martes, 24 de octubre de 2017

Gacetilla Electrónica

Sandra Isabel Payán
Desde Formosa, Argentina

LA GACETILLAALEGRÉMICA(Julio Monsalvo)
Publicación semanal difundiendo noticias y sentipensares que visibilizan y anuncian un Mundo Saludable con Alegremia y Amistosofía
23 de Octubre de 2017
Nro.197
APOYO MUTUO EN COMUNIDAD
  Vivimos un emocionante encuentro comunitario en el Barrio Lote 111, de  la Ciudad de Formosa, Argentina.
Jóvenes que asisten al “Centro de Día Nueva Formosa”,  del Instituto de  Investigación, Asistencia y Prevención de las Adicciones, IAPA, visitaron a las vecinas y vecinos del Barrio para regalarles un sillón realizado por ellos mismos con maderas recicladas y para enseñarles a hacerlo!
Compartieron sus saberes con orgullo y generosidad. Y las vecinas compartieron su amor, su respeto y una práctica de digitopuntura.
A la semana siguiente, volvimos a celebrar el encuentro y ¡se culminó la elaboración del nuevo sillón!
  
Es así como reafirmamos los lazos que nos unen y la fuerza que nos dan para seguir construyendo mundos mejores.
Encontrarnos, que es conocernos, escucharnos, abrazarnos, mirarnos, acompañarnos y compartir nuestros saberes, nos permite saber quiénes Somos y todo lo que podemos hacer.
La vecina que ofrece su casa para el desarrollo de estos encuentros comunitarios, dice:  “… nunca se olviden que este es el lugar de ustedes, para que nos podamos unir, cuanto más somos mejor, porque se hacen cosas buenas y para el bien de todos…”
El apoyo mutuo es el sentimiento que con mayor fuerza se expresa en este lugar. Juntas y juntos vamos sabiendo que no estamos solas ni solos, y que sólo Somos en Comunidad!
¡Vamos por más Encuentros, que otros mundos ya están siendo posibles En nosotras y nosotros!!!
    
Sandra Isabel Payán
Programa Salud Comunitaria - Ministerio de la Comunidad
Formosa

lunes, 23 de octubre de 2017

Publicaciones Personales 11

Publicaciones Personales  11
El Asombro y la Amistosofía en  el Camino al Homo Sapiens(3)Por publicar en Co. Incidir  Ediciones

UNA MALA PESCA (2)
De El Niño , la Mirada y el Otro, 1965)
Juan buscó otra pregunta, con una sensación de saciedad, como un golpe de remache a un clavo fijo: un golpe gratuito.
Tío ¿a usted le gustaría pescar algo?
No, contestó el señor, tras una pausa un poco dolorosa. (Qué cerca estamos siempre de lo extraño y que raro es encontrarlo).
Por lo menos no con caña, explicó, hablando por primera vez sin pregunta previa. Desde que estoy aquí he pescado, sin embargo, con una caña que no se ve.
¿El aerolito? Preguntó el niño, esperando.
Sí, respondió el señor de inmediato, pero sin darle la importancia esperada.
¿Por qué no me lo muestras? Preguntó el niño, más curiosos que pedigüeño.
Lo tengo dentro de la lengua, explicó el señor, apartando un zancudo.
¿Y tú no lo vas a ver? preguntó el niño, personalmente desinteresado.
La sopa se puso a humear. La abuela encendió el fogón. El papá lavó sus manos, terminada la faena. Todo eso ocupa un buen rato. Fue cuando estuvo concluido que el señor dijo: No.
¿Por qué no, tío? Preguntó el niño, suelto, como si recién empezara a preguntar.
El señor, caña en mano, lo miró con aire de conocerlo desde hacía mucho tiempo.
Sería como suponer a tu mamá vaciando la sopa o a tu padre arrancando los clavos, respondió.
Pero tú ¿qué haces con la laguna? Preguntó el niño, halagado con la mención de su casa.
El diálogo se encogía sin huecos.
El tío respondió como si estuviera esperando la pregunta: le hago compañía con mi caña. A demás, siempre hay novedades: un aerolito, tus preguntas bajando por mi caña. No es difícil tener pescada una laguna.
Juan contó la conversación a sus padres, omitiendo decir que el señor demoraba tanto en contestar. La abuelita escuchaba soñolienta. Mirando a los tordos, contestó: a lo mejor el señor tenía guardado el aerolito desde antes y lo levantó para que lo viéramos caer.
Conviene pensar en lo que hablaste mientras esté calentito, dijo el papá.
Traes clavitos nuevos; no se van a salir, dijo la mamá.
Antes de retirarse, el pescador hizo un sapito en la laguna.


domingo, 22 de octubre de 2017

Publicaciones Personales 10

Publicaciones Personales 10
El Asombro y la Amistosofía en el Camino al Homo Sapiens  2
Por publicar en Co.Incidir Ediciones
Una mala pesca 1
 (De El Niño , la Mirada y el Otro, 1965)
A la memoria de Fernando Crenovich Cayó un aerolito en la laguna. Toda la familia fue a verlo, pero llegaron tarde. La laguna se había hecho dueña del aerolito y no quiso mostrarlo. En vista de eso el papá siguió, dele que suene, golpeando con el martillo; la mamá, fregando la olla; la abuelita, haciendo las camas. Juan siguió pensando en el aerolito.
En la laguna había un señor pescando, sin darle importancia al aerolito.
Juan se acercó a él. ¿Viste el aerolito, tío? No lo había visto antes pero era lógicamente un tío.
Estuvo ahí cuando caía el aerolito.
Estoy pescando, contestó el señor.
¿Podrías pescar el aerolito?
El pescador movió la caña y permaneció largo rato sin contestar. Luego dijo: no.
¿Por qué?
Porque estoy pescando, respondió el señor, dando un poco más de hilo.
¿Has pescado algo?
Largo intervalo durante el cual Juan pudo hacer un sapito con una piedra en la superficie del agua.
No, dijo al fin el pescador.
¿Crees que vas a pescar?
Pasó un zancudo. Después una abeja. Saludó un tordo. Cacareó una gallina.
Terminó por decir: no.
Las respuestas, no obstante su forma resumida, eran amables. Podían ser las de un tío.
Juan fue a ver a la gallina en su pequeña laguna de paja y regresó con un huevo calentito.¿Quieres? Está fresco.
El señor contestó cortésmente, sin hacerse esperar: no, gracias, estoy pescando.
Juan le abrió un hoyito al huevo en su punta puntiaguda y comenzó a beberlo.
Tío ¿dónde estará el aerolito?
La abeja y el zancudo se cruzaron sin saludarse. Ahora había una bandada de tordos. Juan alcanzó a terminar el huevo.
No sé, contestó el pescador; estaba pescando.
El papá seguía, dele que suene. Vio al niño conversando con el señor y entendió, de lejos, que todo estaba en su lugar. La abuelita, llegando después de Juan a despojar a la gallina de su huevo, admitió complacida que el niño se le había adelantado. La mamá terminaba de limpiar la olla y se preparaba para hacerla, nuevamente, parte y testigo de la sopa.
A estas alturas, la laguna era dueña, sin contar el aerolito, de dos sapitos tirados por Juan. La cáscara del huevo flotaba medio hundida, ya sin fuerzas; no era claro si le pertenecía o no.
Tío ¿usted está seguro de que se puede pescar en esta laguna?
La laguna se apoderó absolutamente del huevo. Un tordo se hizo añicos en el horizonte. La mamá inició la brega por la nueva sopa.

Juan esperó, indiferente al escurrir insistente del tiempo. Al cabo, el tío dijo, simplemente. No