Lo Cotidiano y
lo Universal 37
Eduardo Galeano
Ayer falleció
Eduardo Hughes Galeano, conocido por
su apellido materno Un escritor en la cotidianidad de muchos, uruguayo,
latinoamericano y universal.
Periodista, escritor, defensor de la justicia y de los derechos humanos. Fue editor de
la revista Marcha de Uruguay y de
Crisis , Argentina. Hasta su
fallecimiento colaboró en Brecha,
la continuadora de Marcha. Escribió 42 libros, de los cuales
son especialmente
queridos Las Venas Abiertas
de Amétrica Latina y Memoria del
Fuego.
Con Benedetti y
José Mujica integra el gran trío del Uruguay que forma parte del imaginario
mundial. Contemporáneo.
El 2013
estuvo en nuestro país con
motivo de haber recibido el premio Naitún de la Corporación Arte y Ecología.
Publicamos dos
textos, el primero de los cuales
apareció hace un tiempo en
nuestras notas, a propósito del tema del Cuidado.
Una
narración de Ernesto Galeano
Tal como se podría
decir, con Fromm, que en el Amor convergen, hacer sinergia, el
conocimiento, la responsabilidad, el respeto y el cuidado, al
cuidado confluyen la
empatía, la dedicación, la responsabilidad, el conocimiento y esa pertenencia a
lo propio del ser humano destacada en el mito de Higino y en las palabras de Rollo May .
El leer, imaginar, permitirse el recordar, asociar, intuir, acercándose a esta
narración de Galeano,
contribuye a las visiones y conversaciones sobre la relación de la empatía
con el cuidado .
Una narración de Galeano en
que se integra el cuidado, el servicio y el amor al llamado de la empatía.
Tres días de parto y el hijo no salía:
--Ta trancado. El negrito ta trancado- dijo el
hombre.
El venía de un rancho perdido en los campos.
Y el médico fue.
Maletín en mano, bajo el sol del mediodía, el
médico anduvo hacia la lejanía, hacia la soledad, donde todo parece cosa del
jodido destino, y llegó y vio.
Después se lo contó a Gloria Galván:
--“La mujer estaba en las últimas, pero todavía
jadeaba y sudaba y tenía los ojos muy abiertos. A mi me faltaba experiencia en
cosas así. Yo temblaba, estaba sin un criterio. Y en eso, cuando corrí la
cobija, vi un brazo chiquito asomando entre las piernas abiertas de la mujer.”
El médico se dio cuenta de que el hombre había
estado tirando. El bracito estaba despellejado y sin vida, un colgajo sucio de
carne seca, y el médico pensó :No hay nada que hacer.
Y sin embargo, quién sabe por qué, lo acarició.
Rozó con el dedo índice aquella cosa inerte y al llegar a la manito,
súbitamente la manito se cerró y le apretó el dedo con alma y vida.
“Me
parece admirable la capacidad que han tenido los indígenas de las Américas en
perpetuar una memoria que fue quemada, castigada, ahorcada, despreciada durante
cinco siglos. Y la humanidad entera tiene que estarle muy agradecida, porque
gracias a esa porfiada memoria sabemos que la tierra puede ser sagrada, que
somos parte de la naturaleza, que la naturaleza no termina en nosotros. Que hay
posibilidades de organizar la vida colectiva, formas comunitarias que no están
basadas en el dinero. Que la competencia contra el prójimo no es inevitable y
que el prójimo puede ser algo mucho más que un competidor. (Mitos de la memoria
del Fuego)
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