martes, 2 de diciembre de 2014

El Arte de Vivir 29


El Arte de Vivir 29

Los grandes Cambios

Destellos poéticos para el arte de vivir

El Paso del Retorno, de Vicente Huidobro
(Ultimos   Poemas)

        A Raquel que me dijo
       un día cuando tú te
       alejas un solo instante
       el tiempo y yo lloramos.


Yo soy ese que salió hace un año de su tierra

Buscando lejanías de vida y muerte

Su propio corazón y el corazón del mundo

Cuando el viento silbaba entrañas

En un crepúsculo gigante y sin recuerdos.


Guiado por mi estrella

Con el pecho vacío

Y los ojos clavados en la altura

Salí hacia mi destino.


Oh mis buenos amigos

¿Me habéis reconocido?

He vivido una vida que no puede vivirse

Pero tú, poesía, no me has abandonado un solo instante.

Oh mis amigos, aquí estoy

Vosotros sabéis acaso lo que yo era

Pero nadie sabe lo que soy


El viento me hizo viento

La sombra me hizo sombra

El horizonte me hizo horizonte preparado a todo.

La tarde me hizo tarde

Y el alba me hizo alba para cantar de nuevo.


Oh poeta, esos tremendos ojos

Ese andar de alma de acero y de bondad de mármol
Este es aquel que llegó al final del último camino

Y que vuelve quizás con otro paso

Hago al andar el ruido de la muerte

Y si mis ojos os dicen

Cuánta vida he vivido y cuánta muerte he muerto

Ellos podrían también deciros

Cuánta vida he muerto y cuánta muerte he vivido.


¡Oh mis fantasmas! ¡Oh mis queridos espectros!

La noche ha dejado noche en mis cabellos

¿En dónde estuve? ¿Por dónde he andado?

¿Pero era ausencia aquella o era mayor presencia?


Cuando las piedras oyen mi paso

Sienten una ternura que les ensancha el alma

Se hacen señas furtivas y hablan bajo:

Allí se acerca el buen amigo

El hombre de las distancias

Que viene fatigado de tanta muerte al hombro

De tanta vida en el pecho

Y busca donde pasar la noche.


Heme aquí ante vuestros limpios ojos

Heme aquí vestido de lejanías

Atrás quedaron los negros nubarrones

Los años de tinieblas en el antro olvidado

Traigo un alma lavada por el fuego
Vosotros me llamáis sin saber a quién llamáis

Traigo un cristal sin sombra un corazón que no decae

La imagen de la nada y un rostro que sonríe

Traigo un amor muy parecido al universo

La Poesía me despejó el camino

Ya no hay banalidades en mi vida

¿Quién guió mis pasos de modo tan certero?

Mis ojos dicen a aquellos que cayeron

Disparad contra mí vuestros dardos

Vengad en mí vuestras angustias

Vengad en mí vuestros fracasos

Yo soy invulnerable

He tomado mi sitio en el cielo como el silencio.


Los siglos de la tierra me caen en los brazos

Yo soy amigos el viajero sin fin

Las alas de la enorme aventura

Batían entre inviernos y veranos

Mirad cómo suben estrellas en mi alma

Desde que he expulsado las serpientes del tiempo oscurecido.

lunes, 1 de diciembre de 2014

El Arte de Vivir 29


El Arte de Vivir 29
Los grandes Cambios
Destellos poéticos para el arte de vivir
El Paso del Retorno, de Vicente Huidobro
(Ultimos   Poemas)

        A Raquel que me dijo
       un día cuando tú te
       alejas un solo instante
       el tiempo y yo lloramos.

Yo soy ese que salió hace un año de su tierra

Buscando lejanías de vida y muerte

Su propio corazón y el corazón del mundo

Cuando el viento silbaba entrañas

En un crepúsculo gigante y sin recuerdos.


Guiado por mi estrella

Con el pecho vacío

Y los ojos clavados en la altura

Salí hacia mi destino.


Oh mis buenos amigos

¿Me habéis reconocido?

He vivido una vida que no puede vivirse

Pero tú, poesía, no me has abandonado un solo instante.

Oh mis amigos, aquí estoy

Vosotros sabéis acaso lo que yo era

Pero nadie sabe lo que soy


El viento me hizo viento

La sombra me hizo sombra

El horizonte me hizo horizonte preparado a todo.

La tarde me hizo tarde

Y el alba me hizo alba para cantar de nuevo.


Oh poeta, esos tremendos ojos

Ese andar de alma de acero y de bondad de mármol
Este es aquel que llegó al final del último camino

Y que vuelve quizás con otro paso

Hago al andar el ruido de la muerte

Y si mis ojos os dicen

Cuánta vida he vivido y cuánta muerte he muerto

Ellos podrían también deciros

Cuánta vida he muerto y cuánta muerte he vivido.


¡Oh mis fantasmas! ¡Oh mis queridos espectros!

La noche ha dejado noche en mis cabellos

¿En dónde estuve? ¿Por dónde he andado?

¿Pero era ausencia aquella o era mayor presencia?


Cuando las piedras oyen mi paso

Sienten una ternura que les ensancha el alma

Se hacen señas furtivas y hablan bajo:

Allí se acerca el buen amigo

El hombre de las distancias

Que viene fatigado de tanta muerte al hombro

De tanta vida en el pecho

Y busca donde pasar la noche.


Heme aquí ante vuestros limpios ojos

Heme aquí vestido de lejanías

Atrás quedaron los negros nubarrones

Los años de tinieblas en el antro olvidado

Traigo un alma lavada por el fuego
Vosotros me llamáis sin saber a quién llamáis

Traigo un cristal sin sombra un corazón que no decae

La imagen de la nada y un rostro que sonríe

Traigo un amor muy parecido al universo

La Poesía me despejó el camino

Ya no hay banalidades en mi vida

¿Quién guió mis pasos de modo tan certero?

Mis ojos dicen a aquellos que cayeron

Disparad contra mí vuestros dardos

Vengad en mí vuestras angustias

Vengad en mí vuestros fracasos

Yo soy invulnerable

He tomado mi sitio en el cielo como el silencio.


Los siglos de la tierra me caen en los brazos

Yo soy amigos el viajero sin fin

Las alas de la enorme aventura

Batían entre inviernos y veranos

Mirad cómo suben estrellas en mi alma

Desde que he expulsado las serpientes del tiempo oscurecido.

domingo, 30 de noviembre de 2014

El Arte de Vivir 28


El Arte de Vivir (28)
Miradas al Arte de Vivir
Escribe Iris leal  (continuación)

EL PASO DEL RETORNO (Vicente Huidobro)
(2)

¡Levántense, levántense en la bruma sigilosa de la madrugada!
¡Elévense, elévense en la niebla del comienzo de la mañana!
¡El temor ha desprendido su lanza, sus garras, su confusa mezcla de olvido y de temblores!
Aquí les traigo historias
un pocillo de agua de vertiente
un trago sosegado se bebe
y recorriendo la garganta de la vida
el leteo líquido del alma despertada.
Han de conjugarse infiernos y cielos
en la magnífica amalgama
del cálido cuerpo del hombre.
Fue la poesía, sí, fue ella
fueron las estrofas en su comparsa
las autoras de los afilados días.
Fue ella también la que prendió la llama
que arrasó con la idea esplendorosa de cielo
su estructura rimada hizo arder cada sílaba
y te dejó sola en un instante de infernal sorna.
Aunque estaba, siempre estaba
ya no la podías rescatar de tu pecho
ni hacerla calcio de tus uñas.
Ella veló por ti sin descanso
y te donó la libre creación de tu existencia
como la madre deja partir al hijo
que sabe y busca los misterios del Olimpo.
Comienzo ahora a desencantar el trecho
a desplegar tus abrazos por donde anima la brisa
no das solo un paso, ya caminas
y todo ello ha permitido el espacio respirable en tu pecho.
Uniendo esta voz que te habla
a las consonantes y vocales de tu laringe alba
somos los que deseamos la estrella y la comarca
en el océano del mundo versado de la palabra.
Estamos en lo pequeño cantando
en lo profundo esperando
en lo extenso mostrando
en lo íntimo, en lo íntimo estamos resucitando.
Almas en sinfonía en coral concordia
espectantes al tiempo que principalmente venera
se percibe su tela dorada que hace envejecer
como el roble apellinado los años engrosando.
El poeta se hace conocer pulso a pulso
pálpito a pálpito en su pensamiento generoso
y ha debido perderlo cada crepúsculo
en un agónico estremecimiento todo.
Su corazón amoratado se dona
sereno como las olas leves y constantes
en el mar de los sentimientos contempla
y sigue andando por la orilla de la tierra.
El paso del retorno no es más que el primer paso
que dio cuando levantaba un año y luego otro
aunque ahora le besa tiernamente agradeciendo su logro.
Y en el firmamento que testigo a comprobado
se alzan tres estrellas significando
no hace falta ya el cielo despejado
sino los ojos del otro para ser acariciado.
Iris Leal

viernes, 28 de noviembre de 2014

El Arte de Vivir 27


        El Arte de Vivir  27 ( nota adelantada , por viaje)
 Miradas al Arte de Vivir
  Escribe Iris Leal

EL PASO DEL RETORNO (Vicente Huidobro)
(1)
Daré el paso antes que la batalla
pues la batalla ha colmado ya de sangre los días,
daré el paso antes que la gloria 
pues la gloria no es el manantial brillando en el oasis.
La batalla ha apaziguado 
y las armas metamorfosean en herramientas agudas,
la gloria se trasluce plenamente 
en la gracia que adivina el alma encomendada.
Mientras estiro estos miembros que me permiten el anda
voy acudiendo a los huesos que los levantan
voy tensando los tendones que estiran y recogen mis gestos
y voy esforzando el músculo que hace nacer el movimiento de la corazonada.          
Apoyo la planta única y el arco catenario de mi huella
dejo impresa la palabra en la tierra que me funda
ya no semillero de huertas a la espera de la lluvia
sino obscuro gránulo de la muerte que se abre
van quedando cementerios perfumados frescos tras mis pasos.
Epitafios de carácter de  miel amarga,
esculpidas ventoleras de emociones cautivantes,
agresiones silenciosas como el pensamiento opaco,
oraciones clavando cruces delgadas como hilos negros que se cortan.
Retorno hacia delante 
enterrando una y otra vez la mentira y la ambición
volviendo por fin el arte de mirar atrás y regresar 
con el cuerpo erguido y humilde de la verdad.
El semblante se me ha vuelto piel curtida
y la sonrisa una franja de luz serena
la mirada ha decidido el razonable hombre
y la frente se agacha para recoger las migas.
Retorno de uno que otro infierno
flamas incandescentes de la quimera hecha reflejo,
aullidos perturbados desgarrando silencios,
gemidos en grilletes oxidados del tiempo,
fisuras agrietadas en el cuenco del alma
y el espíritu paciente dentro de la propia muerte de fuego.
Eso ha sido, sin omisión, una argonaútica empresa
que ha torcido el verso hasta dejarlo lacio y famélico
le ha prohibido la boca su rima tersa
le ha descuajado la sangre colorida de su carne substanciosa.
Mas al dar el paso del retorno
la esfera ha girado y ha tornado los hechos
uno por uno ha palpado los cadáveres del suelo
y les ha puesto en una hoja blanca y sencilla.
  Iris  leal