lunes, 2 de marzo de 2015

El Arte de Vivir 111


El Arte de Vivir 111
La mirada a los ojos como fuente del arte de vivir  
A lo mejor he olvidado algo muy  importante. Son recuerdos  muy antiguos, Me lo contó  la nana de mi infancia, tal vez hace unos ochenta años. No lo puedo precisar. Ella lo escuchó , juventud  adentro , en su Victoria natal, entonces   de calles de madera.
Peñi decía el amigo   del pueblo originario. Se la cambiaban por un hola, compañero, como  estás.  Seguía un trueque de palabras fluído, a veces muy lento, casi seco.
 Ella recordaba una conversación y no le ponía nombre.  Se lo quise  preguntar, pero ella  ya no está. Se convirtió en noche . Está este recuerdo. Deshilachado, vago, muy importante.
 Fíjese niño, mire bien, la vida es  azul .
Y a no sé  si lo soñé,
O ella lo dijo.
 Da igual. Si lo soñé es porque ella lo dijo, a su manera.
Fíjese niño, la vida  es azul, pero  con tanto ruído, tanto edifico, andando tan rápido…no vemos el Azul  En Victoria quedan viejos que ven el Azul…
 ¿Sabe, niño, por qué  ven el Azul?
No, yo no sé esas cosas…soy niño.
 Ya las va  a saber…
 Se ve el azul cuando  uno mira a los ojos, aunque  sea  a un malo, aunque se a  un loco. Uno lo mira a los ojos y  después   va encontrando la vida. Se aclara la vida.  Aparecen los caminos
¿Cómo va encontrando la vida?
Sí la vida  de verdad se escapa, se le pierde  el sabor. Mirando a los ojos a la personas …uno   va viendo, sintiendo los ojos de la vida.
¿Habrá sido así la conversación?
Siento que  ella me hablaba del arte  de vivir, mirar la vida a los ojos,  tratar de estar viendo el centro.
  El centro de la  vida,  otro, el centro  de uno.
Detrás de las nubes, siempre el azul
¿El arte de vivir  es  ser lo más azul posible para encontrar, para saludar  todo el azul que uno puede alcanzar.?
Era alta la tarde, ya estaba azul y estaba llegando el negro. Me pareció escuchar de nuevo algo muy antiguo y cercano,   era una voz conocida, querida.
  Las calles  de Victoria  ya no son de madera,  en muchas ciudades ya no   se ve el azul, pero mirando a los ojos,,,vuelve el azul.
Mirar a los ojos, ver al otro, ver el ser, verse uno mismo…un arte.
Ahora lo llamamos el arte de vivir…y es , por cierto, plenamente  azul.
  

domingo, 1 de marzo de 2015

El Ar te de Vivir 110


El Arte de Vivir 110
Idánita en el Jardín de la Unidad
Ángeles Estévez, desde Punta Arenas.
Tercera parte
Fue de un minuto a otro, quedó atónita. Fascinación y aturdimiento se fundían al escuchar que otro,  ¡alguien más! Relataba la búsqueda que ella callaba. ¡Escuchó bien! y ¡sí!; ahora todo tenía más sentido, no sólo desde el momento del viaje sino también toda la experiencia  anterior de su vida, todo parecía pender de un mismo hilo desde la infinitud.

Frente a sus ojos una mujer de mediana edad, con cabello tan blanco que le extrañaba no tuviera surcos en el rostro, con mirada cándida y expresiones llanas, señaló lo que ella buscaba diciendo: “Has viajado por tierras y mares hasta llegar a los canales, y todo este tiempo,  has estado siempre en contacto con un ser que hoy está disponible para ti. No soy yo. Tu encuentro, no será en una visita común, tampoco algo extraordinario.  Estás por comenzar, el viaje que hasta ahora ha sido geográfico, comienza un aspecto sutil. Te reportará grandes tareas y muy buena voluntad. Al decir voluntad me refiero a que será duro. Más no por eso menos encantador. Tienes mucho camino por delante. Ve a acostarte que mañana vas a requerir de tus fuerzas”.
Esa misma noche en  su sencillo hospedaje entró tranquilamente en su dormitorio y con la misma facilidad en sus sueños. Una vez dormida en las profundidades, llegó a un sitio con dos árboles, cercanos uno del otro, separados por un espacio suficiente en donde la sombra de ambos albergaba  el lugar preferido  para los juegos de verano de su niñez. Un Nogal  de corteza blanca con ramas que asemejaban brazos, grandes hojas color  verde claro;  y un Olmo de tronco robusto con pequeñas hojas oscuras y ramas finas que articulaban una copa redonda extendida hasta muy alto en el cielo.
Se acercó a su espacio perfecto y una rama acogió su llegada. Era una rama con la contextura del Nogal y la textura del Olmo, no era uno ni era el otro, era la unidad.
Decidió subir en ella y tras levantar un pedacito rectangular de  esa corteza, vio que en su interior  se albergaba un ser. No era Duende, no era Ada, ni ningún otro ser  de la naturaleza invisible, era algo nuevo.  Dormía con rostro de Ángel  y  sus manos cruzadas sobre el corazón. Abrió los ojos, sonrío y luego del encuentro con su inocente mirada, esbozó una sonrisa muy amplia, cerró los ojos y siguió durmiendo.
A la mañana siguiente recordó el sueño, como un momento vívido que seguiría estando presente. Fue a desayunar y  lo comentó con su nueva guía. Esa mujer con pelo de vieja y rostro joven, parecía una abuela, también una hermana, pero era alguien nuevo y confiaba en ella sin necesidad de experiencia. Comentó esta extraña relación onírica que aun sentía,  carecía de contexto. Supo de esa manera que su  nueva amiga era  capaz de compartir, y que podía contener la luz de ese mensaje  con seriedad y una diáfana sonrisa que le sugería tomara el encuentro de la noche anterior como una visita a la unidad, pues en el estado de los sueños permitió salir a un nuevo ser que habitaba en el árbol de la unidad.
La mujer de pelo cano, y rostro joven se fue transformando en su maestra. Le enseñó a vivir con aquello que la educación no otorga. Con la confianza puesta en el universo, en Dios y su manifiesta unidad. El tiempo trascurrió de la manera menos acostumbrada. Pasó el verano, el otoño, el invierno y la primavera y el repertorio de su memoria se fue nutriendo de nuevos aconteceres. Fue cuidando aspectos que antes no habría reparado en detenerse, conoció su ego,  la lucha entre la polaridad, la ética del bien y del mal y así madurando sus alegrías,  tristezas, miedos, desafíos,  triunfos, pérdidas y logros,  fue construyendo en su poco adelantada juventud un cimiento para una vida que su propia memoria estaba constituyendo.
Mientras tanto comenzaba a recordar aspectos sutiles que durante toda su vida había estado construyendo un devenir distinto de la trama colectiva y se daba cuenta que quería optar por aquello.
  Comenzó el andar de una manera diferente, ese día y esa noche, ese momento a esa edad, permitieron en ella un nuevo mundo cotidiano. Un nuevo archivo se desprendía de sí misma para dar a luz la información que siempre había correspondido a sus células y a la experiencia humana.
Esta es la historia que comienza, en donde los nombres de la niña que se transformó en mujer cuando decidió optar por vivir,  de su guía pelo de vieja y rostro joven  y de un nuevos ser,  aún no han  sido mencionados.
Comenzaremos por la tercera.  Sí,  diremos que es  alguien perteneciente al todo, alguien que se manifestó de la unidad y que distinguiendo entre mucha gente, permitió a una mujer muy joven,   recibir un regalo tan simple como es la sonrisa de un ser desconocido que duerme con sus manos cruzadas sobre el corazón, en una grieta de una rama. Protectora de la flora, de la fauna, de los minerales, del agua y de toda forma de materia que se atestigüe en el bosque, sin importar si el bosque está aquí,  ahí o allá o más allá o en otro tiempo, o separado por el mar o por los hielos o canales o toda geografía.  Ese ser de la unidad es: Idánita. Idánita,  vino de la luz del universo,  de la unidad. Pero no fue la joven mujer sino los ancestros de su compañera con pelo de vieja y rostro joven,  sus primeros testigos.  Y eso ocurrió desde tiempos prehistóricos hasta, hace poco más de  100 años. Eran los indígenas de la Patagonia, los últimos descendientes de antiquísimos ancestros que fueron los primeros habitantes del extremo  meridional del mundo.
Hace más de 100 años, cuando la luz viajera  eterna revelara  la salida de Idánita de estas  tierras,  yermas por el fuego,  destinada a fusionarse con la totalidad pues ya no había nada ni a nadie que cuidar  Idánita debía dejar el bosque y sus seres  y compartir puramente con la unidad. Más Idánita había aprendido de los seres humanos la porfía y desobedeció las leyes naturales. Así,  en vez de ascender y seguir con la luz hacia el infinito,  quedó atrapada en la materia subterránea  y supo desde ese momento que sólo podría salir cuando sucediere, alguien perteneciente a los nuevos habitantes  de la humanidad fuere  capaz de algo tan simple, tan sencillo como poder mirar su sonrisa.
Y  comenzó a sentir ese contacto, simultáneamente  en dos momentos de  su estado subterráneo; años antes, cuando su rostro tomó la apariencia de un enanito y meses antes cuando el dolor del fuego fue sentido por la sensibilidad de una humana.
Fue entonces cuando la trascendencia de Idánita cobró sentido nuevamente, modificando el rumbo del devenir de dos mujeres.
Una, con pelo de vieja y rostro joven, otra, tan joven que la voluntad aún no era capaz de ahormar su imagen.
El amor a la tierra era  tarea conjunta de las tres y eso traería la trasmisión de pasajes ocultos,  fases  desconocidas de la sociedad indígena nebulosamente  llamada “rudimentaria” por los hombres de la sociedad neoliberal, nebulosamente llamados “civilizados”.
Por primera vez se  habló algo más  acerca de la vida de los hombres y mujeres que corrían por las estepas y navegaban en piraguas por los canales. Es la historia de la sociedad de la inocencia. De una niña que atraviesa la experiencia humana postmoderna con un sentido capaz de ir más allá del esclavismo pasivo. De una mujer cuyo rostro permanece joven ante la revelación de los años en su pelo y que con sus raíces indígenas puede llevar las células de otros al contacto con seres de la tierra,  que habitan más allá de nuestra percepción. Y es por supuesto es la historia de  Idánita, en lengua originaria: “Ángel del bosque” que duerme con sus manos cruzadas sobre el corazón en un pedacito de corteza, en el sitio perfecto para los juegos que se encuentra en el jardín de la unidad.

Ángeles Estévez O.




sábado, 28 de febrero de 2015

E l Arte de Vivir 109


El Arte de Vivir  109
El arte de juntar lo mítico, lo poético, la vida…
Idánita en el Jardín de la Unidad
Ángeles  Estévez, dese Punta Arenas

Segunda parte
Un atardecer durante la estación más seca, una llamarada de origen humano,  azotó un pastizal,  muy lejano que orillaba otro bosque. Desconocida la mano que dio la  partida se encendieron los metros avanzaron por  hectáreas y  el fuego fue tomando la distancia.
La pequeña ya era una mujer, vivía lejos de ese bosque donde estaba ese incendio pero la conexión con la tierra desde su nuevo albergue poblado de árboles y animales, la condujo a percibir más allá y una vez más  en sueños recibió señales de la unidad. Esta vez le estaba mostrando el dolor de la tierra el calor de esos pastizales, el color rojo del cielo, la huida de los animales. 
Al día siguiente se levantó, no solía sufrir dolores pero ese día junto con mirar por la ventana y sentir ahogo y que el cráneo se partía por los costados, supo, sin reparar cómo ni por qué,  de un incendió en otra latitud. El olor de la leña vecina permitió contener la imagen, de los  humos, el color de las cenizas que cubrían praderas y bosques. Revisó los medios  completando la idea.
Pero algo quedo fuera del alcance de su percepción, algo que no supo fue que en ese momento  alguien en el bosque lejano afectado por las llamas,  sintió su dolor  y en su sabiduría sobrenatural  concedió el regalo de un viaje. Ella la niña que se había transformado en mujer habitando en la naturaleza,  comenzaría a vivir de manera sutil. Fue así permitido que el sentir humano a la distancia y su conexión con la energía de la unidad permitieran la visión  de aquel triste movimiento.
 El recuerdo del incendio quedó marcado en las  interminables cenizas y ella dejó atrás el sistema de vida acostumbrado y se dio por entero a la vida como el movimiento de las mareas. Viajó por regiones y mares más allá del sur, donde los fiordos nacen del hielo. Vivía como un pájaro, sin cálculos ni despilfarros. Nunca faltó el trabajo, el bienestar, la abundancia.
Sé fuerte le repetía una voz en su interior, encontrarás a quien buscas. Su humanidad necesitaba la compañía de alguien que significara el episodio. Le importaba eso, aún más que la contingencia  incendio...  la voz no la abandonaba: “viene también a tu encuentro” le recordaba. Ese  encuentro que buscaba y que escapaba de toda lógica, con alguien o con algo que no sabía qué era o quién pudiere ser y esa incertidumbre causaba por momentos el dolor de la inestabilidad. Pero el sentido, movilizaba sus fuerzas,  el descubrir una vocación de esta manera tan accidentada. Nadie más lo sabía, la omisión y el temor a los juicios ligeros, le indicaron: “mejor secreto es el que no se cuenta”
Buscó, buscó y buscó,  hasta agotar el espacio, hasta en el último lugar, sitios donde nadie iría, sitios asombrosos, mas en  ninguno de aquellos, sintió que había llegado. Escrutó cada día hasta el agotamiento. El tiempo no estaba perdido y a su paso fueron apareciendo nuevos vínculos y rumbos con quienes compartir lo vivido. Todo lo comentable claro está. Hasta que un día con la claridad con que aparece el sol de primavera tras la montaña, su búsqueda terminó.
Fue de un minuto a otro, quedó atónita. Fascinación y aturdimiento se fundían al escuchar que otro,  ¡alguien más! Relataba la búsqueda que ella callaba. ¡Escuchó bien! y ¡sí!; ahora todo tenía más sentido, no sólo desde el momento del viaje sino también toda la experiencia  anterior de su vida, todo parecía pender de un mismo hilo desde la infinitud.

viernes, 27 de febrero de 2015

El Arte de Vivir 108


E l Arte de Vivir  108
Ángeles Estévez, desde Punta Arenas nos envía una narración en que se  encuentra el sentido con la poesía, con la gran cultura de  los pueblo originarios de nuestro extremo sur,  con la unidad de todo. Un jardín de la unidad. Va en tres notas diarias.

                           Idánita en el jardín de la unidad
Primera parte
Una niña de tantas se encuentra en el jardín de la casa. Es un sitio con dos árboles, cercanos uno del otro, separados por un espacio suficiente para que la sombra de ambos albergara el lugar preferido  para los juegos de verano. Un Nogal  de corteza blanca con ramas que asemejan brazos, grandes hojas color verde claro;  y un Olmo de tronco robusto con pequeñas hojas oscuras y ramas finas que articulaban una copa redonda extendida hasta muy alto en el cielo.
Un día cuando el sol se puso, llegó la hora de dormir y con ella, los sueños. Se acercó a su espacio perfecto y una rama acogió su llegada. Era una rama con la contextura del Nogal y la textura del Olmo, no era uno ni era el otro. Era la unidad.
Decidió subir en ella y tras levantar un pedacito rectangular de  esa corteza, vio que en su interior  se albergaba un enanito. No era Duende, no era Ada, ni ningún otro ser  de la naturaleza invisible, era un enano clásico,  de los cuentos y las películas del siglo XX.  Dormía con su rostro de caricatura popular y  sus manos cruzadas sobre el corazón.
El enano abrió los ojos, sonrío y luego del encuentro con su inocente mirada, esbozó una sonrisa muy amplia, cerró los ojos y siguió durmiendo. La pequeña lo quedó mirando unos segundos y de una manera sobrenaturalmente maternal para su edad, puso la  tapa de corteza en su lugar bajó al suelo y volvió a su habitación a pasar las horas hasta el encuentro con el nuevo sol.
A la mañana siguiente recordó el sueño, como un momento vívido que ya había quedado atrás no se lo contó a nadie  y ni siquiera pensó haberse movido jamás de su cama. El tiempo trascurrió de la manera acostumbrada, pasó el verano, el otoño, el invierno y la primavera y el repertorio de su memoria se fue nutriendo de experiencia, de alegrías,  tristezas, miedos, desafíos,  triunfos, pérdidas y logros. Se fue construyendo su memoria muy guiada por la autenticidad de los momentos sin saber que alguien en el todo ya la había distinguido entre mucha gente para darle un regalo tan simple:  la sonrisa de un enano. Pasaron los años y nunca olvidó ese día y esa noche, ese momento a esa edad, mas tampoco lo recordaba en lo cotidiano. Quedó albergado como un archivo secreto en su memoria y en la información de sus células de niña viviendo las primeras experiencias humanas.
Muchos años transcurrieron, el bosque siempre fue su predilección. Y un día decidió vivir en él. Estando en la naturaleza encontró episodios desconocidos para un ser humano que habiendo  crecido en otro ambiente decide habitarlo.


jueves, 26 de febrero de 2015

El Arte de Vivir 107


 El Arte de Vivir  107

El optimismo lúcido comos impulso y sentido para el arte de vivir
El ser humano se encuentra en la  vida con el sentipensamiento del bien y del mal, perfección e imperfección,  acción buena    y pecado,  moralidad e inmoralidad.
Situados en el ángulo de miras de la perfección-imperfección, la polaridad cubre la dimensión metafísica, la del ser,  la existencial, la del sentido de la vida humana, la personal en relación a las disposiciones humanas, , la de los vínculos humanos, la de la  sociedad , la del la cultura vigente, la del estilo de  desarrollo
 La disposición optimista  puedes  ser absoluta. A ella se refiere con ironía Voltaire , después del terremoto de Lisboa   , a propósito  de la tesis de Leibnitz de que estamos en el mejor de los mundo posibles . El mejor de los mundos  con ese terremoto…
 Hay una orientación optimista  lúcida , guiando el arte de vivir desde reconocer que  al aporte del existir, de la conciencia y sus posibilidades  hay  que integrar la  realidad de la imperfección  en  la forma de finitud, de muerte, de enfermedades, de injusticias, de pobrezas económicas  y pobrezas de espiritualidad. Ello,  a sabiendas que no  entendemos  el misterio del ser  y que en ello va incluido el de la imperfección.
Una manera  de plantear el optimismo lúcido es la de Roberto Juarroz, el notable  poeta argentino de la
Poesía Vertical
( Poema 7
 1975)
 Roberto Juarroz
¿Cómo amar lo imperfecto,

si escuchamos a través de las cosas

cómo nos llama lo perfecto?


¿Cómo alcanzar a seguir

en la caída o el fracaso de las cosas
la huella de lo que no cae ni fracasa?


Quizá debamos aprender que lo imperfecto

es otra forma de la perfección:

la forma que la perfección asume

para poder ser amada.



Podemos aprender de lo imperfecto,  dentro de un arte de vivir  con respeto, cultivo y lucha, con vínculos  profundos, en una coexistencia responsable de los derechos , necesidades y capacidades de todos, en armonía con la naturaleza  con apertura al diálogo  de culturas  y visiones de la trascendencia.
 Un Arte de vivir  con optimismo lúcido.
Con amistosofía
Con alta alegremia.

martes, 24 de febrero de 2015

El Arte de Vivir 106


sE l arte de vivir
La mirada pesimista y la mirada pesimista  en relación al arte de vivir y al mal.
Como hemos  planteado, en este ,como en otros temas ,es difícil la convergencia  de  enfoques y de prioridades y , más aún , el librarse de la  opacidad de los sesgos  Dependen de postura  a la escala…de la persona  o la tendencia en cuestión.
En relación con optimismo y pesimismo,  el énfasis  en  enfatizar  las propuestas   defensivas o  las d e promoción , educacionales, de salud integral , no deja de estar relacionado con el optimismo y el  pesimismo, la ecuación que se da  en quienes  adhieren a las distintas propuestas.
Chesterton hace una observación interesante en torno a cómo ven el mal  pesimistas y optimistas. Quienes son pesimistas tienden a rebelarse, cuando predomina el optimismo  la respuesta es de extrañeza,
Detrás del optimismo -  pesimismo hay  equilibrios bioquímicos estados  de ánimo, hay modalidades de temperamento, carácter y personalidad,  hay biografías, hay contextos  culturales, hay ideologías.. .  De ese crisol al que s e agrega  un participante intuitivo  elusivo, de lo más íntimo de nuestra naturaleza,,  surge una actitud que va  permeando  la vida. Un lente más o menos pesimista u optimista.
La orientación pesimista siente fuertes los pasos del mal, tiende   a identificarlo con  algo  muy presente en lo esencial de la vida. En sus extremo,  percibe en la vida  un  polo  “malo”,   a lo mejor  hasta  predominante, en todo caso  inserto en la existencia de un modo  imposible de cambiar. La vida es  absurda,  tal vez  está a cargo  de  un ser   trascendente  “malo”. Hay dos mundos, dos polos , decían los cátaros.
La orientación  optimista , con diversos matices , ve la vida humana con un sentido, trascendente ,   con  o sin un cuerpo de creencias  que lo sustenten, religiosas, filosóficas, científicas , intuitivas.
Las y l os pesimistas no se  sorprenden ante el mal , se resignan, se indignan, tienden a no ver , a no esperar , a no perdonar , muchas veces a no comprometerse  para  enfrentar el mal.
Desde el optimismo, en mayor o menos grado, hay  aunque sea ademanes de extrañeza, “cómo puede pasar  esto     si…el fondo ,el sentido de la vida  es algo positivo. ..”
Puede  que  las y los afectados se queden en la pregunta. Puede que le den una explicación, en todo caso, lo que perciben como Mal no los aparta de  seguir  con vidas con sentido, amplio o  estrecho.
Todo trabajo  de  desarrollo personal y socio cultural parte del mínimo de optimismo.  Ese optimismo requiere conciencia de que  existen los problemas existenciales, sociales, culturales,  interpersonales  y personales.
El arte de vivir requiere el soporte de un optimismo  lúciido.
 Continuará

lunes, 23 de febrero de 2015

El Arte de Vivir 105


El Arte de Vivir 105

El arte de vivir y el mal
 Como todo arte, el arte de vivir es terreno de  naturales divergencia
En contraste con la ciencias ”duras”, la técnica, la señalética, la gramática y gran parte del sentido común, la filosofía, la educación, la psicología, la educación, la política, la espiritualidad, el arte… tienen dimensiones y temas muy abiertos a  divergencias, a veces bien profundas.
En el arte de vivir, por cierto, que se dan convergencias. Hay datos  objetivos, hay dominios indiscutibles  de la ciencia y de la lógica. No obstante, existen legítimas  diferencias en terrenos básicos, subjetivos.
Uno de ellos dice relación con la gran expectativa  sobre el sentido, Se separan pesimistas, escépticos, indiferentes,  optimistas…
 El tema pesimismo-optimismo es crucial, Invita, exige exponer los sesgos.
Los nuestros  han sido buen explícitos.  Son el énfasis  en la integración,  en abordar sin complejos la complejidad… en incluir la dimensión  poética  haciéndola entrar por la puerta principal, en la reiteración  en el valor de la amistad y en la condicíón  prioritaria del asombro, junto con el menor espacio  otorgado a los problemas, al  gran fantasma del mal, a los conflictos…
Todo ello  tiene un gran diagnóstico, a veces   descalificador : el optimismo.
Sí, el sesgo está asumido, estamos proponiendo una apertura  a un arte   de vivir  que  se identifica con la vida, biofísico, cercano  a la humanidad y  a la ecosofía, puestos en una  actitud positiva  hacia la existencia.
Es una orientación abierta, pero , claro , como todo quehacer  en que  tiene espacio la divergencia,  se apoya  en sesgos personales .
Es una orientación que pretende estar fundada.
Si lo cortés no quita lo valiente, el optimismo existencial social no quita el asumir la realidad  de los problema, de las imperfecciones , de los defectos,  de los males.
 Todavía más,  desde  el ángulo de miras de la salud integral, se trata de poner énfasis, hacer centro, en la promoción humana, pero no dejar de lado , integrarlo con la prevención y el diagnóstico tratamiento en sus diversos  matices.
El bosque de los problemas de la vida humana no deja ver el árbol  de la existencia-vida-humanidad.
Lo hemos  llamado sentido mágico y sentido poético de la vida y humanismo socio existencial. Es  una mirada que pone el mal como  una imperfección dentro de lo que es para  el ser humano el don  de ser existente, de  ser conciente, de ser creador,  de poder aportar a la vida, a la coexistencia.
 No se niega  el mal, se lo pone en perspectiva. Sí, en  mirada optimista. Optimista activa
Continuará