas y las sociedades, la representación del gran recurso mágico, el satisfactor que no puede fallar, la fantasía que nuestras fantasías no tengan límite en su actualización.

Psicológicamente, las panaceas surgen de nuestra incapacidad de aceptar de que existan necesidades que no podemos satisfacer, de nuestro deseo de contar con formulas simples para salir airosos de todos los problemas. Nunca abandonaremos del todo la esperanza de que no existan enfermedades incurables, de que el pasado pueda ser “sobre pasado”, que el tiempo y la muerte cambien su naturaleza opresiva. Queremos en lo más inmediato, caminos simples, garantizados, para que cristalicen las relaciones en la forma que orientamos nuestras expectativas, para tener seguridad total de obtener esto o aquello en todos los ámbitos.

Nuestra época, con las facilidades que brinda el desarrollo tecnológico, ha llevado a una extensión del “complejo de Panacea”, a ilusionarse con medios capaces de solucionarlo todo, a perder capacidad de aceptar límites y reconocer la necesidad de asumir complejidades y diferencias. Cada vez cuesta más asumir que no hay un camino único para dar estabilidad a las parejas, una sola fórmula para asimilar toda clase de estudios, remedios universales para la deshonestidad, el tedio, la capacidad de meditar o tener plenitud sexual. Todo parecería depender de encontrar un botón, una fórmula química, un gurú, una cierta cantidad de dinero y “todo asegurado”, sin frustraciones ni fracasos.

Al situarnos en el área de las discusiones sobre política de salud, Panacea está muy presenta, siempre dispuesta a ocupar un primer plano. Hay, evidentemente, una crisis en salud en Chile y en todas partes. Existe un gran descontento por la calidad de la atención médica, ello a pesar de que han aumentado significativamente las inversiones en el sector público, a múltiples iniciativas para mejorar la gestión, al peso político que se le dio al área de salud, a la mantención del espíritu de servicio, con precarias condiciones económicas, de la mayor parte de los funcionarios. No obstante todo ello, hay malestar, no existe una buena imagen pública.
 En eses terreno, se dan las condiciones para que se active el “complejo” y surgan panaceas compartidas, fórmulas simples, de supuesta eficacia en todo lugar, en procesos de “mejorar” la salud. Una de ellas, tal vez la más socorrida, es la panacea de la privatización, tal como ocurre frente al os problemas de Codelco, se proyecta la gran fantasía de confiar las empresas de salud del sector público a intereses particulares. Se supone que “todo cambiará” si el Estado cede el máximo de espacios posibles a la empresa privada en el área de la salud.

Como siempre, Panacea seduce desde la inclinación a uniformar, a repetir, sin repara en diferencias, en contextos, en sentidos últimos. Es aparentemente sencillo, si la fruta expande sus exportaciones, durante un período, en base a la creatividad empresarial, por que no emplear esa misma lógica en salud, aunque las relaciones con la comunidad, en el trabajo de equipo, en la vinculación profesional – paciente, no sean similares a las que se dan entre los kivis, los abonos y la publicidad.

La frialdad economicista con que las Isapres han encarado la atención a la tercera edad, la salud mental y, muchas veces, la propia dignidad de los médicos ha quitado crédito a esta panacea, la ha desinflado.

Muchas parecen abrir los ojos a la importancia de mantener un sector social en la salud que contribuya a recuperar una ética de solidaridad y servicio.

El espíritu de Panacea, la exigencia de soluciones absolutas, totalizantes, no se queda tranquila, si no es la privatización, hay que incorporar la médula del ámbito empresarial, la gestión ¿Quién podría discutirlo?. La gestión es parte importante de toda acción de salud. Si, es parte de ella, e importante. Ocurre que, euforia totalizante mediante, todo se vuelve gestión, operaciones de gestión, racionalidad de la gestión. Así, desde la economía, a partir de la administración o, incluso, la computación, se empieza a querer orientar todo el quehacer y el sentido del trabajo en salud.

Panacea se viste de eficiencia, de costo beneficio, para invitar a comunicarse en profundidad con el fin de contar con buenos “productos”, a adentrarse en el “espíritu” para asegura un mejor uso de los recuso económicos. Se confunden los planos, se pierde la especificidad de los valores, el terreno del desarrollo humano.

Ahora que la moda dicta la hegemonía cultural de la gestión, cabría preguntarse como gestionar una relación adecuada entre el conjunto de los dioses y aquellos que están más identificados con el campo de la salud, entre la sabiduría de Atenea, el amor a la vida de Apolo, los aportes al como vivir de Higia y la imperiosa exigencia de Panacea de instrumentos omniscientes, infalibles.

De las enseñanzas de Atenea y Apolo podría venir un asumir tanto las potencialidades como los límites humanos, el enfoque antropológico que da un cierto lugar, que respeta la técnica, a sabiendas que no agotan la complejidad, el desafío de lo que es el ser humano.

En este camino, Higia toma de la mano a su hermana, la temperamental, la exaltada, la seductora Panacea, señalándole la necesidad de discriminar del desarrollo personal, de la higiene profunda que puede permitir mira con perspectiva histórica las modas contingentes, contribuyendo a encauzar la energía de Panacea, más allá de la obsesión por el remedio único para todos los males, hacia el analizar la experiencia de períodos anteriores, hacia entender las dimensiones espirituales, éticas y psicosociales de los problemas de la salud, respetando su diversidad, la diferencia de planos, haciendo que Panacea integre a la salud y a la cultura, una visión ecológica, saludable de poder.

Referencias

Caneti, Elias          “Masa y Poder”. Muchnik Editores, Barcelona 1981.

Ferguson, Marilyn  
                                “The aquarian conspiracy”. Library Of Congredd, Washington 1980.

Foucault, Michel   “Micro Física del Poder”, La Piqueta, Madrid 1980.

Guattari, Felix       “Revolución Molecular y Lucha de Clases”, Apuntes sin fecha.

Hamburger, Jean  “El Poder y la Fragilidad”, Emece, Buenos Aires 1975.

Mandrioni, Héctor    “Sobre el Amor y el Poder”, Ed. Docencia, Buenos Aires 1986.

Monclus, Antonio “El problema del Poder: ámbito y disolución”, Apuntes sin fecha.

Ladriere, Jean y Ricoeur, Paul
                                “El Poder”, Ed. del Pacífico, Santiago 1975.

Legrand, Michel   “Rapports de Pouvoir, Famille et Technologies Psychologiques, Cabay “ Lovaina La Nueva Belgica sin fecha.

Schernerhom, Richard
                                “El Poder y la Sociedad”, Paidos, Buenos Aires 1963.


jueves, 23 de julio de 2015

Entre la Separación y la Integración 30


       Entre la Separación y la Integración  30

   Los arquetipos de la salud  autónomos e inseparables , como los seres  humanos…

 Higia,

Es hora de tener presente a Higia, la diosa de la salud, distinguiéndola y asumiendo, al mismo tiempo, su cercanía con Esculapio, el dios de la medicina. Salud y medicina son complementario, pero a menudo se les confunde y Esculapio, hijo, amante o padre de Higia, de acuerdo al tenor de las múltiples leyendas, pasa a ser el único visible, conocido o reconocido. La salud es más amplia que la medicina, discutimos los alcances del concepto, pero tenemos consenso en que no se identifica con la medicina, la medicina es uno de los factores que contribuyen a la salud. Higia no puede estar supeditada a Esculapio, o es su igual o es su guía conductor.

Es hora de tener presente a Higia, aunque ya no se la adora en el templo romano de Minerva Médica, no se le rinde culto en el altar que el escultor Pirro hiciera en honor de Atenea Higia, alrededor del 428 antes de Cristo en agradecimiento por haberles librado de una peste, se han hecho vagos e inciertos los orígenes de lo que empezó, como reverencia a esta diosa, en Sicione y luego se expresó en estatuas en Atenas, Argos, Gortina, Corinto y Aropa.

Higia, Higea, Higeia… se podría seguir con muchas variantes del nombre y sobre todo, explicitar su nexo con la higiene, la ciencia, el conjunto de disciplinas que contribuyen al buen vivir. Para la Grecia clásica salud era un estado de equilibrio que dependerá del buen cuidado de la mente y del cuerpo, de la dieta, del reposo, del sueño, de la gimnasia, el estudio y la música.

Higia, diosa de la salud, matriz de la higiene, simboliza la unión de la salud, del estar bien, de la cotidianidad plena, de la actualización de las capacidades físicas, psíquicas, ecológicas y espirituales, con la higiene la intervención en la vida, las normas, prácticas, valores y conocimientos que contribuyen a ese estar bien.

Higia representa, por tanto, un puente entre la promoción, la prevención y las actividades integradoras de la atención médica con la vida sana, en general, y la participación comunitaria en el desarrollo local y en la gestión de los proyectos cotidianos. Puede ser un símbolo tanto para la estrategia de atención primaria, como para las ideas fuerza de medicina integral y de salud integral.

Se representa a Higia como una joven, bella, con una copa en la mano, vestida con una túnica, portando una corona. Mujer joven, Higia es expresión de una visión abierta de la sociedad y de las tareas de salud, convencida de que la juventud es la edad de los ideales y de la fuerza vital, no sólo espacio de violencia y adicciones, atenta a los aportes de las mujeres mayoritarios en el trabajo en los consultorios y en la comunidad, en la construcción de una sociedad sensible, solidaria, a la vez autónoma y participativa. Acompañemos a Higia a la salud, a la higiene, a tener su espacio, el lugar que le corresponde en la sociedad, en la política, en la cotidianidad, a avanzar a una relación de iguales, de colaboración, con Esculapio con la medicina.