sábado, 4 de mayo de 2019

El Árbol 52



    El Arbol 52
Colaboración de  cecilia compagnon
Rafael  Blanco Belmonte
EL SEMBRADOR
De aquel rincón bañado por los fulgores
del sol que nuestro cielo triunfante llena;
de la florida tierra donde entre flores
se deslizó mi infancia dulce y serena;
envuelto en los recuerdos de mi pasado,
borroso cual lo lejos del horizonte,
guardo el extraño ejemplo, nunca olvidado,
del sembrador más raro que hubo en el monte.

Aún no se si era sabio, loco o prudente
aquel hombre que humilde traje vestía;
sólo sé que al mirarle toda la gente
con profundo respeto se descubría.
Y es que acaso su gesto severo y noble
a todos asombraba por lo arrogante:
¡hasta los leñadores mirando al roble
sienten las majestades de lo gigante!

Una tarde de otoño subí a la sierra
y al sembrador, sembrando, miré risueño;
¡desde que existen hombres sobre la tierra
nunca se ha trabajado con tanto empeño!
Quise saber, curioso, lo que el demente
sembraba en la montaña sola y bravía;
el infeliz oyóme benignamente
y me dijo con honda melancolía:
—Siembro robles y pinos y sicomoros;
quiero llenar de frondas esta ladera,
quiero que otros disfruten de los tesoros
que darán estas plantas cuando yo muera.

—¿Por qué tantos afanes en la jornada
sin buscar recompensa?— dije. Y el loco
murmuró, con las manos sobre la azada:
—«Acaso tú imagines que me equivoco;
acaso, por ser niño, te asombre mucho
el soberano impulso que mi alma enciende;
por los que no trabajan, trabajo y lucho;
si el mundo no lo sabe, ¡Dios me comprende!

»Hoy es el egoísmo torpe maestro
a quien rendimos culto de varios modos:
si rezamos, pedimos sólo el pan nuestro.
¡Nunca al cielo pedimos pan para todos!
En la propia miseria los ojos fijos,
buscamos las riquezas que nos convienen
y todo lo arrostramos por nuestros hijos.
¿Es que los demás padres hijos no tienen?...
Vivimos siendo hermanos sólo en el nombre
y, en las guerras brutales con sed de robo,
hay siempre un fratricida dentro del hombre,
y el hombre para el hombre siempre es un lobo.

»Por eso cuando al mundo, triste, contemplo,
yo me afano y me impongo ruda tarea
y sé que vale mucho mi pobre ejemplo
aunque pobre y humilde parezca y sea.
¡Hay que luchar por todos los que no luchan!
¡Hay que pedir por todos los que no imploran!
¡Hay que hacer que nos oigan los que no escuchan!
¡Hay que llorar por todos los que no lloran!
Hay que ser cual abejas que en la colmena
fabrican para todos dulces panales.
Hay que ser como el agua que va serena
brindando al mundo entero frescos raudales.
Hay que imitar al viento, que siembra flores
lo mismo en la montaña que en la llanura,
y hay que vivir la vida sembrando amores,
con la vista y el alma siempre en la altura».

Dijo el loco, y con noble melancolía
por las breñas del monte siguió trepando,
y al perderse en las sombras, aún repetía:
—«¡Hay que vivir sembrando! ¡Siempre sembrando!...»




viernes, 3 de mayo de 2019

El Árbol 51


 El árbol 51
El Árbol de la Vida y el Conocimiento
Cada iniciativa, cada programa de formación, es una
rama que se mantiene en el tiempo como una instancia
más o menos institucionalizada, un curso, un grupo
estable... o es un acto, un curso, un taller, con una
duración acotada.

 El árbol tiene un tronco virtual que
se patentiza cada vez que se da el contacto
comunicacional fraterno, entre dos o más ramas
 No
hay una estructura jerárquica a la que las ramas deban
subordinarse, sólo existen medios de relación
horizontal. En la actividad de las ramas irán fluyendo
nuevas ramas, hojas, flores, frutos, semillas,
percepción de raíces...

 Las hojas son los participantes
que pueden ir creando nuevas ramas.

 Las flores son los momentos creativos, significativos. Lo frutos son las obras, lo perdurable.

Las semillas son los contenidos de la formación, los climas con que se llevan a cabo, los ejemplos...

luis weinstein

jueves, 2 de mayo de 2019

Fábulas Abiertas 10


Fábulas Abiertas 10

Caperucita roja y el lobo en el 2119

Caperucita a y su abuelita vivían en el piso 100. de un edificio relativamente  bajo, de 333 niveles

Un día , el conserje,  el  conejo blanco ,  le contó que el lobo había  llegado a ocupar  un departamento en el 332 y uno sobre ese en el último  piso , y , haciendo el  arreglo  correspondiente, había plantado un árbol  en el de más abajo que, después de unos arreglos en el techo, llegaba a la  terraza   en el de arriba n y ser recostaba  a su sombra, conversando animadamente con loa pájaros  del vecindario
Aéreo.

La muchacha recordó esos cuentos y   rumores que,  en siglos pasados ,los vinculaban   entre sí   y los enojadas desmentidos  en twitter    del  ahora nuevo ocupante del edificio .

Sin pensarlo dos veces, se hizo llevar  al departamento  333 por uno de los  helicópteros del edificio y acepto el ofrecimiento , muy galante , del señor árbol ,de bajarla  y ponerla  delante  del señor lobo  , quien, en ese preciso momento,  contaba   a una pájara muy atenta, cómo se lo había calumniado con las leyendas del bosque , su empresa ecológica.

 Cuando tuvo a Caperucita frente a frente , el lobo le dijo ,con el ceño fruncido. : Qué bueno   haber conseguid que  usted viniera . Tengo un recado para su señora abuela, la calumniadora..  Ocupado en mis tareas ecológicas, no l e hice la acusación jurídica  que se merecía ,pero ,ahora,. le exijo que vaya  a regar  el bosque  que tengo en el desierto, el día de su cumpleaños …y que plante unos arbolitos  en su terraza.

Lobo y niña se miraron.
Ya, dijo el lobo, usted está pensando que tengo poca ecología  y profundidad personal. Tiene razón…