sábado, 13 de abril de 2013

Conversando desde la Amistad (149)


Conversando desde la Amistad(149)
Conversando  desde y sobre la juventud
Encuentro en Las Coincidencias, Isla Negra

Texto de Tomás Weinstein
 Segunda parte
Lenguaje, comunicación y construcción de puentes

Durante el transcurso del encuentro van surgiendo distintas interrogantes sobre el uso de las palabras, sobre los efectos que estas pueden tener sobre el mundo y sobre las distintas personas y grupos que componen la sociedad.
Se hace difícil incluso utilizar la palabra joven o viejo, puesto que estas están cargadas simbólicamente, de múltiples significados instalados en imaginarios colectivos. De esta forma, el grupo observa que la forma en que usamos el lenguaje clasifica a determinados grupos, provoca realidades fragmentadas y separadas, que dificultan las posibilidades de crear puentes entre distintos grupos y personas de la sociedad.
De esta forma, al definir a distintos grupos como niños, adolescentes, jóvenes, jóvenes adultos, adultos, adultos mayores, encerrarían en cierta forma a estos sujetos concretos en categorías o casillas que no necesariamente estos sujetos elegirían para ellos. Clasificaciones que utiliza el estado y cada vez más la empresa privada para asegurar el “gobierno de las conductas”.
Esto nos invita nuevamente a una reflexión profunda sobre el lenguaje, que tiene como elemento constitutivo que es siempre una abstracción que reduce complejidad, y que nunca puede dar cuenta en su totalidad de la realidad en sí misma, o de la multiplicidad de vivencias y experiencias de los sujetos concretos. Siempre hay una distancia infranqueable entre el concepto y la realidad, tensión que hay que mantener para poder volver sobre el mismo lenguaje, reflexionar sobre sus propias limitantes y romper con las clasificación que reducen en demasía la experiencia de los sujetos. Sólo desde ahí es posible el encuentro con el “otro”, con lo diverso, y ahí reside la posibilidad de construir marcos comunes que nos integren en un sentido nuevo.

En la reunión se planteó que las juventudes estaban sometidas a estigmas, a una cosificación del lenguaje, que las ponía, -desde el “mundo adulto”- como riesgosa, como responsable de un sentimiento de inseguridad más generalizado de la sociedad. Serían sobretodo algunos jóvenes quienes estarían más afectados por esta lógica; los jóvenes populares, de etnias distintas y las mujeres jóvenes. Se planteó el perverso rol que tenían los Medios de Comunicación de Masas en esta dinámica, al configurar y generalizar ciertos estigmas y al ocultar sistemáticamente las fuerzas vitales y creativas de las juventudes. Representaciones que encasillan a los sujetos y que se reproducen también en el espacio local, en los barrios, en las escuelas y en los mismos hogares.
Sin embargo, también se observó la necesidad de no reducir todo el problema a la influencia de los medios de comunicación o por ejemplo a la droga (como si en sí misma produjera todos los males de la sociedad) sino que a ampliar nuestra mirada hacia las múltiples inter-relaciones de la totalidad social que configuran la emergencia fenoménica de ciertas problemáticas. Una invitación a “romper” con la naturalización del mundo social que deshistoriza las instituciones y prácticas sociales. 

El problema de base estaría más bien en la dificultad de integrar la diferencia, o la “otredad”. Una de las participantes plantea: “desde el mito de Cronos podemos ver a este padre que se come a sus hijos por el miedo a ser superado o asesinado por estos”. En el origen de la vida en sociedad estaría este miedo constitutivo, en un principio a la naturaleza y luego frente a todos los “otros” que pueden cuestionar nuestra identidad. Esto provocaría un incesante despliegue de un paradigma inmunitario, o de una pulsión de autoconservación, con su límite negativo en la paranoia y en la destrucción frente a todo lo desconocido que no puedo controlar.
Desde ahí se plantea la necesidad de un diálogo, horizontal, sin miedo, partiendo de la base de que todos tenemos miedo. Esto sólo puede emerger cuando estamos conscientes que el Ser es un devenir histórico que en su origen está gobernado por el misterio, por algo que no podemos capturar desde la razón, pero que a su vez le da un sentido a la vida, un sentido trascendente. Esto nos lleva a la necesidad de pensar en una racionalidad sustantiva, que permita discutir sobre los fines que estimamos razonables de ser defendidos en sociedad, que ponga un freno a una racionalidad instrumental que disuelve todos los valores en nombre de la competencia y la eficiencia.
La pregunta clave que surge ahí es como debemos construir estos puentes de diálogos pacíficos entre los distintos grupos de jóvenes (culturas juveniles, tribus urbanas, clases sociales, etnia, género, etc.) y entre estos y la diversidad de adultos y adultos mayores.
El lenguaje, el diálogo, la palabra, pueden ser parte de un desarrollo reflexivo de los sujetos y sus grupos, que permita evitar la violencia, y construir relaciones realmente más humanizadas.

En un momento del encuentro, el grupo de menor edad planteó a los mayores si estos podrían dar algunos consejos al mirar retrospectivamente sobre su vida, para orientar y apoyar el desarrollo de los menores. Esta idea invocada anteriormente a propósito de la cultura oriental, el aciano como un maestro, como un puente y un guía para las generaciones más jóvenes. Los mayores volvieron sobre esta idea de cultivar el ser desde la etapa más temprana posible, la no postergación del propio desarrollo pero con un sentido solidario, integrado con el mundo y los otros.
Sin embargo, en algunos momentos los mayores de alguna forma expresan que por los años de vida que tienen y por todas las experiencias que han pasado, ellos estarían mejor posicionados para hacer una síntesis, y entregar recomendaciones a las generaciones venideras.
Esto fue rápidamente cuestionado por el grupo de menor edad: “muchas veces, cuando usan el argumento o el discurso de la “experiencia acumulada”, invalidan nuestros propios saberes y ven con menor valor lo que nosotros hacemos o pensamos”. Puede que ahí se observe con mayor profundidad el núcleo de la matriz adultocéntrica, que asume acríticamente que son los adultos, adultos mayores quienes tienen la verdad última sobre el mundo pues tienen “más experiencia”. Surgen de inmediato otras voces juveniles: “Ese discurso es el que no queremos, por ejemplo a caso un joven que nace al final de la dictadura, ¿no tiene derecho a opinar sobre la unidad popular porque no la vivó?”.
Se da una discusión interesante y poco a poco va emergiendo algo distinto; la experiencia acumulada de la vejez como orientación para los más jóvenes y también la valoración de las experiencias únicas que viven los jóvenes. Es decir; darle legitimidad a las distintas visiones posibilitando así un cambio cultural.

En una de las intervenciones, uno de los participantes del grupo de menor edad contó sobre su experiencia profesional en el trabajo comunitario, en el cual observaba que en muchos casos los “viejos” reproducían una serie de estigmas sobre la juventud, enunciando que los jóvenes eran los responsables de todos los problemas del barrio. Frente a esto, un miembro del grupo de mayor edad salió en defensa de su “grupo etáreo”: “yo voy a salir en defensa de los viejos, usted nos ha metido a todos en un mismo saco, puede que hayan algunos que actúen como usted dice pero no la mayoría, además no me gusta la palabra viejo, prefiero la palabra adulto-mayor”. Esta era la primera vez que había una verdadera tensión en la sala, algo había sucedido, el tema sobre el cual se estaba conversando se mostraba en toda su plenitud. No tardo en llegar el rol del traductor o del mediador, quien trató de aclarar lo que se había querido plantear: “tenemos consciencia que no son todos los adultos mayores los que actúan así, pero hay que reconocer que muchos tienen fuertes estigmas sobre los jóvenes, y que eso se vivencia a nivel local, en lo concreto y que no podemos desconocerlo”. Seguía una suerte de incomodidad en el grupo, las palabras no eran inofensivas, sino que provocaban efectos reales.
Ahí surge una pregunta: ¿Por qué le habría molestado el ser llamado viejo? Podemos interpretar que el concepto adulto-mayor es un eufemismo, que en parte busca ocultar la vejez ante sus propios ojos. Sin embargo, algo más había pasado, la vejez había quedado “encapsulada” como una unidad homogénea. Esto nos lleva a una reflexión importante; por un lado no serían los viejos los “culpables” de los estigmas sobre la juventud (aunque en muchos casos si los reproducirían con fuerza), sino que ellos también serían víctimas de una serie de estigmas sobre ellos, y de prácticas violentas asociados a estos estigmas. Se abre un espacio entonces para el múltiple reconocimiento de las múltiples vejeces, y como estas se articularían con las múltiples adultecez, juventudes y niñecez.
Es cierto que hubo una tensión en el encuentro, pero esto también nos hizo poner los pies sobre la tierra: el conflicto era real.


Reflexiones finales: rol de las juventudes en la actualidad

Durante el encuentro hubo un espacio muy importante para el trabajo en grupos más pequeños, seleccionados al azar. El objetivo era pensar sobre el rol de las juventudes en la actualidad así como en propuestas concretas para el cambio cultural.
A partir de esto, surge la temática de las expectativas que están puestas sobre las juventudes (en términos etarios) de la actualidad. Algunos participantes del grupo de menor edad expresan que estas expectativas pueden jugar un efecto negativo sobre los jóvenes, una presión por que sean ellos quienes realicen los cambios que las generaciones pasadas no lograron. En este sentido, hay una cierta delegación de poder que recae en ellos, lo que debiese ser problematizado, en el sentido de la necesaria articulación entre todos los miembros de la sociedad para propiciar un cambio cultural.

Por otra parte, al conversar con varios del grupo de menor edad, al consultarles sobre el trabajo que realizaron en los grupos pequeños de trabajo, comentaron que no había sido fácil conversar con algunos adultos mayores pues no seguían las indicaciones y sólo querían hablar sobre su propia historia. Esta temática también se pudo observar en los plenarios, donde la palabra no siempre se distribuye equilibradamente puesto que chocan los Egos y las ganas de aportar con lo propio de los distintos participantes (más allá de sus edades). No obstante en los grupos pequeños estos se vivencia de forma más aguda, y se observa una cierta dificultad o resistencia de algunos adultos mayores para hablar sobre el rol de la juventud en la actualidad. En mi grupo en particular, el adulto mayor plantea desde el inicio: “para mi es difícil hablar de esto porque yo siento que me robaron mi juventud; tuve que trabajar desde niño”. En términos generales observo la necesidad de algunos participantes de contar con estos espacios para ser escuchados, para contar sus experiencias pasadas, en muchos casos dolorosas. Es también uno de los objetivos de la conversación, que sus límites sean siempre lo más amplios posibles y que podamos hablar de la vida en toda su complejidad. La pregunta es como darle un espacio de reconocimiento a esas experiencias de pobreza en la juventud, vivencia de violencia, y otras más alegres, etc. Las experiencias de las distintas generaciones sobre la juventud son distintas, y estas se van superponiendo y permean las expectativas que hoy en día se tiene sobre el rol de las juventudes para el cambio social-cultural.

Finalmente aparecen propuestas como la generación de Universidades libres, y la construcción de puentes entre distintas juventudes, entre estas y los diversos mundos de la adultez, a partir de una reflexión profunda sobre nuestras prácticas, experiencias y sobre el lenguaje. Retomando las palabras de una de las participantes del encuentro: el arte, la música, como una posibilidad de encuentro entre lo nuevo y lo viejo, entre lo singular y lo universal, lo terrenal y lo trascendental, una comunicación profundamente humana.



Tomás Weinstein
11 de abril del 2013



viernes, 12 de abril de 2013

Conversando desde la Amistad(148)


Conversando desde la Amistad (148)
La juventud
Escribe Tomás Weinstein, sociólogo y  ajedrecista, sobre el encuentro en Las Coincidencias, Isla Negra, el  6 de Abril pasado, sobre  Juventud y Cambio Cultural.
Dividiremos el texto en dos partes

Primera parte
Encuentro: Conversando desde y sobre las juventudes


Las Coincidencias es el lugar de encuentro y sincronía entre al menos dos grupos, uno de “jóvenes” y otro de “adultos mayores”. Cada uno de estos grupos con una importante diversidad etárea interna, así como de intereses y vínculos históricos (amigos, parejas, desconocidos, miembros de un grupo de “trabajo”, etc.).
Las coincidencias permite el encuentro entre la unicidad de cada ser humano y la multiplicidad de puntos comunes y confluencias que se dan en la interacción humana.
En esta ocasión, el grupo se reúne en torno a pensar y reflexionar sobre la juventud y las juventudes, desde las vivencias más diversas así como sobre experiencias históricas comunes y particulares. Hay un horizonte temático que guía al trabajo grupal/colectivo, enmarcado en algo más amplio, en el encuentro, en la comunicación, en la paz y en el cambio cultural.

Confluyen expectativas muy diversas sobre lo que será este encuentro, que poco a poco va fluyendo con gran naturalidad, respeto e interés por el otro.

¿Qué es la juventud?

Pregunta de mucha profundidad, que nos lleva a pensar sobre algo que se da como dado, como fáctico, como un hecho en sí, o simplemente como un periodo etáreo marcado por cambios biológicos. Esta pregunta atraviesa toda la jornada, vuelve una y otra vez a aparecer, una pregunta que abre nuevas interrogantes y que nos invita a pensar tanto en lo terrenal como en lo trascendente, en lo singular que portamos cada uno como en lo común que compartimos.

El grupo etáreo más joven, abre la conversación planteando que es necesario abrir el concepto de la juventud entendido únicamente como un periodo etáreo asociado a cambios biológicos y determinadas convenciones internacionales o nacionales: “En nuestra experiencia hemos conocido muchachos que actúan y viven como viejos, totalmente rígidos, sin capacidad de soñar, y al mismo tiempo hemos conocido viejos que no cesan de reinventarse, que mantiene un “espíritu joven”, energético y creativo”.
Esta idea desde un principio abre varias preguntas: Si los cambios biológicos no son lo único que distingue a la juventud, entonces: ¿cómo se pueden articular estas distintas dimensiones –a saber-, los cambios biológico-corporales y los modos de “ser joven”?
Pregunta de mucha complejidad, pero que al menos nos invita a mantener esta dualidad, o esta articulación compleja entre estos y otros elementos (que de alguna forma se vinculan), la permanente dialéctica entre lo subjetivo y lo objetivo, donde ninguno de los polos (o múltiples polos) se agotan en sí mismos.

La juventud asociado a un periodo etáreo es un discurso que está presente en todos los participantes. Ahora bien, los mayores de edad son quienes más expresan sus vivencias en relación con los cambios corporales que han tenido al pasar de los años: “ahora uno tiene límites, se da cuenta que ya no puede hacer todo lo que quisiera hacer, uno se cansa”. Los mayores en un momento dado plantean que los menores no tienen la vivencia de la vejez, pues aún no han llegado a ese periodo de sus vidas. Vuelve la pregunta: ¿Es posible separar los cambios biológico-corporales de las percepciones asociadas a estos y a otros cambios que se van dando de forma paralela en el mundo? Pareciera que la respuesta es no, que son dos elementos indisociables aunque en muchos momentos aparezcan como separados.
No cambiaría sólo nuestro cuerpo sino que también nuestras representaciones de mundo, nuestro Ser como un constante devenir en el mundo, entre los seres humanos y con la Naturaleza. Desde esta perspectiva, la juventud se asociaría también con la capacidad de reinventarse múltiples veces, con el cuestionamiento permanente de lo dado, de lo fáctico, de lo que fija y anula el pensamiento como un devenir, como la capacidad de soñar, como la esperanza y la capacidad de asombro entro muchas otras cosas. Varios participantes asocian esta dimensión con la espiritualidad, con la necesidad de trascendencia, lo que se ha ido en cierta forma erosionando con el despliegue de una racionalidad instrumental que impregna el mundo de un carácter predominantemente utilitario y calculador. Sin embargo, aquí surge una interrogante: ¿Es la espiritualidad el monopolio de quienes son religiosos, sea cual sea su credo? A mi entender no, y sería importante abrir esta categoría puesto que es probable que las mismas religiones, -al monopolizar el ejercicio de la fe o de la espiritualidad-,  hayan contribuido en alguna medida a debilitar las posibilidades de vivir la espiritualidad en los no religiosos.

Muchos relatos de personas mayores en el grupo, expresan que durante su juventud etárea se postergaron a sí mismos, para dedicarse de forma plena al trabajo, a los hijos, o al colectivo político (para lograr un fin mayor: una sociedad emancipada): “Muy tarde nos dimos cuenta que nos habíamos postergado a nosotros mismos, uno de los consejos que podemos darles es que no repitan esta misma historia, trabajen desde ya sobre su persona”.  
Si bien, muchos de estas personas mayores se postergaron, me hago la siguiente pregunta: el trabajo interior y colectivo que están haciendo en las coincidencias durante estos últimos años, ¿sería una muestra de que la juventud es también un estado, un devenir que se mueve en los límites del cuerpo físico pero que en muchos aspectos lo trasciende? A mí modo de ver si; muchas de las personas mayores que participaron en el encuentro son jóvenes, llenos de esperanzas, de energías vitales, y que han sido capaces de reinventarse más allá de todas las dificultades y rigideces que les tocó vivir.

Uno de los participantes de menor edad, plantea algo muy interesante: “en las culturas orientales, la relación entre el niño y el viejo es muy distinta, el viejo sigue siendo una autoridad, un sabio, al cual se le respeta, pero a su vez, el viejo respeta la sabiduría del niño, que tiene una herencia ancestral, que viene con una unicidad a aportar al mundo”. Más allá de las creencias en la reencarnación, el ejemplo es ilustrativo pues nos invita a pensar en como nos relacionamos con lo “otro”, en este caso, el niño y el anciano, también como el maestro y el aprendiz, pero desde la horizontalidad del respeto mutuo y del diálogo. La niñez como la primera juventud, donde el niño pregunta sobre el ser de forma espontánea, ese niño que sigue siempre habitando en cada uno de forma diferente, a veces más reprimido otras veces menos, pero que siempre deviene y relampaguea al interior de cada uno de nosotros. La juventud entendida como esta capacidad de cambio permanente, de soñar y de reinventarse.

Esto nos invita a pensar que la pregunta ontológica por la juventud nos interpela a todos, que no es parte únicamente de un determinado grupo etáreo en un momento histórico dado, sino que está en todos y cada uno de nosotros. Lo mismo podríamos decir de la vejez, entendida como un devenir que también está siempre como semilla incluso en el niño.

Quizás una de las reflexiones que no fue explorada con mayor profundidad durante el encuentro fue respecto a la adultez-vejez, y respecto a su diversidad, pues sólo podemos pensar o entender la juventud, o las juventudes en función de las representaciones y vivencias que tenemos sobre la adultez-vejez.
No obstante, como veremos más adelante, al final del encuentro esta temática emergió de alguna u otra forma.


jueves, 11 de abril de 2013

Conversando desde la Amistad(147)


Conversando desde la Amistad(147)
 Elegir
La elección en la política y la política  de la elección
Estamos en un año electoral. Aparecen candidaturas grandes y chicas. Candidatos cuya mira está  totalmente  situada en  estos actos electorales  del 2013 y aquellos con la vista al 2017. Las tipologías posibles  son muy variadas, según la extensión y la profundidad  de su  compromiso y su experiencia.
Unas elecciones como parte de lo  constituyente de la polis, de la política  relacionada con lo público.
Esta política realmente existente  es ,por cierto, parte de, proyección de la condición  humana. Es obvio, pero, en tareas, en proyectos, en compromisos,  lo pasamos a llevar sin  integrar  todos sus alcances. Somos seres  de  posibilidades. De alguna  forma, es como si fuéramos elegidos, puestos en el mundo, en la  vida, en una determinada identidad humana,.. y mantuviéramos, al mismo tiempo ,  un cierto espacio de elección,  de  nuestra relación  con nosotros mismos, con los otros, con la coexistencia,con la naturaleza, con las bases de la existencia…
 Las elecciones políticas  no pueden separarse de la `política  hacia el elegir. Surge la pregunta     sobre  nosotros y los otros Por ese lado, los derechos  huumanos, la  ecología, la naturaleza del  desarrollo personal , interpersonal y  sociocultural, entran a estar relacionado con  preguntas básicas sobre  cómo estamos  respondiendo a nuestra a condición de  seres finitos  que debemos  hacernos  cargo de nosotros mismos. Seres insertos en la naturaleza. Seres que  coexistimos , seres que nos completamos  en la intencionalidad comunitaria y en los momentos de encuentro.

miércoles, 10 de abril de 2013

Conversando desde la Amistad (146)


Conversando desde la Amistad (146)
 El compromiso lúcido y desde el fondo del ser
La integración del misterio y el desarrollo humano.
Un camino en la oscuridad hacia el coraje de ser.
Camino en la oscuridad, de Juan Casassus(Random House Mondadori)
Presentación en el  Espacio Índigo (8-4-13)
Primera parte(apareció en una nota anterior)
No me ocurría desde hace mucho tiempo:  subrayar un libro  hasta dejarlo ilegible;  terminarlo de leer  y sentir  la necesidad de   compartirlo, con tiempo,  con cuidado, ojalá en un seminario,  en un contexto bien conversado.
No es un texto para ser resumido. Es la obra  reflexiva, afectiva ,espiritual, de las entrañas, de un  filósofo  sociólogo, sobre  tres mese  de torturas,  en que  habla, libremente,  sobre  el miedo  y los devaneos de sentirse héroe, sobre los días de  incomunicación  y las instancias  en que compartía la celda, donde  narra como  entra a la intimidad de su ser,  a convivir con el  miedo, a  acercarse a la  corriente de la vida. A preguntarse “quién soy”. A  aproximarse a una respuesta: “al final sólo  podría decir soy la sensación de una acción. La pregunta sólo tiene como eco en mí .Soy la sensación de mi propia búsqueda”
Recibe con humildad y compañerismo las enseñanzas  sobre meditación  de un joven que compartió su celda por algunos días . Resistió. No delató. Sintió miedo, sintió rabia, pero no experimentó odio ni lo manifiesta ahora, cuarenta años después.
El entonces joven hiperquinético aprendió a apreciar el  silencio, el pensador se integró  con la vida, el educador empezó, en plena  oscuridad   de feroces apremios  físicos, de  aislamiento, de no saber de los suyos y de ser  vigilado por  seres humanos   que  no lo trataban como ser humano,  a distinguir  entre la vida, el destino y  el  pensamiento, la individualidad.
En la terrible experiencia de sentir ,literalmente en carne propia ,al ser humano como lobo , peor  que el lobo para el ser humano, Juan Casassus  vive la identificación con la vida y no tiene pudor de  utilizar la expresión milagro:
·”Al experimentar como yo lo hice  de que uno no es el que tiene vida , sino que  la vida lo tiene a uno, todo se ordena. Es como estar frente a un milagro personal Ante una inmensa montaña áurea Y en ese momento de felicidad  uno no le pide nada  a la vida,”
El filósofo, el amigo de la sabiduría, llama a respetar la integración de la reflexión  con la vida, El ser humano comprometido  incorpora el desapego.
Sin esperanzas, en el terror, en lo sórdido ,en plena oscuridad, el prisionero  distingue claramente lo  personal de lo impersonal. En una situación límite, se hizo cargo de lo limitado de toda situación. Tal vez por eso mi propio título al libro habría  apuntado al encuentro  en el camino. Al  camino de encuentro   del desarrollo humano  que ,de alguna manera , es encuentro con la oscuridad.  La oscuridad última  a la que por ahora llamamos misterio.

 Segunda parte
Como mi presentación personal, a partir de una vivencia, diría que  repito con este libro mi experiencia  de los 14 años cuando leí el libro de Miguel de Unamuno   El sentimiento  Trágico de la Vida Lo  leí   con  denuedo como  un militante  ante  un texto clave .me llenó y ,como expresión    paradojal  de lo profundo de la experiencia, comprobé   mi opción por otra mirada de fondo, el sentimiento  mágico de la vida.
Con  esa mirada , terminé la  lectura de Camino en la Oscuridad  murmurando para mí: aquí se integra la oscuridad y la luz,. Ante la gran oscuridad del quién soy yo,  dónde estoy, qué es el mundo,  nos encontramos con que la respuesta es indirecta, es una   respuesta en un hacer, es  Juan  manteniendo su dignidad, asumiendo el miedo, alejando la   tentación  del  narcisismo,  no delatando,  encontrando un camino de  desarrollo, Juan , un crisol donde se integran el misterio y el desarrollo humano.
El libro tiene un punto de partida y llegada ; el sufrimiento. Thich Nhat Hanh, el maestro  zen vietnamita dice  en “La paz está a cada paso” ; “Tenemos  que aprovechar el dolor  del siglo XX como abono para cultivar flores para el siglo XXI”.  Con razón envía un mensaje sobre  la obra de  Juan  que termina diciendo “su coraje inspira, y  bien  podría salvar  la vida de otros que sufren  esas dificultades  ahora y en el futuro.”
Thich habla sobre una actitud inspiradora y Juan demostró un coraje que no excluye el miedo, es un coraje profundo, un coraje de ser.
Paul Tillich llama coraje de ser el asumir nuestra realidad, nuestra identidad, aparentemente dual,compleja, que integra el ser autónomos, originales, provistos de un  centro, ser existenciales ,  con el pertenecer, ser partes del todo, del ser.
Juan habla,  para seguir con nuestra  cita, de  la disyuntiva o que uno tenga la vida o que la vida lo tenga a uno… Terreno divisorio que toca lo más recóndito  de  nuestro  ser, inseparable de un desarrollo, de un despertar. Asoma el tema del despertar del alma.
  ¿Existe un  despertar absoluto? Lo damos  por  sentado. Tal vez  tengamos  que  distinguir entre diversos  tipos  de despertares No sé si las distinciones  nos sacan de la oscuro  de la condición humana.¿ Si hay un despertar a una certeza absoluta? Pueden ser chispas de ayuda momentánea  para caminar por la vida.
Por allí estamos en la oscuridad connatural  a nuestra   finitud. La finitud de Zeus, ,nuestro arquetipo del ser poderoso y desarrollado, presuntamente omnipotente, pero m en realidad finito, subordinado al Destino  El terreno incierto de  nuestra  consistencia  ontológica, el misterio de por qué  existe algo  o  todo lo que   hay o pudiera ser, el misterio de la existencia, del ser  que se pregunta por el ser,  de nosotros y ,en nuestro  centro, lo rebelde  a la mirada de la ciencia  y de la lógica, el misterio de nuestro yo. Como dice  Gabriel Marcel, hay  misterios y problemas. Los misterios son dos : el del ser y el  de nuestro yo.
    Misterio es el ser, misterio es el yo Problema y misterio es la coexistencia. La relación con el otro.  La relación con lo otro.
Misterio,  temido, negado, pero que  también puede llamarse milagro como hace en cierto modo Juan y lo escribe Edward Young:
“Vivir para siempre
¿ Te parece extraño querer
vivir para siempre
Y no t e parece más
Extraño el hecho de vivir ahora?
Esto es el milagro
No aquello,”

 Entre  misterio y problema  se da lo para normal, la clarividencia, la precognición, la bilocación, la telepatía, la psicoquinesia, las sincronías. Ventanas al misterio. Seguramente problemas del mañana, en la mirada   de un multiverso…
¿Qué es  el despertar del alma? Mis sesgos me llevan  a integrarlo con el tema de los  planos  de la existencia ;el en sí, el  para sí, el  para otros, el para lo otro.
Hay un despertar  dentro del contexto del en sí, es el cotidiano salir  del  dormir  para   estar concientes, despiertos en este estado primario.
En el dominio del para sí, del estar concientes , del darse cuenta ,se da   como a los  dos  a tres años y medio la emergencia natural, como orgánica,  de la noción del yo, el  despertar  de la percepción de un centro personal.
Con ese centro,  nos encontramos con el despertar  a las introvisiones,  los insights, los darse cuenta. Por ejemplo, me doy cuenta ,despierto a que es distinto  ser torturado,   como lo fue  Juan,  al haber sido, como en mi  caso ,muy cercano a torturados  y  dialogante  consejero de muchos  de ellos , pero sin  la experiencia de  esa situación límite.
En este para sí , puedo despertar  más claramente a la conciencia  de la existencia del otro y  de su centro, su yo  y…  se da la posibilidad  de despertar  a la realidad de la coexistencia. La otra, el otro, como  compañera, compañero existencial,  el despertar  a su condición de posiblemente cercano, siempre   original, de un fondo inaccesible, tan misterioso como  el mío.
De la conciencia del para sí  pasamos a la experi- encia de la relación con lo otro. El otro despertar ,el despertar  a la consideración de la  situación humana. A lo esencialmente otro. Lo que hace posible  que  algo sea , que sea el universo que  seamos nosotros- A ese  milagro del que habla Young
En esta  cultura, el fervor  por el hacer,  el tener, el  del asombro  jibarizado en la oferta de novedades, se tiende a vivir en la hipnosis de la familiaridad, no es frecuente  despertar   al para lo otro .
Hay  quienes lo hacen  y optan,  luego, por dormirse  o intentar dormirse  en  ese plano, descartando ese despertar como si fuera una pesadilla. Acompañan, entonces , a los hipnotizados  en las drogas, el poder, el consumo, el tener, el espectáculo, las rutinas, la banalidad.
Otras personas, como Juan , se abre al despertar a lo otro, a la experiencia , la vivencia de ser parte…  de Dios, del ser, de la vida.
En otros casos  adquiere relieve,  condición de centro gestáltico ,  una convicción, una narrativa, un creer determinados contenidos espirituales,  identificables  o no con las religiones establecidas.
También se da,y es mi caso, el sentir-pensar  que  debemos  asumir nuestra finitud y con ello  el asombro metafísico, la incertidumbre esencial, vislumbrando  que  vivimos un camino de oscuridad en que  la luz  limitada  a nuestra alcance es la  de una ecología del yo que abra camino a la coexistencia,  a  la armonía con la naturaleza y  el respeto  y  la sinergia entre los humanos, seres  diversos  en    una situación  ontológica común.
 Los humanos, seres requeridores  de esta condición esa filo  sofía y filo poesía, esa luz que evidencia este libro Camino en la Oscuridad, la  poesía y la filosofía,  la luz del Coraje de Ser.



martes, 9 de abril de 2013

Conversando desde la Amistad (145)


Conversando sobre la Amistad (145)

Notas sobre el Guiar Poético[1]

Tercera Parte  El Guiar Poético

¿Guías Poéticos?
Consideramos al “guía poético” como un
desarrollo dentro del “guiar democrático”, en que no hay sólo un respeto por el otro , sino, también , una labor de promoción humana…
Más allá del respeto, del escuchar,  existe un interesarse en la subjetividad del otro, en su intimidad inefable, una complicidad con su sensibilidad, con su apertura a la belleza, a la emoción profunda.
En ese sentido, el guiar poético, es distinto al ser guía en el aprendizaje de técnicas de escribir poesía, en el estudio de autores o en el recorrido por instituciones dedicadas a la memoria de un autor.
Ponemos el subtítulo entre interrogantes. Estamos en un camino de búsqueda, de hipótesis, de preguntas.
Partimos de una distinción entre poemas, formas literarias y poesía. La poesía, en esta lectura, discurre por la música, por las artes plásticas, por las vivencias de los enamorados, por instancias de estremecimiento social, por momentos de plenitud espiritual.
Los poetas no son poseedores exclusivos de la poesía, son intérpretes. Son asientos de florecimiento de lo poético. Sin embargo, en ánimo pluralista, democrático, decimos que hay poesía en muchas vivencias de personas que no escriben, mientras contemplan el mar, reconocen un bosque, miran a alguien a los ojos, escuchan a Bach, rezan o leen Shakespeare.
¿Cómo se guía prácticamente, qué es ser guía poético? De partida, un objetivo nunca alcanzado plenamente, en consonancia con las profundidades de las vivencias poéticas. Sin embargo, el guiar democrático no implica jerarquías. Una persona puede ser guía poético, en el sentido instrumental, sin ser alguien de una sensibilidad o de una creatividad poético excepcional. Lo importante es que, necesariamente, entre a orientar, a formar en un sentido determinado.
Un guía poético, por ejemplo, muestra donde las olas se elevan en un roquerío, dando la emoción de la fuerza y de un colorido inusitado, sin tener que dictar cuál es la vivencia que debieran necesariamente despertar en el otro. Muestra, a lo mejor cuenta algo de sí, escucha, se interesa en lo que le ocurre al visitante.  
Un guía poético destaca la presencia en el campo de una astromelia, flor silvestre de especial belleza, entrega algunos datos generales al modo de que en esta zona las hay de un color naranja y de un rosa pálido, que son flores cultivadas en otros países. Luego, escucha, conectado, el comentario, pone atención en el rostro, en la emoción de la persona del grupo.
Un guía poético señala la casa de un pintor o un poeta, da alguna referencia sobre su obra y su conexión con el lugar, pregunta si alguien tiene algo que contar. No da la impresión de un cierre, de una verdad absoluta. No es omnipotente. Por supuesto, no es autoritario.
Los guías poéticos no son, necesariamente, poetas ni eruditos en poesía, son personas que facilitan, democráticamente, que se expresen las vivencias poéticas, diversas, propios de cada grupo y de cada participante.
Es evidente que para poder cumplir esa función los guías poéticos requieren ser sensibles, querer lo poético. Es una condición necesaria, pero no suficiente. Además de tener proximidad con la poesía, deben ser personas que ayuden, que faciliten, el que otros entren en contacto con la poesía. Eso significa ser comunicantes, abiertos a los otros, susceptibles de engendrar confianza, confiados.
Sobre esa base, personas que están dispuestas a trabajar como guías, que empatizan con lo poético, podemos aventurarnos a hacer una tipología de los guías poéticos posibles.
Como todo lo planteado en este artículo, estamos en un terreno muy preliminar, hilvanando supuestos, esperando la confirmación en el diálogo, en la práctica, en los procesos formativos por realizar.
Anticipamos, según se puede presumir de lo esbozado, dos énfasis en este guiar poético, ambos referidos a la “vivencia poética”.
Por una parte, la experiencia poética directa, la naturaleza, las personas, el encuentro, no mediados por el arte. Es un acercarse a instancias “naturales” y “sociales”, de difícil diferenciación.
Podríamos llamar momentos natural la visión de un cielo estrellado, sin nubes, con la majestad de la vía lactea, la cruz del sur, Venus apareciendo. Sería “momento social” la compenetración con la forma como un grupo entra en  un silencio, recuerda, se emociona, tiene deseos de contar su vivencia…
En todo caso, siempre esrableciendo hitos provisorios, hay un conjunto de “objetos poéticos” el atardecer, la aurora, la noche, el mar y su contorno, las plantas, las montañas, ciertas viviendas, pueblos, carruajes, animales, canto de pájaros… podemos, igualmente, apuntar a instancias humanas poéticas, una ronda infantil, un diálogo adolescente, miradas de enamorados, personas mayores ayudándose y acariciándose, el despedirse de un moribundo, la alegría de un nacimiento…
Pueden existir guías poéticos – naturales y guías poéticos - sociales. A ellos habría que agregar lo clásico, los guías “artísticos”. Allí, para facilitar la comunicación, podría establecer la subdivisión, la poesía del arte, en general, y la poesía del género poético.
Poesía del arte, más allá del poema, la sensibilidad de la prosa de Gabriela Mistral, Neruda, Huidobro, Manuel Rojas, poesía nuestra de Las Campanas de la Esperanza, de las “gordas” de Ricardo Mesa, de las bordadoras de Isla Negra, o de los ponchos campesinos. La “poesía del género poético”, puede, por supuesto, ser facilitada desde la perspectiva del incentivar la creación propia y a partir del conocimiento, la aprehensión, intuición, fantasía de los poetas que se deban acercar.
Cuando hacemos estos distingos provisorios estamos pensando en los énfasis, en las fronteras de los guías potenciales. No es necesario elegir. La experiencia demuestra que tienden a darse mayores o menores facilidades. En los hechos, en primer instancia, emergen con vocación y con trayectoria los guías “naturales”, enamorados de ríos, rocas y paseos, junto a los apasionados por el género poético, deseosos de compartir a Whitman, Gabriela o Neruda.
En el objetivo de facilitar el desarrollo humano, será importante sensibilizar con todo el campo de lo poético, legitimarlo como un todo y diferenciarse, comprometerse, de acuerdo a la vocación, a las capacidades, sin una exigencia a priori de excluir o de integrar nada.
Cuando hablamos de “guiar”, en un sentido democrático – poético, no presumimos superioridad sobre los “guiados”. Es sólo la oportunidad de facilitar procesos. A veces será un simple saber elegir qué mostrar, con qué contacto, con qué adaptación a los interlocutores. En otras ocasiones, se estará en condiciones de llevar a cabo una exposición, un taller, con juegos, con expresión corporal, con instancias de imaginería, con recitales.
Detrás del guía poético tiene que haber la “virtualidad” de una gran diversidad de quehaceres. Lo común está en la búsqueda de una no muy común capacidad de aliar la democracia y la belleza, el respeto a lo insondable de la poesía y el arrojo para buscar la veta personal, la dimensión en que sea dable hacer un “servicio” poético.
En el fondo, siempre es indispensable tener presente la advertencia de Schakespeare “no tratéis de guiar al que pretende elegir por si su propio camino”.





[1] Material de apoyo utilizado en los cursos del Proyecto Las Coincidencias, Isla Negra.

lunes, 8 de abril de 2013

Conversando desde la Amistad (144)


Conversando desde la Amistad(144)
Notas sobre el Guiar Poético
Segunda Parte
El  Guiar Democrático

El Guiar Democrático:

Hay un guiar autoritario y un guiar democrático. Es cierto, se trata de modelos ideales que en la función de guías se dan en forma cambiante, relativa a circunstancia, a temas. Sin embargo, en el guiar se presentan matices más o menos democráticos y autoritarios.
Se llama modo de ser autoritario a un conjunto de rasgos[1] que vamos a esquematizar
.1) lo predominante es, la separación neta entre el mandar y el obedecer, con poco lugar para la crítica y la cooperación. La formula es “en esto mando, a aquel lo mando, aquí obedezco, a ese lo obedezco”. Cuando se manda no hay lugar a espacios de interacción, de escuchar a la otra parte. La obediencia es también ciega, sin discusión.
2.- Un tono de rigidez general, de encuadres sin flexibilidad, de nociones aprendidas que se generalizan no importa cual sea el contexto.
3.- Intolerancia por lo subjetivo, por lo confuso, por lo ambiguo, lo ambivalente, lo frágil, por las minorías.
4.- Adhesión a la fuerza, a los prejuicios; a lo establecido.
Por contraste, en el modo de ser democrático hay un recate de la igualdad básica de los seres humanos, de la importancia de los derechos humanos, de la participación, de la riqueza de la subjetividad, de las visiones de conjunto, del espíritu crítico.
Una relación democrática padre e hijo no admite dudas, réplicas, opiniones. El padre “sabe” hacia donde va, no requiere la exploración de los intereses y características del niño, no se abre a la consulta de otras personas.
En un caso hay un guiar democrático. En el otro autoritario.
Los guías turísticos muestran, hacen “tours”, explican, enseñan.En la función del guía turístico se da el consabido aspecto informativo. También, nuestro distingo temático, la tensión entre democracia y autoritarismo. Hay guías omnisapientes, reacios a toda pregunta, sugerencia, sugerencia, crítica. Son personas que se refugian en su pauta, rehusan todo innovar, no estimulan la participación de los grupos.  Por otro lado, el polo de la apertura, el aceptar que las personas “guiadas” pueden aportar algún dato útil, que tienen el derecho legítimo a preguntar y discrepar.
Hablamos de tendencias y no de condiciones absolutas. El trabajo de guía se enmarca en un tiempo, en una pauta. Está sujeto a una supervisión. No sólo no cabe la degeneración de la democracia en un “dejar hacer”, sino que la apertura a la participación y la creatividad están forzosamente limitadas.
El elemento clave es, siempre, el contacto, la afectividad. Puede no haber tiempo para un discutir algo, para entretenerse más en un lugar, de acuerdo a los deseos de los participantes en el “Tour”. El tema es que la explicación sea respetuosa, se procure un buen contacto. Hay maneras “sintónicas”, no agraviantes, agradables, de decir no, de poner límites.



[1] Weinstein, Luis. Autoritarismo o Creatividad Social, De. Minga, Santiago 1982.