Higia, Compañera de Esculapio
Luis Weinstein
HIGIA, Revista de Atención Primaria en Salud
Año 1, N°1, Julio 1993
Es hora de tener presente a Higia, la diosa de la salud, distinguiéndola y asumiendo, al mismo tiempo, su cercanía con Esculapio, el dios de la medicina. Salud y medicina son complementario, pero a menudo se les confunde y Esculapio, hijo, amante o padre de Higia, de acuerdo al tenor de las múltiples leyendas, pasa a ser el único visible, conocido o reconocido. La salud es más amplia que la medicina, discutimos los alcances del concepto, pero tenemos consenso en que no se identifica con la medicina, la medicina es uno de los factores que contribuyen a la salud. Higia no puede estar supeditada a Esculapio, o es su igual o es su guía conductor.
Es hora de tener presente a Higia, aunque ya no se la adora en el templo romano de Minerva Médica, no se le rinde culto en el altar que el escultor Pirro hiciera en honor de Atenea Higia, alrededor del 428 antes de Cristo en agradecimiento por haberles librado de una peste, se han hecho vagos e inciertos los orígenes de lo que empezó, como reverencia a esta diosa, en Sicione y luego se expresó en estatuas en Atenas, Argos, Gortina, Corinto y Aropa.
Higia, Higea, Higeia… se podría seguir con muchas variantes del nombre y sobre todo, explicitar su nexo con la higiene, la ciencia, el conjunto de disciplinas que contribuyen al buen vivir. Para la Grecia clásica salud era un estado de equilibrio que dependerá del buen cuidado de la mente y del cuerpo, de la dieta, del reposo, del sueño, de la gimnasia, el estudio y la música.
Higia, diosa de la salud, matriz de la higiene, simboliza la unión de la salud, del estar bien, de la cotidianidad plena, de la actualización de las capacidades físicas, psíquicas, ecológicas y espirituales, con la higiene la intervención en la vida, las normas, prácticas, valores y conocimientos que contribuyen a ese estar bien.
Higia representa, por tanto, un puente entre la promoción, la prevención y las actividades integradoras de la atención médica con la vida sana, en general, y la participación comunitaria en el desarrollo local y en la gestión de los proyectos cotidianos. Puede ser un símbolo tanto para la estrategia de atención primaria, como para las ideas fuerza de medicina integral y de salud integral.
Se representa a Higia como una joven, bella, con una copa en la mano, vestida con una túnica, portando una corona. Mujer joven, Higia es expresión de una visión abierta de la sociedad y de las tareas de salud, convencida de que la juventud es la edad de los ideales y de la fuerza vital, no sólo espacio de violencia y adicciones, atenta a los aportes de las mujeres mayoritarios en el trabajo en los consultorios y en la comunidad, en la construcción de una sociedad sensible, solidaria, a la vez autónoma y participativa. Acompañemos a Higia a la salud, a la higiene, a tener su espacio, el lugar que le corresponde en la sociedad, en la política, en la cotidianidad, a avanzar a una relación de iguales, de colaboración, con Esculapio con la medicina.
En este blog publicaré artículos, libros, informaciones sobre cursos, actividades de grupo y eventos.
martes, 5 de abril de 2011
domingo, 3 de abril de 2011
Diario Chispas Mitos
La Violeta
Hay algo claro. A Zeus la gustaba Io, sacerdotisa de Hera, su señora esposa. Hasta ahí se da el acuerdo. Luego, el gran disenso ¿ Quién la transformó en ternera, el marido para protegerla de los celos de su bien sufrida esposa , o la cónyuge del Dios supremo con el fin de garantizar la seguridad de su subalterna? El curriculum de la pareja aconseja inclinarse por la segunda alternativa. Zeus deseó y obtuvo los favores de Io. Hera lo supo o estaba en condiciones de saberlo y Zeus, más propenso a resguardar su tranquilidad hogareña que al desafío de la continuidad de sus múltiples vínculos amorosos, optó transformar a Io en ternera, por lo menos hasta nuevo aviso
Io, ternera con memoria humana, pasaba muy triste recordando su vida anterior y, en el centro de ella, a su ilustrísimo amante.
Tan deprimida estaba, que tocó el corazón de Cibeles, diosa de la tierra, quien hizo crecer alrededor suyo una serie de flores con expresión de perplejidad, aptas para que viera en ellas las figuras de seres queridos .Esas flores son las violetas. Muy pequeñas para que contemplara en toda su grandeza a su augusto amante, Cibeles creo los pensamientos, más prestos a la imaginería.
Hasta ahí las violetas, no así la violencia. Han dicho algunos que cuentan lo que otros dicen, coincidiendo con otros que sin querer queriendo van inventando cosas , que Io, ternera y todo, siguió siendo objeto de la guerra no declarada del matrimonio olímpico en el poder. Hera, suspicaz, puso un guardia de vigilante de su ex servidora. Zeus , eficaz, encomendó a Hermes que diera cuenta del guardia, cosa que el gran comunicador llevó a efecto sin dificultades. Hera, indignada, derivó su ira en una persecución de la ex sacerdotisa que hizo que , en sus cuatros extremidades, Io huyera, huyera, hasta llegar a Egipto. Allí, la reencontró Zeus, la reintegró a su condición anterior, le hizo el amor, amor cósmico, hasta el punto de conmover a los cocodrilos del Nilo y, mucho antes que naciera su hijo, partió en busca de nuevas responsabilidades y aventuras.
Io quedó ahora abierta al mundo, de buen ánimo, madre soltera, más cercana a las violetas que a los pensamientos.
Hay algo claro. A Zeus la gustaba Io, sacerdotisa de Hera, su señora esposa. Hasta ahí se da el acuerdo. Luego, el gran disenso ¿ Quién la transformó en ternera, el marido para protegerla de los celos de su bien sufrida esposa , o la cónyuge del Dios supremo con el fin de garantizar la seguridad de su subalterna? El curriculum de la pareja aconseja inclinarse por la segunda alternativa. Zeus deseó y obtuvo los favores de Io. Hera lo supo o estaba en condiciones de saberlo y Zeus, más propenso a resguardar su tranquilidad hogareña que al desafío de la continuidad de sus múltiples vínculos amorosos, optó transformar a Io en ternera, por lo menos hasta nuevo aviso
Io, ternera con memoria humana, pasaba muy triste recordando su vida anterior y, en el centro de ella, a su ilustrísimo amante.
Tan deprimida estaba, que tocó el corazón de Cibeles, diosa de la tierra, quien hizo crecer alrededor suyo una serie de flores con expresión de perplejidad, aptas para que viera en ellas las figuras de seres queridos .Esas flores son las violetas. Muy pequeñas para que contemplara en toda su grandeza a su augusto amante, Cibeles creo los pensamientos, más prestos a la imaginería.
Hasta ahí las violetas, no así la violencia. Han dicho algunos que cuentan lo que otros dicen, coincidiendo con otros que sin querer queriendo van inventando cosas , que Io, ternera y todo, siguió siendo objeto de la guerra no declarada del matrimonio olímpico en el poder. Hera, suspicaz, puso un guardia de vigilante de su ex servidora. Zeus , eficaz, encomendó a Hermes que diera cuenta del guardia, cosa que el gran comunicador llevó a efecto sin dificultades. Hera, indignada, derivó su ira en una persecución de la ex sacerdotisa que hizo que , en sus cuatros extremidades, Io huyera, huyera, hasta llegar a Egipto. Allí, la reencontró Zeus, la reintegró a su condición anterior, le hizo el amor, amor cósmico, hasta el punto de conmover a los cocodrilos del Nilo y, mucho antes que naciera su hijo, partió en busca de nuevas responsabilidades y aventuras.
Io quedó ahora abierta al mundo, de buen ánimo, madre soltera, más cercana a las violetas que a los pensamientos.
lunes, 28 de marzo de 2011
Diario Chispas Fábulas
UNA MALA PESCA
( De “El Niño, la Mirada y el Otro”
A la memoria de Fernando Crenovich
Cayó un aerolito en la laguna. Toda la familia fue a verlo, pero llegaron tarde. La laguna se había hecho dueña del aerolito y no quiso mostrarlo.
En vista de eso el papá siguió, dele que suene, golpeando con el martillo; la mamá, fregando la olla; la abuelita, haciendo las camas.
Juan siguió pensando en el aerolito.
En la laguna había un señor pescando, sin darle importancia al aerolito.
Juan se acercó a él. ¿Viste el aerolito, tío? No lo había visto antes pero era lógicamente un tío. Estuvo ahí cuando caía el aerolito.
Estoy pescando, contestó el señor.
¿Podrías pescar el aerolito?
El pescador movió la caña y permaneció largo rato sin contestar. Luego dijo: no.
¿Por qué?
Por que estoy pescando, respondió el señor, dando un poco más de hilo.
¿Has pescado algo?
Largo intervalo durante el cual Juan pudo hacer un sapito con una piedra en la superficie del agua. No, dijo al fin el pescador.
¿Crees que vas a pescar?
Pasó un zancudo. Después una abeja. Saludó un tordo. Cacareó una gallina.
Terminó por decir: no. Las respuestas, no obstante su forma resumida, eran amables. Podían ser las de un tío.
Juan fue a ver a la gallina en su pequeña laguna de paja y regresó con un huevo calentito.¿Quieres? Está fresco.
El señor contestó cortésmente, sin hacerse esperar: no, gracias, estoy pescando.
Juan le abrió un hoyito al huevo en su punta puntiaguda y comenzó a beberlo.
Tío ¿dónde estará el aerolito?
La abeja y el zancudo se cruzaron sin saludarse. Ahora había una bandada de tordos. Juan alcanzó a terminar el huevo. No sé, contestó el pescador; estaba pescando.
El papá seguía, dele que suene. Vio al niño conversando con el señor y entendió, de lejos, que todo estaba en su lugar. La abuelita, llegando después de Juan a despojar a la gallina de su huevo, admitió complacida que el niño se le había adelantado. La mamá terminaba de limpiar la olla y se preparaba para hacerla, nuevamente, parte y testigo de la sopa.
A estas alturas, la laguna era dueña, sin contar el aerolito, de dos sapitos tirados por Juan. La cáscara del huevo flotaba medio hundida, ya sin fuerzas; no era claro si le pertenecía o no.
Tío ¿usted está seguro de que se puede pescar en esta laguna?
La laguna se apoderó absolutamente del huevo. Un tordo se hizo añicos en el horizonte. La mamá inició la brega por la nueva sopa. Juan esperó, indiferente al escurrir insistente del tiempo. Al cabo, el tío dijo, simplemente. No. Juan buscó otra pregunta, con una sensación de saciedad, como un golpe de remache a un clavo fijo: un golpe gratuito.
Tío ¿a usted le gustaría pescar algo?
No, contestó el señor, tras una pausa un poco dolorosa. (Qué cerca estamos siempre de lo extraño y que raro es encontrarlo).
Por lo menos no con caña, explicó, hablando por primera vez sin pregunta previa. Desde que estoy aquí he pescado, sin embargo, con una caña que no se ve.
¿El aerolito? Preguntó el niño, esperando.
Sí, respondió el señor de inmediato, pero sin darle la importancia esperada.
¿Por qué no me lo muestras? Preguntó el niño, más curiosos que pedigüeño.
Lo tengo dentro de la lengua, explicó el señor, apartando un zancudo.
¿Y tú no lo vas a ver? preguntó el niño, personalmente desinteresado.
La sopa se puso a humear. La abuela encendió el fogón. El papá lavó sus manos, terminada la faena. Todo eso ocupa un buen rato. Fue cuando estuvo concluido que el señor dijo: No.
¿Por qué no, tío? Preguntó el niño, suelto, como si recién empezara a preguntar.
El señor, caña en mano, lo miró con aire de conocerlo desde hacía mucho tiempo. Sería como suponer a tu mamá vaciando la sopa o a tu padre arrancando los clavos, respondió.
Pero tú ¿qué haces con la laguna? Preguntó el niño, alagado con la mención de su casa.
El diálogo se encogía sin huecos. El tío respondió como si estuviera esperando la pregunta: le hago compañía con mi caña. A demás, siempre hay novedades- un aerolito, tus preguntas bajando por mi caña. No es difícil tener pescada una laguna.
Juan contó la conversación a sus padres, omitiendo decir que el señor demoraba tanto en contestar. La abuelita escuchaba soñolienta. Mirando a los tordos, contestó: a lo mejor el señor tenia guardado el aerolito desde antes y lo levantó para que lo viéramos caer.
Conviene pensar en lo que hablaste mientras esté calentito, dijo el papá.
Traes clavitos nuevos; no se van a salir, dijo la mamá.
Antes de retirarse, el pescador hizo un sapito en la laguna.
( De “El Niño, la Mirada y el Otro”
A la memoria de Fernando Crenovich
Cayó un aerolito en la laguna. Toda la familia fue a verlo, pero llegaron tarde. La laguna se había hecho dueña del aerolito y no quiso mostrarlo.
En vista de eso el papá siguió, dele que suene, golpeando con el martillo; la mamá, fregando la olla; la abuelita, haciendo las camas.
Juan siguió pensando en el aerolito.
En la laguna había un señor pescando, sin darle importancia al aerolito.
Juan se acercó a él. ¿Viste el aerolito, tío? No lo había visto antes pero era lógicamente un tío. Estuvo ahí cuando caía el aerolito.
Estoy pescando, contestó el señor.
¿Podrías pescar el aerolito?
El pescador movió la caña y permaneció largo rato sin contestar. Luego dijo: no.
¿Por qué?
Por que estoy pescando, respondió el señor, dando un poco más de hilo.
¿Has pescado algo?
Largo intervalo durante el cual Juan pudo hacer un sapito con una piedra en la superficie del agua. No, dijo al fin el pescador.
¿Crees que vas a pescar?
Pasó un zancudo. Después una abeja. Saludó un tordo. Cacareó una gallina.
Terminó por decir: no. Las respuestas, no obstante su forma resumida, eran amables. Podían ser las de un tío.
Juan fue a ver a la gallina en su pequeña laguna de paja y regresó con un huevo calentito.¿Quieres? Está fresco.
El señor contestó cortésmente, sin hacerse esperar: no, gracias, estoy pescando.
Juan le abrió un hoyito al huevo en su punta puntiaguda y comenzó a beberlo.
Tío ¿dónde estará el aerolito?
La abeja y el zancudo se cruzaron sin saludarse. Ahora había una bandada de tordos. Juan alcanzó a terminar el huevo. No sé, contestó el pescador; estaba pescando.
El papá seguía, dele que suene. Vio al niño conversando con el señor y entendió, de lejos, que todo estaba en su lugar. La abuelita, llegando después de Juan a despojar a la gallina de su huevo, admitió complacida que el niño se le había adelantado. La mamá terminaba de limpiar la olla y se preparaba para hacerla, nuevamente, parte y testigo de la sopa.
A estas alturas, la laguna era dueña, sin contar el aerolito, de dos sapitos tirados por Juan. La cáscara del huevo flotaba medio hundida, ya sin fuerzas; no era claro si le pertenecía o no.
Tío ¿usted está seguro de que se puede pescar en esta laguna?
La laguna se apoderó absolutamente del huevo. Un tordo se hizo añicos en el horizonte. La mamá inició la brega por la nueva sopa. Juan esperó, indiferente al escurrir insistente del tiempo. Al cabo, el tío dijo, simplemente. No. Juan buscó otra pregunta, con una sensación de saciedad, como un golpe de remache a un clavo fijo: un golpe gratuito.
Tío ¿a usted le gustaría pescar algo?
No, contestó el señor, tras una pausa un poco dolorosa. (Qué cerca estamos siempre de lo extraño y que raro es encontrarlo).
Por lo menos no con caña, explicó, hablando por primera vez sin pregunta previa. Desde que estoy aquí he pescado, sin embargo, con una caña que no se ve.
¿El aerolito? Preguntó el niño, esperando.
Sí, respondió el señor de inmediato, pero sin darle la importancia esperada.
¿Por qué no me lo muestras? Preguntó el niño, más curiosos que pedigüeño.
Lo tengo dentro de la lengua, explicó el señor, apartando un zancudo.
¿Y tú no lo vas a ver? preguntó el niño, personalmente desinteresado.
La sopa se puso a humear. La abuela encendió el fogón. El papá lavó sus manos, terminada la faena. Todo eso ocupa un buen rato. Fue cuando estuvo concluido que el señor dijo: No.
¿Por qué no, tío? Preguntó el niño, suelto, como si recién empezara a preguntar.
El señor, caña en mano, lo miró con aire de conocerlo desde hacía mucho tiempo. Sería como suponer a tu mamá vaciando la sopa o a tu padre arrancando los clavos, respondió.
Pero tú ¿qué haces con la laguna? Preguntó el niño, alagado con la mención de su casa.
El diálogo se encogía sin huecos. El tío respondió como si estuviera esperando la pregunta: le hago compañía con mi caña. A demás, siempre hay novedades- un aerolito, tus preguntas bajando por mi caña. No es difícil tener pescada una laguna.
Juan contó la conversación a sus padres, omitiendo decir que el señor demoraba tanto en contestar. La abuelita escuchaba soñolienta. Mirando a los tordos, contestó: a lo mejor el señor tenia guardado el aerolito desde antes y lo levantó para que lo viéramos caer.
Conviene pensar en lo que hablaste mientras esté calentito, dijo el papá.
Traes clavitos nuevos; no se van a salir, dijo la mamá.
Antes de retirarse, el pescador hizo un sapito en la laguna.
domingo, 27 de marzo de 2011
Una Fábula de Fábulas Abiertas ,1978
EL PARTO DE ELLA MISMA
De “Fábulas Abiertas”
La montaña empezó a sentir contracciones íntimas. Al principio, distanciadas, confusas, opacas. Luego, cada vez más cercanas, más nítidas, más brillantes hasta tomar en ritmo encantador…. Uno, dos, tres y la pausa amable, entera, comprensiva.
¿Recuerdas? La querían ayudar, palpándole la nieve, aquellos valles, las mesetas conocidas. Era tiempo de parto, aunque el sol se distraía y las amapolas enrojecían como siempre.
Urgencia en el respirar. Aquel sonido anhelante. El llamado de las entrañas se hacia presente creciendo, tibio, vivo.
Entonces, el tiempo se ensanchó y, relajándose, la montaña nació de nuevo, mientras, como un ratoncillo gris, se alejaban los años gastados.
De “Fábulas Abiertas”
La montaña empezó a sentir contracciones íntimas. Al principio, distanciadas, confusas, opacas. Luego, cada vez más cercanas, más nítidas, más brillantes hasta tomar en ritmo encantador…. Uno, dos, tres y la pausa amable, entera, comprensiva.
¿Recuerdas? La querían ayudar, palpándole la nieve, aquellos valles, las mesetas conocidas. Era tiempo de parto, aunque el sol se distraía y las amapolas enrojecían como siempre.
Urgencia en el respirar. Aquel sonido anhelante. El llamado de las entrañas se hacia presente creciendo, tibio, vivo.
Entonces, el tiempo se ensanchó y, relajándose, la montaña nació de nuevo, mientras, como un ratoncillo gris, se alejaban los años gastados.
sábado, 26 de marzo de 2011
Diario Chispas De mi último libro
Maternidad y Amor de la Eternidad
( De “Fabulillas Inconclusas”) A vproósito delo texto de mi 4 por veinte
Como una gran madre, la eternidad contempla a los hijos que tiene con el tiempo.
La pareja es complementaria .
Ella inspira, elije, ,contempla y, suavemente , da de mamar la realidad, manteniendo , amorosamente, ciertas constantes , entre ellas la tibieza y la hipnosis propias de la familiaridad.
Él es cercano al existir, al obrar de sus hijos, la materia, las cosas, los minerales, los vegetales, los animales, los humanos, los brotes post humanos.
En la complicidad de la pareja está hacer el amor sin mayor remilgo, sin falsos pudores, diversa y creativamente, contando para ello con todo el universo, con los multiversos. Los existentes y los posibles.
Al parecer ,la Tierra les pone románticos y ella llega al climax con la maternidad humana, cuando se asoma al llanto de un niño, cuando éste escucha un cuento como cruzando la frontera de lo sagrado, cuando madre y niño entran , misterio adentro, al asombro de ser .
( De “Fabulillas Inconclusas”) A vproósito delo texto de mi 4 por veinte
Como una gran madre, la eternidad contempla a los hijos que tiene con el tiempo.
La pareja es complementaria .
Ella inspira, elije, ,contempla y, suavemente , da de mamar la realidad, manteniendo , amorosamente, ciertas constantes , entre ellas la tibieza y la hipnosis propias de la familiaridad.
Él es cercano al existir, al obrar de sus hijos, la materia, las cosas, los minerales, los vegetales, los animales, los humanos, los brotes post humanos.
En la complicidad de la pareja está hacer el amor sin mayor remilgo, sin falsos pudores, diversa y creativamente, contando para ello con todo el universo, con los multiversos. Los existentes y los posibles.
Al parecer ,la Tierra les pone románticos y ella llega al climax con la maternidad humana, cuando se asoma al llanto de un niño, cuando éste escucha un cuento como cruzando la frontera de lo sagrado, cuando madre y niño entran , misterio adentro, al asombro de ser .
viernes, 25 de marzo de 2011
Diario Chispas cuatro veces veinte
Gracias al Asombro y al Cuidado
Luis Weinstein
Marzo 2011
(Enterando 20 veces 4 años)
“Yo ví en un sueño una ciudad invencible a los ataques de todo el resto de la tierra.
Soñé que era la ciudad nueva de los Amigos.
Nada en ella era más grande que la calidad del amor robusto: este superaba a todo lo demás.
Se le veía a todas horas en los actos de los hombres de aquella ciudad
Y en todas sus miradas y palabras. “
( Walt Whitman)
“Si un hombre atravesara el Paraíso en un sueño y le dieran una flor como prueba de que había estado allí y si al despertar encontrara esa flor en su mano…¿entonces, qué?”
( Coleridge)
“Una vez en que el Cuidado se dispuso a cruzar un río, vió un poco de arcilla, recogió, pensativo, algo de ese material y comenzó a darle forma. Mientras meditaba sobre lo que había hecho, se presentó Júpiter y Cuidado le pidió que le confiriera espíritu, a lo que el dios accedió de buen grado. Sin embargo, cuando Cuidado quiso dar su propio nombre a la nueva creatura, Júpiter se opuso y exigió que se le diera en cambio el suyo. Mientras el Cuidado y Júpiter disputaban, apareció la Tierra, que quiso que se le diera su nombre a la creatura, puesto que ella había suministrado el material para formar su cuerpo. Entonces, pidieron a Saturno que oficiara de árbitro y éste pronunció la siguiente decisión, que parecía justa: puesto que tú, Júpiter, le diste su espíritu, recibirás ese espíritu a la muerte de la creatura, y puesto que tu, Tierra, le diste el cuerpo, recibirás su cuerpo . Ahora, como Cuidado fue quien primero dió forma a ese cuerpo, lo poseerá mientras viva, Y como todavía disputáis sobre el nombre que haya de dársele, llámesele homo pues está hecho de humus( tierra)”
( Heidegger citando una Fábula de Higinio)
Asombro, cuidado, amistad…Siento que desde el fin de los primeros cuatro años la mayoría nunca ha estado muy lejos de sentir la emoción de asombro expresada por Coleridge, el ¿entonces, qué? Seguramente, Coleridge estaría de acuerdo en que con el interrogante radical sobre el “qué” estamos entrando al misterio, al terreno del sentimiento poético de la vida.
Desde muy temprano y hasta cualquiera juventud, desde el uno por veinte al seis por veinte se tiende a sentir un inmenso deseo de que exista la ciudad, el mundo de amigos, se experimenta alegría por la existencia de la amistad , en mi caso por ustedes, por mis otras amistades .
Creo que necesitamos una cultura en que el Asombro se integre con el Cuidado para el desarrollo de la amistad en las casas, en las plazas, en las esuelas, en los centros de salud , en las ciudades, en el tránsito hacia el fin de las fronteras, en el mundo… en la apertura a las preguntas últimas y la responsabilidad por completar el regalo del ser, por avanzar hacia el homo sapiens. Asombro y cuidado: Allí hay una posible alquimia para la construcción de la democracia profunda, la ecológica, la de la unidad en la diversidad .La de la amistad.
Trataré de transmitir algo de ese deseo en son de amistad, de dar las gracias a ustedes , las amistades que están y aquellas que no están aquí. La Amistad, o sea, esa forma de cumplir con la propuesta de Tagore:” La vida nos la dan y la agradecemos dándola”. La amistad que incluye, que cultiva ,la gracia, las gracias.
Cuida el Asombro, Asómbrate del Cuidado
Cuida la mirada de asombro al ser, al tú, al yo, al nosotros, al lo otro.
Cuida el corazón de la amistad y su guiño de magia de conmovedoras sorpresas.
Cuida el tiempo del descuido, el olvidado del asombro.
Cuida el tiempo vivo, el admirado por una perpleja eternidad.
Cuida la sonrisa entrañable del azul de la pregunta.
Cuida el gris derramado, en desgano de asombro ,día a día.
Cuida el instante admirable del encuentro, el de la coincidencia significativa, el de la confianza profunda, el del momento alto palpitante de sentido.
Cuida esa dimensión misteriosa de la existencia que, para llamarla de alguna manera, por ahora le decimos amor.
Asómbrate del cuidado tejido por la historia humana y la de la naturaleza.
Asómbrate de cuán cuidadosa la vida recibe a los niños.
Asómbrate del cuidado con la muerte vecina y su rumor sostenido.
Asómbrate del cuidado en pleno espesor del silencio, de la contemplación, de la meditación, de la noche estrellada, del vuelo del violín, de los dibujos de la mariposa, del concierto de las musas.
Asómbrate del cuidado con las brasas humeantes del sentido.
Asómbrate del cuidado del no sé y del no sé qué….
Asómbrate del cuidado por integrar la razón y el espíritu, el ser y el hacer, el individuo y el todo, lo real y lo posible, el compromiso y el desapego, la libertad y la igualdad, nuestro sol y nuestra sombra.
Asómbrate del cuidado por asumir tu esencia y tu pertenencia al todo.
Asómbrate y cuida las Gracias.
La Gracia con que se nos ocultan las diversas realidades .
La Gracia como toda persona es, en verdad, un regalo.
La Gracia como, jugando, se entienden raíces, savias, flores, frutos y semillas.
La Gracia como entre actos y razones discurre la risa y crepita el llanto.
Cuida con asombro la Gracia del dar ,
La Gracia del recibir,
La Gracia del estar agradecido,
La Gracia de asumir las desgracias.
Asómbrate,cuida,recuerda las Gracias Griegas
La Gracia del Resplandor,
La Gracia de la Alegría,
La Gracia del Florecer,
La Gracia del Conducir.
La Gracia del Crecer,
Gracias al Asombro y al Cuidado.
Gracias al Cuidado del Asombro.
Gracias al Asombro por el Cuidado.
Gracias por las Gracias del día a día.
Gracias por el trasfondo poético de las Gracias donde moran destellos, semillas de amistad, donde, por instantes, se asoma, generoso, el sentido de la vida
Gracias a ti.
miércoles, 2 de febrero de 2011
Diario Chispas
Las vacaciones...una gran vacación...
Vacar, vaciarse, separarse de uno mismo... para viajar a la vida
Vacar, vaciarse, separarse de uno mismo... para viajar a la vida
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