jueves, 13 de diciembre de 2012

Conversando desde la Amistad y la Solidaridad


 Conversando desde la Amistad
Una invitación amistosa y solidaria

Wilson Tapia Villalobos, Presidente  del Directorio de la Asociación Nacional del Discapacitado Mental, tiene el agrado de invita a usted a la Feria Navideña ANADIME. En ella encontrará hermosos trabajos de alumnos de nuestra Escuela Especial y de los  integrantes  de los talleres laborales de adultos. También, podrá adquirir creaciones de destacados artistas  plásticos y artesanos nacionales que abordan una gama de creaciones  que  va desde joyas,  velas, jabones, alimentación sana y bellos mosaicos. Además, se ofrecerán consultas de Tarot, venta de libros, tazones, poleras línea  arte  y una infinidad de artículos  de excelente calidad.
Los esperamos en Ricardo Lyon 3020 el sábado 15 de Diciembre,desde las 10 a las 20 horas.


Conversando desde la Amistad (29)


Conversando desde la Amistad(29)
 El control de la palabra.
Virtud de Diciembre de Rudolf Steiner

Ek Cuento  “Los12 hermanos”, de los hermanos Grimm

Los doce hermanos
Los doce hermanos
Imagen:
Los hermanos Grimm - KHM 009

Érase una vez un rey y una reina que vivían en buena paz y contentamiento con sus doce hijos, todos varones. Un día, el Rey dijo a su esposa:
— Si el hijo que has de tener ahora es una niña, deberán morir los doce mayores, para que la herencia sea mayor y quede el reino entero para ella.

Y, así, hizo construir doce ataúdes y llenarlos de virutas de madera, colocando además, en cada uno, una almohadilla. Luego dispuso que se guardasen en una habitación cerrada, y dio la llave a la Reina, con orden de no decir a nadie una palabra de todo ello.
Pero la madre se pasaba los días triste y llorosa, hasta que su hijo menor, que nunca se separaba de su lado y al que había puesto el nombre de Benjamín, como en la Biblia, le dijo, al fin:
— Madrecita, ¿por qué estás tan triste?
— ¡Ay, hijito mío! -respondióle ella-, no puedo decírtelo.

Pero el pequeño no la dejó ya en reposo, y, así, un día ella le abrió la puerta del aposento y le mostró los doce féretros llenos de virutas, diciéndole:
— Mi precioso Benjamín, tu padre mandó hacer estos ataúdes para ti y tus once hermanos; pues si traigo al mundo una niña, todos vosotros habréis de morir y seréis enterrados en ellos.
Y como le hiciera aquella revelación entre amargas lágrimas, quiso el hijo consolarla y le dijo:
— No llores, querida madre; ya encontraremos el medio de salir del apuro. Mira, nos marcharemos.

Respondió ella entonces:
— Vete al bosque con tus once hermanos y cuidad de que uno de vosotros esté siempre de guardia, encaramado en la cima del árbol más alto y mirando la torre del palacio. Si nace un niño, izaré una bandera blanca, y entonces podréis volver todos; pero si es una niña, pondré una bandera roja. Huid en este caso tan deprisa como podáis, y que Dios os ampare y guarde. Todas las noches me levantaré a rezar por vosotros: en invierno, para que no os falte un fuego con que calentaros; y en verano, para que no sufráis demasiado calor.

Después de bendecir a sus hijos, partieron éstos al bosque. Montaban guardia por turno, subido uno de ellos a la copa del roble más alto, fija la mirada en la torre. Transcurridos once días, llególe la vez a Benjamín, el cual vio que izaban una bandera. ¡Ay! No era blanca, sino roja como la sangre, y les advertía que debían morir. Al oírlo los hermanos, dijeron encolerizados:
— ¡Qué tengamos que morir por causa de una niña! Juremos venganza. Cuando encontremos a una muchacha, haremos correr su roja sangre. Adentráronse en la selva, y en lo más espeso de ella, donde apenas entraba la luz del día, encontraron una casita encantada y deshabitada:
— Viviremos aquí -dijeron-. Tú, Benjamín, que eres el menor y el más débil, te quedarás en casa y cuidarás de ella, mientras los demás salimos a buscar comida.

Y fuéronse al bosque a cazar liebres, corzos, aves, palomitas y cuanto fuera bueno para comer. Todo lo llevaban a Benjamín, el cual lo guisaba y preparaba para saciar el hambre de los hermanos. Así vivieron juntos diez años, y la verdad es que el tiempo no se les hacía largo.

Entretanto había crecido la niña que diera a luz la Reina; era hermosa, de muy buen corazón, y tenía una estrella de oro en medio de la frente. Un día que en palacio hacían colada, vio entre la ropa doce camisas de hombre y preguntó a su madre:
— ¿De quién son estas doce camisas? Pues a mi padre le vendrían pequeñas.
Le respondió la Reina con el corazón oprimido:
— Hijita mía, son de tus doce hermanos.
— ¿Y dónde están mis doce hermanos -dijo la niña-. Jamás nadie me habló de ellos:

La Reina le dijo entonces:
— Dónde están, sólo Dios lo sabe. Andarán errantes por el vasto mundo. Y, llevando a su hija al cuarto cerrado, abrió la puerta y le mostró los doce ataúdes, llenos de virutas y con sus correspondientes almohadillas:
— Estos ataúdes -díjole- estaban destinados a tus hermanos, pero ellos huyeron al bosque antes de nacer tú -y le contó todo lo ocurrido. Dijo entonces la niña:
— No llores, madrecita mía, yo iré en busca de mis hermanos.
Y cogiendo las doce camisas se puso en camino, adentrándose en el espeso bosque.

Anduvo durante todo el día, y al anochecer llegó a la casita encantada. Al entrar en ella encontróse con un mocito, el cual le preguntó:
— ¿De dónde vienes y qué buscas aquí? -maravillado de su hermosura, de sus regios vestidos y de la estrella que brillaba en su frente.
— Soy la hija del Rey -contestó ella- y voy en busca de mis doce hermanos; y estoy dispuesta a caminar bajo el cielo azul, hasta que los encuentre.

Mostróle al mismo tiempo las doce camisas, con lo cual Benjamín conoció que era su hermana.
— Yo soy Benjamín, tu hermano menor- le dijo. La niña se echó a llorar de alegría, igual que Benjamín, y se abrazaron y besaron con gran cariño. Después dijo el muchacho:
— Hermanita mía, queda aún un obstáculo. Nos hemos juramentado en que toda niña que encontremos morirá a nuestras manos, ya que por culpa de una niña hemos tenido que abandonar nuestro reino.
A lo que respondió ella:
— Moriré gustosa, si de este modo puedo salvar a mis hermanos.
— No, no -replicó Benjamín-, no morirás; ocúltate debajo de este barreño hasta que lleguen los once restantes; yo hablaré con ellos y los convenceré.

Hízolo así la niña.
Ya anochecido, regresaron de la caza los demás y se sentaron a la mesa. Mientras comían preguntaron a Benjamín:
— ¿Qué novedades hay?
A lo que respondió su hermanito:
— ¿No sabéis nada?
— No -dijeron ellos.
— ¿Conque habéis estado en el bosque y no sabéis nada, y yo, en cambio, que me he quedado en casa, sé más que vosotros? -replicó el chiquillo.
— Pues cuéntanoslo -le pidieron.
— ¿Me prometéis no matar a la primera niña que encontremos?
— Sí -exclamaron todos-, la perdonaremos; pero cuéntanos ya lo que sepas.
— Entonces dijo Benjamín:
— Nuestra hermana está aquí -y, levantando la cuba, salió de debajo de ella la princesita con sus regios vestidos y la estrella dorada en la frente, más linda y delicada que nunca ¡Cómo se alegraron todos y cómo se le echaron al cuello, besándola con toda ternura!

La niña se quedó en casa con Benjamín para ayudarle en los quehaceres domésticos, mientras los otros once salían al bosque a cazar corzos, aves y palomitas para llenar la despensa. Benjamín y la hermanita cuidaban de guisar lo que traían.

Ella iba a buscar leña para el fuego, y hierbas comestibles, y cuidaba de poner siempre el puchero en el hogar a tiempo, para que al regresar los demás encontrasen la comida dispuesta. Ocupábase también en la limpieza de la casa y lavaba la ropa de las camitas, de modo que estaban en todo momento pulcras y blanquísimas. Los hermanos hallábanse contentísimos con ella, y así vivían todos en gran unión y armonía. He aquí que un día los dos pequeños prepararon una sabrosa comida, y, cuando todos estuvieron reunidos, celebraron un verdadero banquete; comieron y bebieron, más alegres que unas pascuas.

Pero ocurrió que la casita encantada tenía un jardincito, en el que crecían doce lirios de esos que también se llaman «estudiantes». La niña, queriendo obsequiar a sus hermanos, cortó las doce flores, para regalar una a cada uno durante la comida. Pero en el preciso momento en que acabó de cortarlas, los muchachos se transformaron en otros tantos cuervos, que huyeron volando por encima del bosque, al mismo tiempo que se esfumaba también la casa y el jardín. La pobre niña se quedó sola en plena selva oscura, y, al volverse a mirar a su alrededor, encontróse con una vieja que estaba a su lado y que le dijo:
— Hija mía. ¿qué has hecho? ¿Por qué tocaste las doce flores blancas?

Eran tus hermanos, y ahora han sido convertidos para siempre en cuervos. A lo que respondió la muchachita, llorando:
— ¿No hay, pues, ningún medio de salvarlos?
— No -dijo la vieja-. No hay sino uno solo en el mundo entero, pero es tan difícil que no podrás libertar a tus hermanos: pues deberías pasar siete años como muda, sin hablar una palabra ni reír. Una palabra sola que pronunciases, aunque faltara solamente una hora para cumplirse los siete años, y todo tu sacrificio habría sido inútil: aquella palabra mataría a tus hermanos.

Díjose entonces la princesita, en su corazón: «Estoy segura de que redimiré a mis hermanos». Y buscó un árbol muy alto, se encaramó en él y allí se estuvo hilando, sin decir palabra ni reírse nunca.

Sucedió, sin embargo, que entró en el bosque un Rey, que iba de cacería. Llevaba un gran lebrel, el cual echó a correr hasta el árbol que servía de morada a la princesita y se puso a saltar en derredor, sin cesar en sus ladridos. Al acercarse el Rey y ver a la bellísima muchacha con la estrella en la frente, quedó tan prendado de su hermosura que le preguntó si quería ser su esposa. Ella no le respondió de palabra;
 únicamente hizo con la cabeza un leve signo afirmativo. Subió entonces el Rey al árbol, bajó a la niña, la montó en su caballo y la llevó a palacio. Celebróse la boda con gran solemnidad y regocijo, pero sin que la novia hablase ni riese una sola vez.

Al cabo de unos pocos años de vivir felices el uno con el otro, la madre del Rey, mujer malvada si las hay, empezó a calumniar a la joven Reina, diciendo a su hijo:
— Es una vulgar pordiosera esa que has traído a casa; quién sabe qué perversas ruindades estará maquinando en secreto. Si es muda y no puede hablar, siquiera podría reír; pero quien nunca ríe no tiene limpia la conciencia.

Al principio, el Rey no quiso prestarle oídos; pero tanto insistió la vieja y de tantas maldades la acusó, que, al fin, el Rey se dejó convencer y la condenó a muerte.
Encendieron en la corte una gran pira, donde la reina debía morir abrasada. Desde una alta ventana, el Rey contemplaba la ejecución con ojos llorosos, pues seguía queriéndola a pesar de todo. Y he aquí que cuando ya estaba atada al poste y las llamas comenzaban a lamerle los vestidos, sonó el último segundo de los siete años de su penitencia.

Oyóse entonces un gran rumor de alas en el aire, y aparecieron doce cuervos, que descendieron hasta posarse en el suelo. No bien lo hubieron tocado, se transformaron en los doce hermanos, redimidos por el sacrificio de la princesa. Apresuráronse a dispersar la pira y apagar las llamas, desataron a su hermana y la abrazaron y besaron tiernamente.

Y puesto que ya podía abrir la boca y hablar, contó al Rey el motivo de su mutismo y de por qué nunca se había reído. Mucho se alegró el Rey al convencerse de que era inocente, y los dos vivieron juntos y muy felices hasta su muerte. La malvada suegra hubo de comparecer ante un tribunal, y fue condenada. Metida en una tinaja llena de aceite hirviente y serpientes venenosas, encontró en ella una muerte espantosa.
FINIS

Imagen: Los doce hermanos (Grimm)


miércoles, 12 de diciembre de 2012

Conversando desde la Amistad (28)


Conversando desde la Amistad (28)
mprimir todoPalabras amigas
n una ventana nueva

Jaula hermosa - Carta que sale del cuerpo Nº 89

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NOTICIAS ALEGREMICAS

Cartas que salen del Cuerpo
La columna editorial del sitio www.altaalegremia.com.ar     
Carta 89: 08/12/12

JAULA HERMOSA


Ignacy Krasicki (1735-1801) es considerado “el príncipe de los poetas” de la literatura polaca y famoso por narrador de fábulas y parábolas.
Conocí a Krazicki por una de ellas:

-       Dime, preguntó el joven pinzón al viejo, ¿por qué suspiras? La jaula en que  vivimos es hermosa…
-       Así puedes pensar tú que en ella has nacido, mas yo, ¡ay! la libertad recuerdo. Y por eso suspiro…
-        
El pinzón es un ave de plumaje de variados colores. Me impactó cómo el joven pinzón había naturalizado la jaula… ¡Había nacido en ella!
Una fábula que nos ayuda a tomar consciencia que lo natural es la libertad, no la jaula por más hermosa que parezca.
Llevamos cinco  siglos de modernismo, de capitalismo con todas sus variantes, de riqueza y de pobrezas, de inequidades, de explotación, de exclusión, de extinción.
¿Cuántas generaciones han sido “educadas” en lo que así debe ser? ¿en la competitividad? ¿el tener? ¿que somos el centro de todo?  ¿que la Naturaleza está a nuestra disposición como recursos a explotar? ¿que es necesario “progresar para vivir mejor”?
“Vivir mejor” es la engañosa propuesta del capitalismo.  “Tener un poco más” resume el “vivir mejor”.
Rosa Luxemburgo decía que “si el pueblo supiera, el capitalismo duraría tres días”
La propuesta andina es el ·”suma qamaña”, voz aymara que significa “Vivir Bien”.
          Vivir Bien lo concebimos como vivir relaciones saludables. Relaciones saludables con una misma/uno mismo, con todas las personas y con todos los seres, con el suelo, el aire, al agua, la flora, la fauna…¡Vivir con alegremia! Hemos venido al mundo para ser felices.
Nos parece que ésta es la concreción plena del “Derecho a la Salud”. Derecho a que todo nuestro ciclo planetario fluya en salud en un Mundo Saludable.
          Tenemos que estar advertidos que el “derecho a la salud” no puede ser reducido al derecho a ser atendido por alguna dolencia. Por más que esto es importante y que la atención debe apelar a todos los conocimientos que tiene la Humanidad y no únicamente de la medicina ortodoxa.
          Nuestro Mundo es nuestro hermoso Planeta Tierra. Nuestra Casa Grande es un Ecosistema…Todo tiene que ver con todo y todos estamos interrelacionados.
          Derecho a la Salud es vivir en un Planeta Sano con sus Ecosistemas Locales sanos.

martes, 11 de diciembre de 2012

Conversando desde la Amistad (27)


Conversando desde la amistad(27)

Nos comunica  un  amigo  abuelo , sobre su nieto

               Jorgito(recientes  siete años),
A su profesor:
“por favor, ábrame la puerta que quiero salir al patio, estoy estresado”

o  

lunes, 10 de diciembre de 2012

Conversando desde la Amistad (26)


Conversando desde la Amistad (26)
Poesía de Oscar Alfaro (3)

El cantor de la raza negra
La orquesta sinfónica de pájaros ofrecía su concierto de todas las tardes en el teatro redondo del cielo, que estaba repleto de luces.
Un pájaro rojo con el copete erizado y con trazas de director, dio la señal convenida y todos los ejecutantes rompieron a tocar sus instrumentos.
Aquel hermoso teatro por hermosas fuentes y jardines al natural. Nada de lo pintado artificialmente podía igualar la belleza de aquellos paisajes vivos.
- Necesito un solista par el segundo acto- dijo el pájaro maestro, cuando la última melodía se perdió en el atardecer.
- Quiero una voz jamás oída y digan de recordarse por todas las generaciones de pájaros músicos.
- Aquí estoy yo! Dijo el canario y comenzó a trinar con toda la armonía de que era capaz. Pero el maestro lo interrumpió:
- ya se sabe que tu cantas bien pero eres demasiado conocido y yo preciso alguien nuevo.
- Pues entonces yo seré el solista – dijo el jilguero y lanzó al aire sus gorjeos mágicos pero el maestro también lo interrumpió:
- Tu eres tan conocido como el canario.
- Yo cantare - dijo el ruiseñor – Mi voz y mi figura se han lucido el los palacios de la China de Egipto y del Japón, como lo prueban las historias que sobre mí se han escrito. Mi linaje de artistas se pierde en la tradición y en los siglos...
- Y por lo mismo no me sirves, porque eres más conocido que nadie
- Entonces canto yo – dijo el tordo – pero su estampa y color hicieron reír a todos los pájaros.
- Que pretensiones, las de este negro insolente...! dijo el canario.
- Como es posible que tú salvaje, ignorante pretendas rivalizar con nosotros que somos los príncipes del arte? – le dijo el ruiseñor.
- De donde saliste tú? Que antecedentes ilustres tienes? Quien te conoce en la sociedad de los artistas? – dijo el jilguero.
- Este pájaro viene de los bosques – explico el maestro – Su linaje es tan oscuro como sus plumas. Pero un artista no vale por lo que fueron sus antepasados, sino por lo que es el mismo. De manera que dejémoslo cantar.
- Y por primera vez en la historia, se oyó el canto del tordo. El maestro lo escuchaba con los ojos cerrados. Cuando terminó de cantar, lo abrazó con las alas y le dijo emocionado:
- Tú serás el solista Tienes la voz más armoniosa que he conocido...! Eres un digno cantor de la raza negra.
- Y desde aquella tarde el tordo inicio triunfalmente su carrera artística y llegó a ser famoso en el mundo entero.


El Pájaro Revolucionario

Ordena el cerdo granjero:
“¡Fusilen a todo pájaro ¡ “.
Y suelta por los trigales
su policía de gatos.

Al poco rato le traen
un pajarillo aterrado,
que aún tiene dentro del pico,
un grano que no ha tragado.

“¡Vas a morir, por ratero ¡”.
“¡Si soy un pájaro honrado,
de profesión carpintero,
que vivo de mi trabajo ¡ “.

“¿Y por qué robas mi trigo ¿”.
“¡Lo cobro por mi salario,
que Vd. se negó pagarme,
y aún me debe muchos granos ¡
y lo mismo está debiendo,
a los sapos hortelanos,
a mi compadre el hornero,
y al minero escarabajo,
a las abejas obreras,
y a todos los que ha estafado.

¡ Vd. hizo su riqueza,
robando a los proletarios ¡ “.
“ ¡ Qué peligro ¡, ¡ Un socialista ¡.
¡A fusilarlo en el acto ¡”.
“ Preparen, apunten..., ¡fuego ¡”.
“ ¡Demonios, si hasta los pájaros
en la América Latina,
se hacen revolucionarios ¡”.

El chapaco alzado

Yo soy como un árbol pegau a la tierra
y naides me arranca del pago en que vivo.
Tengo un poncho verde lo mesmo que el campo
y llevo una faja platiada de rio…

Y tengo una moza brotada del valle
que espero que pronto jloresca en un hijo,
por eso me priendo del suelo chapaco
y naides me arranca del pago en que vivo.

Y osté, dostorcito que vino del pueblo
pretiende sacarme del valle jlorido?
y disque no es miya la tierra que labro,
Ni la pobre choza que hey jecho yo mesmo..?

El suelo es tan solo del que lo trabaja,
no de los que roban a los campesinos,
¡Váyase a la porra con sus papeleyos
que osté no me saca de este valle chico!

Aquí yo me planto jirme como un árbol
y a mí no me llevan por otros caminos,
mancuando me quemen la choza de paja
y me echen encima peñascos y riscos.

Colgau de la faja yo llevo un relámpago
y tengo en los ojos un par de cuchillos,
y se dejenderme como hombre de agallas
y naides me espanta del suelo que es miyo…

La tierra es del hombre, como es de los pájaros
o ¿Acaso la tierra la han jecho los ricos..?

Quien es el que pone linderos al aire?
y quien se hace dueño del agua del rio?
Y como no hay dueños pal aire ni el agua,
¡Tampoco hay patrones pal suelo que piso!

La cruz de palo

Algunos arrieros,
al mirar la sombra de ´sta cruz de palo
rezan pagre nuestros,
como si aquí hubiera muerto algún cristinao,
Pero naides sabe
que dende hacen años
bajo esta cruz chueca duerme solamente
mi caballo blanco…

Cada vez que miro
su tumba jlorida de rojos airampus,
parece que siento respirar la tierra
y moverse el pasto,
¡Como si al sentirme tan cerca quisiera
volver a la vida mi pogre caballo!

Galope y galope,
aquella mañana salí de mi rancho,
los rondas del pueblo me andaban siguiendo
y el potro espumiaba de puro cansancio.
¡De un tiro lo hicieron torcer el pescuezo!
Siguió pá adelante, sangrando y renguiando.
después de librarme de aquellos demonios
¡Cayó moribundo debajo los tacos!

Me clavó los ojos
¡Vidriosos y humanos!
Como si rogara: “Salvame la vida!”
¡Y mancuando quise, no pude salvarlo!

Y agora que cruzo descalzo el camino
la cruz a lo lejos me estira los brazos
y siento un relincho tan triste y projundo,
¡Cuál si me llamara el alma del caballo!

Y mancuando creyan que mei güelto loco,
cuando caminando me muera en el campo,
¡Quiero que me entierren junto con mi potro,
Debajo la sombra de esta cruz de palo!.


El desfile de los patitos

Con paso de ganso,
marciales y rígidos,
frente a la patilla
cruzan los patitos.

Llevan uniforme
color amarillo,
desfilan cantando
igual que escolinos.

Levantan las patas
con rápido ritmo
al son de la banda
que tocan los grillos.

Como banderines
llevan en el pico
gajitos de flores
del huerto vecino.

Ordena la madre:
-¡Al agua patitos!-
Y todos de un salto
se lanzan al río.

Anochecer

En la cumbre de los Andes
un cóndor de tinta china
se traga el sol de la tarde
y apaga la luz del día.

Frutilla

Es una niña pintada
toda fresca y ruborosa
con su carita pecosa
y su carne perfumada.

Amanecer

La aguadora de mi tierra
viene loca de alegría
y en el filo de la sierra
¡Rompe el cántaro del día!

Víbora

Un relámpago con ojos
zigzaguea por el campo
derramando escalofríos
y escribiendo verdes rasgos.

Cuando cruza los caminos
¡Se electrizan los muchachos!
Cual si vieran en el suelo
¡La gran rúbrica del diablo!

domingo, 9 de diciembre de 2012

Conversando desde la Amistad (25)


Conversando desde la Amistad(25)
Poemas de Oscar Alfaro, poeta y educador boliviano
Oscar Alfaro ( 2)

A Doña Carmen Alfaro, mi madre

Desde adentro, desde adentro,
desde el fondo de un abismo,
viene corriendo a mi encuentro
un niño que soy yo mismo.

Iluminando el olvido,
con este niño en los brazos,
yo voy haciendo pedazos
los años que ya he vivido.

En el fondo del pasado,
hallo mi casa materna
donde está mi madre eterna
frente a un Dios crucificado.

Junto al molino coplero
lleno de antiguas fragancias,
sigue jugando mi infancia
con la hija del molinero.

En los vientos pastoriles
desgranan su florilegio,
de canciones infantiles
las campanas del colegio

Y, perforando los años,
desde el abismo profundo
salgo de nuevo a este mundo
lleno de niños extraños.


Madre proletaria

A Juana de Ibarbourú

Madre obrera, madre obrera,
Con luces y con matices…
Haz de trajes de primavera
Para los niños felices.

Que tiritando en el suelo
De un tugurio sombrío,
Se está muriendo de frío
Tu miserable chicuelo.

Desata, madre, desata
El ovillo de la luna
Y con sus hilos de plata
Teje canciones de cuna.

Si no hay pan en tu morada
Dale a comer al infante
Tu corazón palpitante
De madre sacrificada.

Y con cariño,
Sobre la tierra morena,
¡Que te bendigan por buena
Todos los niños del mundo!

Trompo

Lanzado por un cintillo
Cayó del cielo serrano
El iris como un ovillo
Para bailar en mi mano.

Y el trompo suelta collares
De notas y de rumores,
Las notas se hacen colores
Y los colores, cantares.

Es un clarísimo prisma
Y un remolino que ronda
Como una canción redonda
Que gira sobre sí misma.

Y por un solo segundo
Yo soy un dios soberano
Que hace bailar en su mano
El trompo inmenso del mundo.

Chapaquita

Dulce chapaquita de mi tierra verde
Con una pollera de rosas silvestres,
Con manta de cielo, con trenzas de río,
Con un primoroso sombrero florido,
Con todo el aroma del de diciembre.

Dulce chapaquita de mi tierra verde
Tú luces zarcillos de agua cristalina
Y rubios collares de uva campesina.

Tienes la sonrisa de los choclos
Y los ojos verdes de los verdes huertos,
Y eres más graciosa que una gitanilla,
Dulce chapaquita de la tierra mía.

El concierto de los grillos

Con su carga de sonidos
Ya se acercan
Dando brincos.

Son los músicos nocturnos
Embriagados de rocío.

El más grande
lleva el ritmo
moviendo las dos batutas
de sus antenas de vidrio.

Campanillas
Y platillos
y un diluvio
cristalino
de canciones y de risas
y de notas y de trinos.

Ya se apagan
Las brasas del infinito
Finaliza
El concierto de los grillos.
Y por todos los caminos
Se van llevando a la espalda
Sus instrumentos divinos.

Río Guadalquivir

El río es un mozo alegre,
Que arrastra su poncho largo.

Y haciendo sonar el erke,
Sale a campear valle abajo.

Visita todas las villas,
Que son chapacas del pago.

Y abrazando a sus cinturas
Sigue el camino cantando.

A veces es un cuatrero,
Que brinca sobre el ganado,
Que asalta los pueblos chicos
Y roba mozas del campo.

Pero luego se modera
Y le duro al trabajo.

Y hace cantar los molinos
Y es el labriego más guapo.

¡Ay juna! Qué lindo mozo
Es este río chapaco,
Que en todas las primaveras
Hincha su pecho de macho.

El Moto Méndez

¡Ah! Compadre Moto Méndez,
Héroe de poncho y ojota,
Aún estas vigilando
Tu tierra llena de coplas.

¡Que brava que fue tu vida,
Chapaco de sangre mora!

Tú te abriste a machetazos
El camino hacia la gloria.

¡Cuántas batallas ganaste,
Compadre de mano rota!

Con tu muñón escribiste
En letras rojas la historia.

Tu estampa de guerrillero
Se multiplica y remoza.

En cada chapaco nuevo,
Que por el valle galopa.

¡Venga un abrazo, compadre!
¡Viva tu tierra cantora!




sábado, 8 de diciembre de 2012

Conversando desde la Amistad (24)


Conversando desde la Amistad(24)
Oscar Alfaro
Conversando  con un gran poeta
Alfred Asis  integrado a los esfuerzos  por  contribuir a un mundo de Paz, Amistad  y  Poesía , ha promocionado  los libros de mil poemas  a ,respectivamente, Pablo Neruda, César  Vallejo  Y Miguel  Hernández,.
Ahora nos invita  a un  nuevo proyecto : Mil poemas para el poeta boliviano Oscar  Alfaro.
Oscar Alfaro  es un poeta educador  de San Lorenzo, Tarija, Bolivia . Un poeta de los niños.

        Oscar Alfaro, el poeta de los niños

Por RENE AGUILERA FIERRO (*)

Oscar Alfaro, nació en San Lorenzo (Tarija – Bolivia), el 5 de septiembre de 1921, fueron sus padres, don Darío Gonzáles y Carmen Alfaro. Realizó sus primeros estudios en la Escuela “Eustaquio Méndez” de su pueblo natal, la enseñanza media es completada en el Colegio Nacional “San Luis” de la ciudad de Tarija. Durante sus estudios, fue electo Secretario Ejecutivo de la Federación de Estudiantes de Secundaria, por aquel entonces, ya abrazaba la ideología socialista. Posteriormente, se traslada a la ciudad de La Paz a fin de seguir la carrera de Derecho en la Universidad Mayor de “San Andrés”, según el poeta Carlos Aróstegui Arce, “Alfaro no tenía vocación para la profesión libre, le interesó más la vida y, se lanzó a la vida intelectual, periodismo y la poesía”.
Su espíritu acostumbrado al paisaje de su tierra, había adquirido alas propias con sellos de libertad y, desde muy temprana edad, desarrolló su capacidad creativa en contacto con la naturaleza, pues, su infancia y parte de su juventud pasó en la pintoresca y embriagadoras tierras de San Lorenzo, el embrujo de los pájaros, la fragancia a tierra mojada y el encanto de los campos cultivados, los animales paseando por la plaza del pueblo, atraparon de ensoñación al poeta, asimismo, San Lorenzo, la tierra de sus amores es la cuna del Coronel Eustaquio Méndez, caudillo de la Independencia Americana, máximo héroe del Departamento de Tarija; por ello, cada calle colonial, cada esquina es historia viva, la población esta circundada de monumentos y atractivos naturales que encandilan por su belleza al propio y al extraño, tal como los incomparables chorros de Jurina, las pozas de Coimata y su cascada de perlas o el balneario natural de Corana, sería interminable mencionar a todos.
Oscar Alfaro, era delgado de contextura, de hablar suave y bajo; se nutrió de aquel ambiente campestre, puro y fresco. No obstante, vivió apretado por la pobreza hogareña, pero su madre, doña Carmen Alfaro pudo costearle los estudios con sacrificio y duro trabajo personal, pues, Oscar era hijo natural, luego en la edad adulta, su padre quiso reconocerlo, pero el vate rehusó aceptar el apellido, prefirió continuar con el que le había brindado su madre. El poeta vivió esa vida de privaciones y en agradecimiento a los desvelos de su progenitora, tomó su apellido y lo hizo grande, como debió ser el alma de su madre. Aprendió el español de sus mayores y cinceló en su alma todas las respuestas que su pequeño corazón le dictaba; sufrió las injusticias en carne propia, fue testigo del trato social inhumano de la época. El niño creció, pero jamás olvidó aquellas vivencias que luego encenderían la chispa de rebeldía, convertidas en versos de denuncia.
Su canto llegó más allá de su andar, sus poemas anidan el sentimiento de las aves, la idiosincrasia del campesino, estudió a los pájaros y ubicó su poesía en la gracia de los animales, manejado siempre en los elementales principios de justicia. El medio telúrico lo absorbió intensamente que se desgranó en música y en rocío de estrellas.
En cierta época, se desempeñó como maestro de literatura en el magisterio boliviano y docente de lenguaje en la Normal Rural de Maestros de Canasmoro; una alumna, la señora Carmen Antelo de Molina, cuenta que el año 1952, ingresaron a la Normal 8 ó 10 Agentes de Seguridad del Gobierno, lo tomaron preso y se lo llevaron, mientras los alumnos lo acompañaron buen trecho del camino reclamando su libertad, era el precio por ser Comunista. En otra ocasión, se cuenta que se había enamorado perdidamente de una bellísima chapaca, llamada Elvira Gareca y Villa, campesina de la comunidad de Sella, la que poco tiempo después, fue electa Reina de la Primavera, en cuyo homenaje escribió un poema que fue muy repetido por aquellos tiempos. Oscar Alfaro usaba gafas claras con espejuelos redondos y, su barba inferior, le daban el toque de joven intelectual, era de andar calmo, un tanto encorvado para su edad, gustaba vestir un traje azul que resaltaba su delgada figura.
El escritor Luis Ríos Quiroga, al respecto al compromiso social, dice que “la literatura infantil resulta tarea difícil y, es obra de auténticos escritores y de verdaderos creadores de belleza, en un mundo donde el niño es protagonista del hambre y, testigo de odios y rencores”.
El poeta, al trasladarse a la ciudad de La Paz, Sede de Gobierno boliviano, sabía claramente el rumbo a tomar, por ello, su pluma trazó una elipse en el firmamento literario, por ello, los intelectuales de su época no pudieron si no reconocerla, su poesía hizo carne en el público lector, tanto por su sencillez como por su pureza. Corría el año 1944, cuando es invitado a participar del Grupo Literario “Gesta Bárbara”, célebre por reunir a los más destacados intelectuales, cuyas tertulias marcaron un hito en las letras bolivianas.
La consagración de Oscar Alfaro, viene con su libro “Cien poemas para niños”, edición corregida y aumentada de su anterior obra “Alfabeto de estrellas”. El orgullo boliviano, Franz Tamayo dice “la poesía de Oscar Alfaro es muy digna del nuevo genio poético de nuestras juventudes. Mientras que Juana de Ibarborou, manifiesta “la poesía de Oscar Alfaro es rica en colorido y folklore, en lirismo y sentido poético humano”. El crítico boliviano, Juan Quirós, se expresa de Oscar Alfaro “sorprende la habilidad que exhibe para adaptarse a la mentalidad y comprensión de sus pequeños lectores”. Lo propio comenta Alcira Cardona, la consagrada poetisa boliviana “Oscar Alfaro, se constituye en un rincón húmedo de rocío, donde el niño encuentra la frescura del musgo y la alegría de los pájaros”.
El pensamiento de Oscar Alfaro, como su vida misma, trasunta las fronteras del tiempo en el alma de los niños de cada época, su lírica es de carácter universal.
El poeta en la ciudad de La Paz, sin trabajo fijo, se dedicó al periodismo, a programas de radio y a vender sus obras en las escuelas y colegios, así como en las oficinas de la ciudad; su transitar con sus libros se hizo característico y familiar.
El Segundo Congreso Nacional de Poetas y escritores, realizado en la ciudad de Cochabamba (Bolivia), le tributó un digno homenaje a su memoria y a su obra literaria, puesto que está considerado como uno de los grandes poetas del siglo XX.
Oscar Alfaro, dejó de existir el 25 de diciembre de 1963 en la ciudad de La Paz, fue un ataque al corazón que le cegó la vida, el reloj marcaba las 02:15 de la madrugada, contaba con 42 años de edad, no obstante, su producción había sido lo suficientemente fructífera, tal que la cimiente jamás sea interrumpida en su ciclo de efervescencia humanística.
La esposa, doña Fanny Mendizábal luego del deceso del vate, hizo esfuerzos por difundir las obras de su extinto esposo, visitando todos los rincones de Bolivia, siguiendo la ruta, las huellas que dejó Oscar Alfaro. El poeta potosino Luis Fuentes Rodríguez expresaba muy sentido “la muerte de Oscar Alfaro, fue considerada como una catástrofe nacional en el campo de las letras bolivianas”.
Oscar Alfaro a escrito: “Canciones de lluvia y tierra” (1948); “Bajo el sol de Tarija” (1949); “Cajita de música” (1949); “Alfabeto de estrellas” (1950); “Cien poemas para niños” (1955; “Cuentos infantiles” (1962; “La escuela de Fiesta” (1963; “Cuentos Chapacos” (1964); “La copla vivida” (1966); “El circo de papel” (1970); “El verso en broma” y otras que posteriormente fueron editadas por su esposa, varios de estos libros han sido traducidos al quechua y al ruso, difundidos en este país.
Los restos de Oscar Alfaro, descansan en el cementerio General de la ciudad de La Paz y, junto a él, está su madre, en su lápida se puede leer: “Oscar Alfaro, Navidad de 1963” y en la parte superior derecha dice “Carmen, 12/07/1971”.
Actualmente en Bolivia, sus versos han sido musicalizados y llevados al disco, sus poemas son declamados por grandes y chicos; en todo el territorio boliviano, Escuelas, colegios, parques y calles llevan su nombre con orgullo, asimismo, concursos y festivales literarios.

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(*) René Aguilera Fierro, ingeniero forestal poeta, escritor, tallador en madrea, consultor ambiental, catedrático universitario y Periodista profesional. Autor de veinte obras literarias y de varios libros técnicos. Promotor de nuevos valores artísticos, conductor de programas culturales en Radioemisoras locales de Tarija. Anualmente Organiza los célebres “Coloquios Literarios” y los “Encuentros Internacionales de Escritores”.

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Ronda de Paz
Contra la muerte y la guerra,
blancas rondas de escolares
envuelven como collares
el globo azul de la tierra.

Son los chiquillos felices
que ignoran las distinciones
de razas y religiones
de credos y de países.

Desprecian el fanatismo
de los hombres inhumanos
que matan a sus hermanos
en nombre del patriotismo.
Un coro de corazones
empapa todos los vientos
de risas y de canciones
de luces y sentimientos.
Y con un amor profundo,
los niños universales
en cadenas musicales
unen los pueblos del mundo.
Tengo una sed infinita

Mocita, cuando me miras,
te juro que yo quisiera
beberme de un solo sorbo
tus ojitos de uva negra.

¡Ay! mi gentil gitanilla,
bella y dulce, blanda y buena;
Derrámate al alma mía
como una lluvia de estrellas

Tengo una sed infinita
de niñas verdes y frescas,
quiero un río de ternuras
para anegar mi tristeza
Gitanilla, la más linda
de las mozas tarijeñas,
voy a tomarte un trago
en esta tarde morena
Porque me han dicho que tú eres
aquella copa soberbia,
donde el Señor ha vertido
toda el alma de esta tierra.

Y he de llevarte a mis labios,
vaso azul de mi bohemia
para morir embriagado
por la dulzura suprema.
Viaje al Pasado