viernes, 15 de enero de 2016

Apuntes de Amistosofía 21

Apuntes de amistosofía 21
El Cuidado, guía de la Amistad
La perspectiva de Erich Fromm
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Para Erich Fromm hay diversos tipos de amor (materno, erótico, amor a sí mismo, amor a Dios, fraternal) uno de los cuales, el amor fraterno, se puede identificar con la amistad.
Fromm integra al Cuidado en los grandes constitu- yentes, requisitos o radicales del amor: Responsabilidad, Respeto, Conocimiento y Cuidado. Así, se lee en su muy conocido “Arte de Amar”:
“Además del elemento de dar, el carácter activo del amor se vuelve evidente en el hecho de que implica ciertos elementos básicos, comunes a todas las formas del amor. Esos elementos son: cuidado, responsabilidad, respeto y conocimiento.
Que el amor implica cuidado es especialmente evidente en el amor de una madre por su hijo. Ninguna declaración de amor por su parte nos parecería sincera si viéramos que descuida al niño, si deja de alimentarlo, de bañarlo, de proporcionarle bienestar físico; y creemos en su amor si vemos que cuida al niño. Lo mismo ocurre incluso con el amor a los animales y las flores. Si una mujer nos dijera que ama las flores y viéramos que se olvida de regarlas, no creeríamos en su «amor» a las flores. El amor es la preocupación activa por la vida y el crecimiento de lo que amamos. Cuando falta tal preocupación activa, no hay amor. La esencia del amor es «trabajar» por algo y «hacerlo crecer», el amor y el trabajo son inseparables. Se ama aquello por lo que se trabaja y se trabaja por lo que se ama.
El cuidado y la preocupación implican otro aspecto del amor: el de la responsabilidad. Hoy en día suele usarse ese término para denotar un deber, algo impuesto desde el exterior. Pero la responsabilidad, en su verdadero sentido, es un acto enteramente voluntario, constituye mi respuesta a las necesidades, expresadas o no, de otro ser humano. Ser «responsable» significa estar listo y dispuesto a «responder». La persona que ama, responde. La vida de su hermano no es sólo asunto de su hermano, sino propio.
Siéntese tan responsable por sus semejantes como por sí mismo. Tal responsabilidad, en el caso de la madre y su hijo, atañe principalmente al cuidado de las necesidades físicas. En el amor entre adultos, a las necesidades psíquicas de la otra persona.
La responsabilidad podría degenerar fácilmente en dominación y posesividad, si no fuera por un tercer componente del amor, el respeto. Respeto no significa temor y sumisa reverencia; denota, de acuerdo con la raíz de la palabra (respicere = mirar), la capacidad de ver a una persona tal cual es, tener conciencia de su individualidad única. Respetar significa preocuparse porque la otra persona crezca y se desarrolle tal como es. De ese modo, el respeto implica la ausencia de explotación. Quiero que la persona amada crezca y se desarrolle por sí misma, en la forma que les es propia y no para servirme. Si amo a la otra persona, me siento uno con ella, pero con ella tal cual es, no como yo necesito que sea, como un objeto para mi uso. Es obvio que el respeto sólo es posible si yo he alcanzado independencia; si puedo caminar sin muletas, sin tener que dominar ni explotar a nadie. El respeto sólo existe sobre la base de la libertad: El amor es hijo de la libertad, nunca de la dominación.
Respetar a una persona sin conocerla, no es posible; el cuidado y la responsabilidad serían ciegos si no los guiara el conocimiento. El conocimiento sería vacío si no lo motivara
la preocupación. Hay muchos niveles de conocimiento; el que constituye un aspecto del amor no se detiene en la periferia, sino que penetra hasta el meollo. Sólo es posible cuando puedo trascender la preocupación por mí mismo y ver a la otra persona en sus propios términos.
Puedo saber, por ejemplo, que una persona está encolerizada, aunque no lo demuestre abiertamente; pero puedo llegar a conocerla más profundamente aún; sé entonces que está angustiada, e inquieta; que se siente sola, que se siente culpable. Sé entonces que su cólera no es más que la manifestación de algo más profundo, y la veo angustiada e inquieta, es decir, como una persona que sufre y no como una persona enojada.
Pero el conocimiento tiene otra relación, más fundamental, con el problema del amor. La necesidad básica de fundirse con otra persona para trascender de ese modo la prisión de la propia separatividad se vincula, de modo íntimo, con otro deseo específicamente humano, el de conocer el «secreto del hombre». Si bien la vida en sus aspectos meramente biológicos es un milagro y un secreto, el hombre, en sus aspectos humanos, es un impenetrable secreto para sí mismo -y para sus semejantes-. Nos conocemos y, a pesar de todos los esfuerzos que podamos realizar, no nos conocemos. Conocemos a nuestros semejantes y, sin embargo, no los conocemos, porque no somos una cosa y tampoco lo son nuestros semejantes. Cuanto más avanzamos hacia las profundidades de nuestro ser, o el ser de los otros, más nos elude la meta del conocimiento. Sin embargo, no podemos dejar de sentir el deseo de penetrar en el secreto del alma humana, en el núcleo más profundo que es «él».

Apuntes de Amistosofía 22
El cuisado  guía dela Amistad
La Perspctiva de Erch  Fromm
2
Otro camino para conocer «el secreto» es el amor. El amor es la penetración activa en la otra persona, en la que la unión satisface mi deseo de conocer. En el acto de fusión, te conozco, me conozco a mí mismo, conozco a todos -y no
«conozco» nada-. Conozco de la única manera en que el conocimiento de lo que está vivo le es posible al hombre -por la experiencia de la unión- no mediante algún conocimiento proporcionado por nuestro pensamiento. El amor es la única forma de conocimiento, que, en el acto de unión, satisface mi búsqueda. En el acto de amar, de entregarse, en el acto de penetrar en la otra persona, me encuentro a mí mismo, me descubro, nos descubro a ambos, descubro al hombre. El anhelo de conocernos a nosotros mismos y de conocer a nuestros semejantes fue expresado en el lema délfico: «Conócete a ti mismo» Tal es la fuente primordial de toda psicología. Pero puesto que deseamos conocer todo del hombre, su más profundo secreto, el conocimiento corriente, el que procede sólo del pensamiento, nunca se puede satisfacer dicho deseo. Aunque llegáramos a conocernos muchísimo más, nunca alcanzaríamos el fondo. Seguiríamos siendo un enigma para nosotros mismos, y nuestros semejantes seguirían siéndolo para nosotros. La única forma de alcanzar el conocimiento total consiste en el acto de amar: ese acto trasciende el pensamiento, trasciende las palabras. Es una zambullida temeraria en la experiencia de la unión. Sin embargo, el conocimiento del pensamiento, es decir, el conocimiento psicológico, es una condición necesaria para el pleno conocimiento en el acto de amar. Tengo que conocer a la otra persona y a mí mismo objetivamente, para poder ver su realidad, o más bien, para dejar de lado las ilusiones, mi imagen irracionalmente deformada de ella. Sólo conociendo objetivamente a un ser humano, puedo conocerlo en su esencia última, en el acto de amar. Esta afirmación tiene una consecuencia importante para el papel de la psicología en la cultura occidental contemporánea. Si bien la gran popularidad de la psicología indica ciertamente interés en el conocimiento del hombre, también descubre la fundamental falta de amor en las relaciones humanas actuales. El conocimiento

psicológico se convierte así en un sustituto del conocimiento pleno del acto de amar, en lugar de ser un paso hacia él.
La experiencia de la unión, con el hombre, o, desde un punto de vista religioso, con Dios, no es en modo alguno irracional. Por el contrario, y como lo señaló Albert Schweitzer, es la consecuencia del racionalismo, su consecuencia más audaz y radical. Se basa en nuestro conocimiento de las limitaciones fundamentales, y no accidentales, de nuestro conocimiento. Es el conocimiento de que nunca «captaremos» el secreto del hombre y del universo, pero que podemos conocerlos, sin embargo, en el acto de amar. La psicología como ciencia tiene limitaciones, y así como la consecuencia lógica de la teología es el misticismo, así la consecuencia última de la psicología es el amor.
Cuidado, responsabilidad, respeto y conocimiento son mutuamente interdependientes. Constituyen un síndrome de actitudes que se encuentran en la persona madura; esto es, en la persona que desarrolla productivamente sus propios poderes, que sólo desea poseer los que ha ganado con su trabajo, que ha renunciado a los sueños narcisistas de omnisapiencia y omnipotencia, que ha adquirido humildad basada en esa fuerza interior que sólo la genuina actividad productiva puede proporcionar.”


jueves, 14 de enero de 2016

Desarrollo Personal y Cambio Cultural 25

Desarrollo Personal y Cambio Cultural 25
La Ecología del Yo y las grandes antinomias 6

Un cuarto gran referente, en esta modulación de polaridades, es el de la focalización y la multidimensionalidad. El cirujano se aboca con precisión a extraer un quiste de un lugar muy determinado del cerebro. De su capacidad de atención, de su rigor, depende la sobrevida, a lo mejor lúcida, de la persona operada. Un amigo presta oídos a un desahogo y llamado de ayuda de alguien que duda sobre si se separa de su pareja. Escucha, asimila los datos, supone cuáles son las emociones, pondera los afectos en juego, las personalidades de los protagonistas, piensa en el tema del dinero, en los posibles futuros de cada miembro de la pareja, en la suerte de los niños, en sus propios sesgos, en qué y cómo decir ahora lo que está pensando. En un momento dado este amigo debe ser muy preciso, focalizado, para decir, por ejemplo, seguimos hablando mañana, o pedir autorización para hablar con la pareja, o manifestarse con un abrazo. Pasada la operación, al cirujano se le preguntará, con ansiedad, sobre el futuro, sobre las posibilidades laborales y de recreación. Su actitud es importante. Su empatía, su seguridad, su capacidad de matizar, de discriminar qué le cuenta a quién. La precisión y la amplitud son, por separado, necesarias pero no suficientes, Se complementan, se completan. Debieran ser sinérgicas.
En el trabajo de desarrollo personal este equilibrio entre atención focal y apertura a las relaciones de las acciones y los hechos corresponde a una exigencia de madurez imprescindible. Pedimos seguimiento de disciplinas y también un poder disfrutar y crecer con lo sorpresivo, único, de cada instancia de la vida cotidiana. Invitamos a destinar un tiempo para la revisión diaria, una conversación con un determinado amigo, una visita a cierto lugar, una lectura muy definida. Por otro lado, recomendamos analizar un "guión" de interacciones con alguien, siguiendo toda la línea causal posible. Por ejemplo, tu jefe te habló en tono demasiado imperioso... bien, imagínate en qué estaba pensando en ese momento, antes, durante el día, ayer, cuáles han sido sus principales fuentes de interés en el último año, cuáles las de las personas que colaboran y participan de la vida de él, cómo fue su infancia... sus padres, su formación... los padres de sus padres.
Esta antinomia reproduce y amplía la perspectiva de la tensión entre autonomía humana y pertenencia. Toda la realidad puede ser vista desde el ángulo de que existe, a la "escala humana", la realidad de la separación, de las cosas claras y distintas cartesianas, junto a la de la integración, de que formamos un conjunto. Depende de si focalizarnos o relacionarnos. Tanto la focalización como la relación pueden ser sanas, integradoras, o reduccionistas, malogradoras de potencialidades de la vida.
El yo integrador se detiene, cuando es necesario, en la instancia específica, aprende, por ejemplo, cómo se va a un lugar y cuáles son las características del mismo, pero, también, se flexibiliza, absorbe las incidencias del camino, los paisajes, las conversaciones, se abre a lo inesperado de los encuentros y los hallazgos.




miércoles, 13 de enero de 2016

Desarrollo Personal y Cambio Cultural 24

Desarrollo Personal y Cambio Cultural 24

La Ecología del Yo y las grandes antinomias 5

Junto a lo individual y lo transindividual y al binomio compromiso y desapego, está la dicotomía seguridad y creatividad.

 Ahí se encuentran presentes dos dimensiones fundantes de la salud humana, la vulnerabilidad, los límites, la dependencia y, en el otro polo, la capacidad de innovar, de transformar, de apetecer lo nuevo.

 La seguridad es la gran necesidad derivada de la vulnerabilidad. Podemos dañamos, requerimos la mantención de ciertas condiciones del aire, de la temperatura, del trato, de la alimentación, del funcionamiento de los instrumentos, de las normas sociales, de las leyes de la realidad, de los vínculos significativos. No podemos evitar el tener reacciones de inseguridad con diversas expresiones emocionales. Somos todos más o menos inseguros, con mayor o menor percepción, preocupación, manifestación de ello en afectos y representaciones, en las distintas facetas de la vida. La fantasía de una seguridad absoluta equivaldría a un no vivir el para sí, a no contar con una conciencia lúcida.

Habitualmente usamos el término creatividad con el sesgo correspondiente a dejar pasar "por el ojo de la aguja" solo a los artistas, investigadores y personas muy especiales, originales. El resto seríamos "no creativos", Sin embargo, el ser vivo, por definición, crea, transforma. Esa “forma" puede no ser particularmente atrayente, útil, bella, original, pero es "nueva", es producida, producto. Algo creado, "a escala humana", no viene de la nada o de otro mundo, es “transformación" realizada por humanos.

Sin proponernos, muchas veces sin valorizarlo, estamos siempre dedicándonos a la conservación y al cambio. Todos somos, más allá de las ideologías, tanto conservadores como progresistas... Eso es parte de nuestra salud, más o menos integrada. En la racionalidad integradora, el yo recupera su capacidad a intervenir,
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61 Juan Liscano. Espiritualidad y literatura. Una Relación Tormentosa. Ed. Seíx Barral. Madríd, 1976.
62                                                                                                                                                                        Rainer María Rilke. Cartas a un Joven Poeta. Ed. Obelisco, Barcelona. 1997.
63                                                                                                                                                                         
de intervenirse.

Ante la pretendida antinomia de la seguridad y la creatividad, se abre el arte de integrar, al servicio de la vida.

 No hay, por supuesto, en relación a estas tendencias y necesidades, un punto medio, una temperatura de 36 grados a mantener balanceada, un cierto equilibrio de iones, una cierta franja política; aquí reina la divergencia, dentro, a partir de un cierto umbral, el de la cohabitación, la coexistencia pacífica, sinérgica, de la seguridad y la creatividad. La metáfora puede ser el niño pequeño que sale feliz a pernoctar a casa de un amigo, en afán creativo, pero se resguarda, apela a su seguridad, llamando a la casa cada cierto tiempo.

La ecología del yo, guiando la salud integral, parte de lo constitutivo del ser humano y de la situación humana en pos de una apuesta, de una proposición, la del desarrollo integrado, como personas, vínculos, comunidades, humanidad, en armonía con la naturaleza, con referencia a la trascendencia. No podemos descartar ni la conservación ni la creatividad. Es lo que plantea Pániker desde una cosmovisión que invita a tener conciencia de los orígenes y de los caminos del futuro (.61) El punto es aprehender creadoramente lo conservable, la conciencia de riesgo, la sabiduría de los límites, junto con incorporar la seguridad en el disfrute de lo nuevo, de la aventura, de la experimentación, del cambio.

Yo te hablo como una persona comprometida con los cambios, con la humanización, con el nuevo paradigma, con la salud integral. Estoy convencido, que desde esa óptica, es imperativo, es consecuente, legitimar, aprender de lo conservador, buscar el diálogo. Todos los humanos estamos en la misma situación existencial, a todos nos toca participar de una crisis en la evolución de la vida.

Necesitamos asumir la realidad, el grado de actualización, el proyecto en relación a la seguridad y la creatividad de cada persona, de cada situación histórica. El autoritarismo, en su versión brutal y sangrienta, o en la muelle, adormecedora, del consumo y la técnica, está desequilibrando la vida en favor de una presunta seguridad a corto plazo. La creatividad de investigadores y de publicistas empuja a la humanidad actual hacia un desarrollo sin la creatividad de fondo requerida para proteger y enriquecer la vida. Lo dijo Cumming: "El progreso es una enfermedad confortable". Creatividad y seguridad son radicales absolutamente necesarios para encarar lo que Edgar Morin llamara, en un libro antiguo que no ha perdido actualidad, “una política del hombre"."
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63 Salvador Pániker. Aproximación al origen. Ed. Kairos. Barcelona. 1985.
64                                                                                                                                                                      Edgar Morin. Por una Política del Hombre. Ed. Extemporáneos. México. 197 1.





martes, 12 de enero de 2016

Desarrollo Personal y Cambio Cultural 23

Desarrollo Personal y Cambio Cultural  23
El Yo Integrador y las grandes Antinomias 4

La superación, la elaboración, de la antinomia entre lo individual y lo "transindividual" es parte de las necesidades culturales de una sociedad que necesita dejar atrás los reduccionismos y los estigmas hacia quienes, minoría diferenciada, aportan a la vida desde del ámbito del desarrollo personal o el de trabajar, o señalar, perspectivas para el cambio socio‑ecológico.
Otra gran necesidad, muy presente en la época de la globalización y occidentalización del mundo, es el encuentro entre el compromiso y el desapego.
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60  Jean Paul Sarire. The Trascendence of the Ego. The Noonday Press. N. York. 1957.
Estamos en un plano de implicación de la ciudadanía cualitativamente distinto al de otros períodos de la historia. Lo individual y lo no individual han tenido un enfrentamiento franco, directo, afectando a la población como conjunto, con expresiones en las disputas políticas y en las guerras. El compromiso y el desapego son valores propios de minorías. La humanidad realmente existente se compromete a fondo en contadas ocasiones y no suele desapegarse más allá del dominio reducido de los místicos o los grandes protagonistas de acciones comunitarias. El compromiso es, en gran medida, un fruto, escaso, de la cultura occidental. El desapego, de la orienta]. Es difícil separar esta dualidad del terreno de los encuentros y desencuentros entre la trascendencia y la inmanencia, están entreverados. En el desapego lo central es un "dejar" lo inmanente, lo egoico, la posesividad. En el compromiso se da un abocarse, un ponerse en algo; hay un objeto, se trascienden otros intereses, problemas propios de la tarea, para realizar el poder de enfrentarla. En el desapego se trascienden los apegos posibles a la instancia en cuestión. En el compromiso se trascienden las tendencias centrípetas con respecto al objeto. Como lo estarás pensando, esa trascendencia aproxima a las dos vivencias. Al comprometerse se da un des‑apego de tentaciones, de dispersiones, de fatigas. En el desapego emerge el compromiso con el no poseer, no intervenir. Desde la ecología del yo se clarifica la diferencia. En el compromiso, el yo está activo, conductor, presente. En el desapego el yo pierde exaltación, se retira. Ocurre que esa retirada requiere compromiso, mientras que el compromiso genuino es un desapego, el hacer algo por realizar una tarea, un servicio, no para sí.

El compromiso muestra la cara más inmanente, más empírica del yo. El desapego, la más esencial, trascendente. En el compromiso desapegado se logra una sinergia, una integración del yo esencial y el empírico; se trabaja, se aporta, pero sin la búsqueda de poder, de beneficio individual, con capacidad de renunciar a cualquier privilegio, de ceder el lugar a otro.

El trabajo comunitario, las tareas de educación, de atención médica, la práctica de la investigación, la acción política profunda, estilo Gandhi o Luther King, requieren y aportan esta combinación, equilibrio entre estos dos desarrollos de salud positiva, integral. De ahí, como hemos dicho, su valor en el encuentro de paradigmas. En el arte encontramos, con frecuencia, un compromiso parcial, con el proceso creativo, con la obra. Un trascender reflejado en la obra, acompañado por una irresistible posesividad, apego. Es, muchas veces, como si no hubiera relación entre una obra destilando compromiso desapegado y una actitud personal autorreferida, sin compromiso trascendente, sin desapego de lo hecho. Hay muchas formas de explicar este desencuentro entre arte y espiritualidad. 61 Lo que se desprende del trabajo en desarrollo personal y en psicoterapia con artistas es una especie de posesión, de invasión intensa irresistible, acomodándose la interpretación posible a los consejos de Rilke: "escribe si ello te es imperioso, si no puedes dejar de hacerlo” 62 El artista genuino se ve dominado por su creación, no puede dejar de hacerlo. Su aparente falta de compromiso y de desapego es el resultado de esta ocupación de su centro por el inconsciente creativo, demandante, posesivo.