sábado, 17 de noviembre de 2012

Conversando desde la Amistad (3)


Conversando desde  la amistad(3)

Palabras de amigo

Dos editoriales  de ALEGREMIA de Julio Monsalvo
En el corazón del  diálogo, el escuchar,  el ámbito  de  lo dialogal, lo cara a cara junto a la visión amplia de la transdisciplinariedad, Integrantes de la necesaria sinergia entre la intimidad y el multiverso, lo más allá de los kioscos

Palabras de Amigo

NOTICIAS ALEGREMICAS

 Julio Monsalvo

Cartas que salen del Cuerpo
La columna editorial del sitio www.altaalegremia.com.ar     
Carta 87: 02/11/12

ESCUCHAR

En una oportunidad, desde estas columnas reflexionábamos sobre el “decir”… Qué se dice, cómo, cuándo, dónde, por qué y para qué se dice…
Hoy invitamos a reflexionar  sobre el “escuchar”… Decir y escuchar son dos eventos indispensables para el diálogo.
Expresar lo que sentipensamos dispuestos a escuchar los sentipensares de otra y/o de otras personas, es lo que en principio entendemos por diálogo.
Sin embargo creemos que en este instante de la historia de la Humanidad, es necesario profundizar algunos conceptos
Estar  “dispuestos a escuchar” implica  una actitud de respeto a la otra persona.
Escuchar atentamente los disensos, con una auténtica disposición a modificar nuestro propio punto de vista dejándonos afectar por las nuevas miradas que los demás nos ofrecen.
Por otra parte, expresarnos siempre con respeto y sin agravios.
Por supuesto que esto se da si todas y todos comparten esta disposición al diálogo.
Nada se construye conversando “entre conversos”, como lo expresa irónicamente un amigo, enardecidos contra los que tienen opiniones contrarias.
Tampoco se construye si nos dejamos llevar por una vehemencia rayana en lo iracundo… Nadie se escucha sino a sí mismo, casi siempre con rubicundez en el rostro y seguramente con cifras elevadas de presión sanguínea arterial.
El mundo que soñamos es un mundo en donde se construye colectivamente compartiendo los sentipensares escuchándoNOS…
Cultivar la actitud de escuchar, es revolucionario para esta cultura en la que todas y todos hablamos al mismo tiempo.
Esta revolución del escuchar sólo es posible desde nosotros mismos.
Es necesario mostrar con nuestro ejemplo a nuestras niñas y a nuestros niños,  el camino del compartir, expresando y escuchando con respeto, lo cual es un saludable desarrollo espiritual

           Hasta la Victoria de la Vida Siempre!!!

                                                                     Julio


NOTICIAS ALEGREMICAS




Cartas que salen del Cuerpo
La columna editorial del sitio www.altaalegremia.com.ar     
Carta 88: 07/11/12

KIOSCOS

          Allá en Alma Ata, capital de Kazakstán, en 1978 se firmó la Declaración de Atención Primaria de Salud, en la cual los gobiernos de 134 países se comprometían a lograr a fines de ese siglo, el año 2000, un sistema de salud que pudiera dar cobertura a toda la población para atender sus problemas de salud.
          En realidad, un mal llamado sistema de salud, pues se  hace referencia a un sistema de atención de las enfermedades o, en el mejor de los casos, de personas enfermas. Propósito muy loable por cierto.
          Para ello se establecieron ciertas pautas que deberían tenerse en cuenta para la formulación de las políticas.
          Una de ellas habla de la intersectorialidad. Dice textualmente:

La atención primaria de salud entraña la participación, además del sector sanitario, de todos los sectores y campos de actividad conexos del desarrollo nacional y comunitario, en particular la agricultura, la zootecnia, la alimentación, la industria, la educación, la vivienda, las obras públicas, las comunicaciones y otros sectores, y exige los esfuerzos coordinados de todos estos sectores.

          Algo que tiene un sentido muy lógico. “Cae de maduro” dice el dicho popular. Nadie se atreve a decir algo diferente.
          Sin embargo, parecería que nadie se atreve a llevarlo a la práctica cotidiana.
          Recuerdo a un querido amigo que conozco hace años y con quien tengo la  confianza suficiente para hacerle recordar que en muchas ocasiones peca de ingenuo.
          En una oportunidad tuvo a su cargo una dirección general en un Ministerio. Con mucho entusiasmo se propuso convocar a reuniones periódicas para que las distintas direcciones compartieran sus actividades y sus planes.
          A la segunda reunión le hicieron saber que no estaban conformes, pues lo que hacían era “perder tiempo” y lo fundamentaban diciendo que “no es asunto mío lo de las otras direcciones”…
          Mi amigo acuñó una frase: “estamos en una cultura kiosquera…”
          Y la experiencia frustrada de mi amigo era dentro de un solo sector… Ni hablar de coordinación entre Ministerios.
          Es que así nos enseñaron. “Cada uno en lo suyo...”  El conocimiento así se enseña también, fragmentado…
          Es necesario romper con los kioscos, interesarnos por todo, pues todo es asunto nuestro.
          Quizás el camino sea enseñar y sobre todo vivir la transdisciplinariedad.
         
              Hasta la Victoria de la Vida Siempre!!!

                                                                           Julio



viernes, 16 de noviembre de 2012

Tres noticias Amistosas



 Tres  Noticias Amistosas

Invitación de Judy Ress

CICLO DE RITOS PALEOLÍTICOS
PARA ALINEARNOS CON EL CAMBIO DE ÉPOCA
Queridos compañeros y compañeras,
Entre las profecías indígenas que predicen un tiempo de “Pachacutec” y el
nacimiento del “Quinto Sol”, y las advertencias de los científicos sobre las
consecuencias del calentamiento climático y las tempestades solares, yo -como tú-
siento que estamos frente a un cambio de estación, quizás frente a un cambio de época.
A la vez, quizás estamos simplemente frente a un gran anhelo colectivo como especie
de querer vivir más en armonía con nosotros mismos y con nuestro planeta. Y como tú,
intuyo que ALGO está pasando que anuncia nuevos tiempos… y debemos honrar esta
intuición.
De las cuatro direcciones de la tierra y del sur hasta el norte de Chile, vienen
muchas iniciativas. ¡Acá hay una más!: Proponemos un ciclo de tres ritos paleolíticos
para alinearnos con el momento histórico en que estamos, para equilibrarnos y ponernos
al servicio del proceso evolutivo de la tierra.
Lunes, 19 de noviembre. Postura de purificación. (Postura de Tlazolteotl,
tradición Olmeca, México)
Lunes, 26 de noviembre, Postura de enraizamiento. (Postura de Mujer Choroy,
tradición Mapuche, Chile y Argentina).
Lunes, 3 de diciembre. Postura de transformación. (Postura de la Serpiente
Emplumada, universal)
Este ciclo de ritos lo realizaremos en Con-spirando (Malaquias Concha, 043,
entre Vicuña Mackenna y Bustamante, y entre Irarrázaval y Santa Isabel) a las 19:30
horas. Por favor, confirma tu asistencia. TOD@S SON BIENVENID@S.
Con la urgencia que nos exige la Tierra misma y con mucho cariño,
Judy Ress (co-fundadora de Con-spirando y facilitadora del espacio ritual de los ritos
paleolíticos del día lunes).


Noticias Amistosas 16-11-2012

Casa Museo Pablo Neruda de Isla Negra

Viernes 16 de noviembre 19:00horas
Lanzamiento del  libro de Edmundo Herrera y Guadalupe de Loncoche
Sábado 17 de noviembre 19:00 horas
Concierto de música y poesía del Renacimiento,  junto a Marcela Silva y Nicolás Venegas

Entrada liberada




Seminario
La  Educación Integral y el Nuevo Paradigma
y
Celebración del día de la Creatividad
en
Las Coincidencias Isla  Negra  17-11-2012

       Programa

10-17 Horas Exposiciones  , Conversaciones, Degustaciones, Recorridos por Las Coincidencias.

 11 Horas Inauguración  Día de la Creatividad Humanizadora  con  participación de asistentes al Seminario , diversas  persona y grupos que vienen  en son de celebrar el Día de la Creatividad,   integrantes de los cursos y del grupo de trabajo  de Las Coincidencias y de  todas las amigas y los amigos que  nos alegran con su visita.

11·30  Horas Apertura  del Seminario
                     Presentaciones
                    Saludo del equipo de trabajo de
                   Las  Coincidencias

12 Café

12 30 Exposición de Jorge Osorio, educador
El Corazón de la Educación
  Conversación
13 30 Refrigerio Las mejores empanadas del mundo
14 horas   Trabajo de grupo sobre los diversos pre textos para el libro  con autores   cuyos autores  estén presentes en la reunión y  sinteticen sus mociones

1530 horas  Encuentro general
                   Informes de los grupos
                  Conversación
                  Propuestas de continuidad

16 horas Música, lectura de textos

17 horas visita a la Nave Imaginaria



jueves, 15 de noviembre de 2012

Testimonio de Carla Vidal


El Testimonio de Carla Vidal

Un ser luminoso y profundo que abre caminos en la mirada a la salud y a la enfermedad, al autocuidado y al cuidado de los otros,  a profundizar en la relación de la vida y la muerte.


TESTIMONIO DE UNA EXPERIENCIA DE VIVIR CON CÁNCER
Carla Vidal  Pollarolo
Este es mi testimonio, la experiencia de vivir con una enfermedad, y también es la sistematización de las reflexiones que he procesado en este tiempo. Hacerlo ha sido profundamente útil para mí, y tengo el deseo que también lo sea para otros, ya sean  enfermos, quienes trabajan con ellos, sus familiares y amigos, o cualquier persona que quiera pensar sobre la propia vida y su sentido.

Soy Carla Vidal Pollarolo, tengo 48 años, estoy casada y tengo 3 hijos de 22, 19 y 14 años. Soy psicóloga y supervisora clínica, terapeuta familiar del Instituto Chileno de Terapia Familiar. Desde 1992 trabajé en esa institución en diversos roles, como terapeuta, docente, luego miembro del directorio, Directora Clínica y finalmente Presidenta en el año 2007. En ese momento compartía mi quehacer entre el Instituto y la consulta privada, donde atendía individuos, parejas y familias. Como temática me fui especializando en Duelo, realizando atención clínica y haciendo clases.

En abril de 2007, hace cuatro años y medio, me encontraba en un muy buen momento: tenía una familia cariñosa y sana, me iba muy bien profesionalmente, habíamos comprado recientemente nuestra casa cerca del colegio de los niños, vivíamos tranquilamente. Todo cambió bruscamente. A partir de una peritonitis apendicular detectaron un tumor en el apéndice, y al hacer imágenes de abdomen y tórax  se determinó que correspondía a la metástasis de un cáncer pancreático con múltiples nódulos en el peritoneo y en el pulmón. Así, de un momento a otro se me diagnosticaba un cáncer de páncreas etapa IV, con un pésimo pronóstico: se habló de sólo unos meses de vida.

Estar hoy aquí refleja el proceso que he recorrido. Sigo viva, y con una muy buena calidad de vida, a pesar de que el tratamiento nunca ha cesado: me realizo quimioterapia de manera continua, cambiando la frecuencia (actualmente cada 15 días) y el esquema de drogas en función de la evolución de la enfermedad y su actividad tumoral. Quiero contarles cómo ha sido este proceso, organizado en torno a sus puntos de inflexión.


El shock del diagnóstico
Cómo enfrentar la enfermedad y todo lo que viene por delante
¿Debo luchar contra el cáncer?
Primer punto de inflexión

Al saber del diagnóstico, en medio del shock, tuve una reacción de mucha fortaleza. Les prometí a mis hijos, con profundo convencimiento, que no moriría. Me dije a mi misma y a los demás que no era mi primera batalla y no sería la última. Sin embargo, el primer punto de inflexión se produjo seis días después, cuando unas amigas me llevaron a ver a Tom Heckel, un terapeuta norteamericano formado en la India considerado “consejero psíquico”. El me dijo que mi alma estaba muy cansada de luchar, que desde niña me había tocado hacerlo y que mi esencia estaba en la contemplación y la compasión, no en la lucha. Por lo tanto, si enfrentaba el cáncer luchando contra él me cansaría aun más, y la única salida era que lo enfrentase a través de conectarme profundamente con el deseo de vivir. Esas palabras me estremecieron y me hicieron mucho sentido, convirtiéndose en el punto de partida del camino que he recorrido hasta hoy. Gracias a esa conversación la enfermedad dejó de ser una carga intrusa de la que tenía que deshacerme para que la vida volviera a ser como antes, y se convirtió en la posibilidad de conectarme en lo profundo con la vida que necesitaba vivir. A su vez, él me entregaba un mensaje inesperado, revolucionario, contrario al sentido común: no había que luchar, había que vivir. Sentí un alivio tremendo de poder enfrentar el cáncer de esta manera, conectada con la vida y el placer, y no como soldado de una batalla en la que, además, el ejército contrario era muy poderoso. A partir de ese momento dejé mi cargo en el Instituto, derivé a todos mis pacientes, me concentré en darme una buena vida cotidiana conectada con mi familia, con la naturaleza. Comencé a relacionarme con mi cuerpo de manera que no sólo fuese el recipiente de la enfermedad: dos veces a la semana me hacían reiki y otras dos veces iba a yoga. Complementaba la quimioterapia con medicinas alternativas y con cambios en mi alimentación, de manera de fortalecer el sistema inmunológico y ayudar a mi cuerpo a enfrentar el cáncer y el costo físico del tratamiento. Ante la incertidumbre del mañana, comenzó a tener profundo valor el momento presente, lo que se traducía en acciones sencillas, casi siempre postergadas en mi vida anterior por mi falta de tiempo, y que me resultaban profundamente placenteras. Así, de a poco, a pesar del dolor, del miedo y de  la pena empezaba a disfrutar, y la manera de vivir de antes dejó de interesarme. Comencé a hacer caminatas temprano en la mañana junto a mi perrita por un parque cercano a mi casa; a maravillarme de todo lo que veía, a sorprenderme al constatar cuántas cosas dejamos de ver si caminamos con el único propósito de llegar rápido a alguna parte. Al ser testigo de los ciclos de la naturaleza, del sol que sale porfiadamente todos los días, mi vida y mi enfermedad se ponían en perspectiva: yo era parte de esa inmensidad, la parte de un ciclo mayor que nos abarca y que no controlamos. Así nació en mí un sentimiento de devoción, de maravillarme y sorprenderme, de profundo sentimiento de contradicción al darme cuenta de cómo la enfermedad y la cercanía de la muerte estaban permitiendo conectarme con la vida, y a su vez con el misterio. Podía entonces entregarme al no control y a la incertidumbre con menos angustia, surgían la curiosidad y la gratitud como sentimientos nuevos que me llenaban de paz.

En ese tiempo, el futuro tenía menos sentido ante la inminencia de una muerte prematura y por lo tanto la vivencia del presente adquirió un valor supremo. Los planes, el mañana, ciertos deseos, proyectarme, parecían inútiles o dimensiones de la vida a las cuales ya no tenía derecho.  Más tarde me di cuenta que no tenía por qué ser así.

En paralelo, la enfermedad seguía su curso en la forma de continuas pérdidas: mi pelo se raleaba, las quimios me dejaban muy agotada, mi alimentación era menos libre, me veía flaca y ojerosa, salían feos granos en mi cara y mi cuerpo, mi autonomía se restringía y tuve que aprender a depender de los otros, pese a haber jugado por años el rol de pilar sobre el cual el resto se apoyaba. Sin embargo la disminución de la autonomía no me impidió estar a cargo de mi tratamiento. Fue fundamental sentirme con la entera libertad de elegir a mi médico, así como las medicinas complementarias que muchas personas me aconsejaban con carácter de urgencia. Este empoderamiento generó tensiones con algunos de mis seres queridos, pero fue fundamental sentir que estaba activa haciéndome cargo de mi enfermedad, y eligiendo en función de aquello que a mí me hacía sentido y me resultaba amigable.

Desde ese primer año y hasta el día de hoy ha cumplido un rol fundamental la relación con mi doctor. Soy extremadamente privilegiada en el plano médico: hacía años habíamos tomado el seguro de la Clínica Alemana, por lo cual mi tratamiento es sin costo. Y afortunadamente mi doctor —Conrado Vogel— ha sido un pilar en cuanto ha asumido mi caso con mucha dedicación y profesionalismo y, sobre todo, con una  capacidad infinita de vincularse en un plano afectivo y personal. Está siempre disponible, no me habla desde las alturas sino en un plano totalmente cercano, si no sabe algo me lo dice y discute del caso con su equipo. Siempre me ha alentado a privilegiar actividades que sean vitalizadoras, como los viajes, incluso cuando se produce un choque entre éstas y la quimio acordada. Hemos tenido muchas conversaciones profundas en que me transmite calma, donde convive la esperanza y la aceptación, y en que me ayuda a vivir con mi enfermedad de la mejor manera. Un aspecto muy importante en este vínculo es el humor; nos reímos muchísimo, lo cual genera más cercanía y le quita dramatismo. Todo esto hace que me sienta una persona, valiosa e importante, y no un cáncer de páncreas.

Junto con la ayuda médica he recibido, hasta hoy, un muy buen acompañamiento de mi terapeuta, y el apoyo farmacológico de una psiquiatra amiga. Durante el primer año también recibimos terapia familiar, la cual fue muy provechosa para compartir nuestros sentimientos y hacer ajustes necesarios en nuestro funcionamiento como familia. El apoyo de las medicinas complementarias ha sido también una ayuda invaluable para el buen estado en que me encuentro, y también la relación con estos médicos me ha permitido un vínculo muy provechoso para ir direccionando este camino.

En ese primer año se destaca nítidamente el poder de contención que tuvo la red de apoyo. Sentir a tantas personas ofreciendo y dando ayuda tanto económica como práctica me generó la sensación de estar sostenida, como si flotase en el mar en vez de patalear para no ahogarme. El anillo fundamental fue mi familia directa: mi marido trajo su oficina para la casa y así podía acompañarme a cada quimioterapia y en los días que me sentía muy mal, él estaba trabajando cerca de mí. Mis hijos estaban muy conectados conmigo pero a la vez continuaron con sus vidas, lo cual me vitalizó mucho ya que la casa seguía siendo un centro de reuniones adolescentes donde la vida transcurría con todos sus sabores. El segundo anillo fue la familia extensa, de donde recibí mucho amor y protección, especialmente de mis padres a quienes veía hacer malabarismo emocional entre la devastación que les significó la noticia, su deseo de interceder y dirigir en tanto padres y médicos, y su buen criterio de respetar mis decisiones y procesos. El tercer anillo fueron los amigos, distinguiendo aquí la cantidad enorme que formó la red general –colaborando  económicamente y con muestras de cariño a través del correo electrónico y redes de oración– y aquellas amigas más cercanas que han ejercido hasta hoy un rol fundamental en la contención, en ayudar a pensar, a tomar decisiones, en escuchar sin tener que decir nada, en otorgar ayuda práctica cuando se hace necesaria, y a la vez en seguir viviendo la vida con humor y placer.

Frente a toda esta red familiar y de amistad siento una profunda gratitud. Pero no me siento en deuda. La gratitud es un sentimiento que se relaciona con el amor incondicional y genera más libertad; la deuda aprisiona, obliga, restringe. A su vez, no quiero que nadie se sienta en deuda conmigo: cuando una persona me llama y se disculpa por no hacerlo hace tiempo, me pregunto: ¿y por qué se siente mal si yo tampoco la he llamado? La enfermedad no tiene por qué dejarme en una situación diferente respecto de la reciprocidad de las relaciones.

Esto se vincula con un tema fundamental que quiero abordar: la mirada de los otros. Con mucho cariño, la mirada general era ¿por qué te pasó esto a ti? Esta pregunta tiene dos componentes: el de injusticia y el de la propia responsabilidad. Ambos me resultaban muy difíciles. Cuando veía a los otros con rabia por la supuesta injusticia que me había sucedido, me sentía muy sola: significaba que me había ocurrido algo excepcional, incomprensible, ajeno a lo que les sucedía a ellos. Se creaba así el sentimiento de separatividad: yo en la otra vereda, fuera del club de los sanos, o –más bien– fuera del club de los vivos. Cuando el componente era la propia responsabilidad, me gustaba  pensar en cuáles eran las causas, o condiciones, o mis propios actos incorrectos que habían producido y sostenían el cáncer, pues eso me permitía pensar que estaba en mis manos realizar cambios que lo mantuvieran bajo control.  Sin embargo, esta idea me sometía a  una presión muy difícil de sobrellevar: si el antígeno pancreático volvía a subir, me angustiaba por identificar qué cosa había hecho mal ese mes que explicara ese hecho. Me di cuenta que pensar en  mi propia responsabilidad me generaba una ilusión de control  muy exigente y que a la vez no me permitía enfrentar la realidad de la enfermedad, que es la realidad de la incertidumbre y el misterio. Me enfrenté entonces a las siguientes interrogantes: ¿cómo salir de los polos de la injusticia y de la propia responsabilidad?, ¿cómo empoderarse con el tratamiento, haciendo cambios significativos que ayuden a fortalecer el sistema inmunológico, pero a la vez aceptar el misterio y el no control?, ¿cómo aceptar el misterio y el no control sin quedarnos de víctima de alguna maldición inmanejable?

Trabajar en esas preguntas ha sido parte importante del recorrido que seguí haciendo,  para poder enfrentar el cáncer a través de la conexión profunda con la vida y no a través de la lucha. Una idea se iba haciendo cada vez más clara: esto se trata de vivir, no de durar.


El segundo año
¿Cómo convivir con la enfermedad?
¿Quién soy?, ¿qué me define?
¿Qué hago si no hago lo que siempre he hecho?
¿Cómo convivo con la pérdida de poder?
Segundo punto de inflexión

Al finalizar ese primer año, sorprendentemente todos los indicadores bajaban sostenidamente y, lejos de morirme como estaba pronosticado, se instalaba la idea de una enfermedad con la que tendría que  convivir un tiempo más largo. Me sentía muy contenta, pero simultáneamente surgía una angustia profunda: ¿qué hago ahora? Ya no podía sólo dedicarme a  recuperar energías, y tenía claro que no quería y no debía volver a trabajar en lo mismo y de la manera que lo hacía antes. Atender pacientes sería malo para ellos ya que por el tratamiento no  podía comprometerme como una terapia lo requiere, y además yo no tenía ganas de trabajar asumiendo las angustias de otros. Volver a un cargo institucional me parecía aun más impensable. Entonces ¿qué hago ahora si no puedo o no quiero hacer  lo que siempre he hecho? ¿Quién podría ser si no soy la terapeuta exitosa, ni la buena docente, ni la representante del Instituto? Aparece así la sensación tremenda de que la enfermedad me estaba generando un quiebre de identidad, y eso se vive como sensación de vacío. ¿Y qué se hace con el vacío? Mirando para atrás creo que lo sostuve un tiempo, y eso generó oportunidad y crecimiento. Fue el segundo punto de inflexión. Cerré la consulta, viví la dura experiencia de volver allí –no  regresaba desde  la tarde en que me  hicieron el scanner que diagnosticó mi cáncer, por lo tanto había cerrado la puerta sin saber que no volvería–,  saqué todos los muebles, la vi vacía, y tomé conciencia de que estaba cerrando una etapa sin saber a cuál estaba entrando. Era el fin  de mi actividad principal, de mi fuente de gratificación y sostén económico, pero, sobre todo, era el fin de la identidad que me representaba y por la cual los otros me reconocían. Armé en mi casa un lindo escritorio y allí comencé a supervisar, actividad que mantengo hasta hoy. Así retomaba mi vida laboral en un espacio protegido, manteniéndome activa y reflexionando, pero a la vez me quedaba mucho tiempo para cuidarme, para seguir con el reiki, el yoga, las caminatas, la cercanía con mi familia, mis amigos, y también para continuar con el tratamiento de quimioterapia. Cuando digo que sostuve el vacío es porque ahora veo que fui capaz de  no llenar el tiempo, toleré no encontrar rápidamente la respuesta al ¿quién soy entonces? ¿Qué hago si no hago lo único que sé hacer? Aparece la sensación de apertura y así, sin darme cuenta, de a poco comienzan a surgir actividades nuevas que permitieron sentirme plena: lo primero es que me formé en reiki y comencé a ejercitarlo con otros. Con esto se me abrió una nueva dimensión en la relación con los demás: la sanación, ya no a través de la palabra, mi antiguo y conocido territorio, sino a través del cuerpo.

Me comenzaba a dar cuenta entonces que no existía una sola manera de vivir, que yo era más que la identidad que se había quebrado, y que estaba comenzando a probar nuevas maneras de ser y de realizar mi profesión. Lo sorprendente es que me estaba gustando más que la forma de vida que tenía antes, pese a que anteriormente tenía  una carrera profesional gratificante, prometedora y desafiante. El encantamiento con mi nueva vida reveló dos cosas: que había estado ciega a altos niveles de agotamiento y exigencia y, por otra parte, que siempre existen los espacios de libertad, teniendo a nuestro alcance insospechadas maneras de vivir y de ser a las cuales nos negamos por aferrarnos a una identidad, más aun si ésta está llena de reconocimiento.


El tercer año
La apertura a nuevas miradas
La relación con la enfermedad y la muerte de manera más natural
Ir aceptando la experiencia con todo lo que trae
Tercer punto de inflexión

El tercer año apareció la Psicología Budista, guiada por la psicóloga Verónica Guzmán. La práctica de la meditación y las lecturas sobre la vida y la muerte me fueron dando una sensación profunda de apertura a la experiencia con toda su dimensión, lo cual me permitía vivir plenamente el dolor, la pena, la rabia y el miedo cada vez que aparecían, y a la vez los podía dejar partir sin quedarme atrapada en ellos, pudiendo también sentir el amor, la gratitud, la felicidad de estar viva, el placer vivido en pequeñas y grandes cosas. Le dio una significación a aquello que intuitivamente estaba haciendo y descubriendo. Adquirí la sensación de que “todo cabe”, que la vida es un espacio abierto donde cabe la enfermedad y sus dolores físicos y psíquicos, y también cabe la enfermedad como oportunidad de mirar y vivir aspectos nuevos e insospechados de uno mismo, a los cuales seguramente no les habría dado un espacio si todo hubiese seguido su ritmo, aquel ritmo de las cosas considerado “natural”.

Al ver la muerte como algo ordinario, que nos ocurre a todos, disminuyó el sentimiento de separatividad. Ya no me estaba pasando algo extraordinario. Al contrario, al estar fuera del pedestal del “éxito” me encontraba en un lugar de mayor sensibilidad para conectarme con todo el sufrimiento de la humanidad, pero ahora desde un auténtico sentimiento de compasión, de com–pasión, de compartir el dolor, y no hacerme cargo de él como muchas veces me debe haber ocurrido como terapeuta. Este ha sido un proceso del que entro y salgo, no se adquiere de una vez y para siempre. La tentación de poner al que sufre en la otra vereda también me ocurre: muchas veces me sucedió que al ver a una mujer con pañuelo en su cabeza decía “pobrecita”. O sea, la ponía lejos de mí y en una situación de desmedro: ella había quedado calva y yo no. Luego me daba cuenta de cómo había separado de mí a esa mujer para sentirme mejor, siendo que si nos comparábamos ella podría estar incluso en condiciones de salud mejores a la mía: es verdad que sin pelo, pero probablemente con un esquema acotado de quimios, luego de lo cual le crecería el cabello y estaría sólo haciéndose controles. Este fenómeno que describo lo he visto en la mirada de muchas personas hacia mí. La mirada  que dice “pobrecita”, con mucho cariño, pero que me  relega a la vereda del frente. En algún sentido nosotros, los enfermos de cáncer, somos portadores de malas noticias. Somos los mensajeros que comunicamos que existe la enfermedad, que le puede ocurrir a cualquiera, que la muerte no se da en orden cronológico y que, finalmente, nos llegará a todos, sin control sobre ella.

A partir de estas reflexiones fui llegando a ciertas respuestas sobre mis preguntas iniciales. Si la enfermedad y la muerte son fenómenos naturales y no extraordinarios, no cabe la pregunta rabiosa del ¿por qué a mi?, como si una injusticia hubiese caído cual maldición sobre mi cabeza. Esto me ha parecido muy importante, porque el sentimiento de injusticia promueve quedarse en rol de víctima, lo que podría traer muchas ganancias secundarias, pero, sobre todo, trae una trampa fundamental: uno queda atrapado por este sentimiento, envuelto en su manto, haciendo muy difícil que la vida continúe. Desde el rol de víctimas somos nosotros mismos los que nos situamos  en la otra vereda, profundizando la vivencia de separatividad como si todos los demás estuviesen sanos y felices. En esa otra vereda, la víctima se niega el derecho a vivir como cualquiera. Desde el rol de víctima es muy difícil sentir compasión por otros, ya que se tiende  a pensar que uno es quien más sufre y que, al lado de lo que nos ha ocurrido, todo lo demás es insignificante y cualquier sufrimiento ajeno es exagerado y despreciable, lo cual profundiza nuestro aislamiento y soledad ya que difícilmente nos sentiremos comprendidos por algún otro que “no está viviendo lo mismo que yo” y, por lo tanto, “no tiene ni idea de qué se trata todo esto”.

Al mismo tiempo, si la enfermedad y la muerte son fenómenos naturales, no tengo que pensar que yo me he causado el cáncer y que de mí depende totalmente la curación. Puedo cuidarme, implementar acciones que  protejan el terreno en que me habito, tales como una buena alimentación, cuidar el cuerpo, usar medicinas complementarias, tener un estilo de vida con mayor conciencia de qué me hace bien y qué me hace mal, saber poner límites, tener una mayor conexión con las cosas que me vitalicen. Pero, finalmente,  admitiendo que todo ello es muy importante, que seguramente va a darme una mejor calidad de vida y tal vez una mayor sobrevida, como ha sido mi caso, debo aceptar que eso no me asegura la curación. El cáncer está relacionado con el misterio, y parte de enfrentar plenamente la vida es reconocer y convivir con el misterio, abriéndole un espacio a la incertidumbre y al no control. Ese año intentaron hacerme una operación, extraer el tumor del páncreas pues el examen general ya no mostraba metástasis. Esto generó mucha ilusión en todos, la idea que la enfermedad se podía acabar, que estaba siendo parte de un milagro, al punto que algunos médicos dudaron del diagnóstico. Sin embargo, al mirar laparoscópicamente vieron que persistían las metástasis en el peritoneo y no se realizó la extracción del tumor.  Fue muy  triste, pero desde varios días antes me había invadido una paz que no había sentido nunca. La paz de estar entregada a lo que fuese, la paz de sentirme muy querida, muy protegida. Yo nunca tuve una formación religiosa, pero creo que estaba entendiendo esa frase "que sea la voluntad de Dios". Antes me parecía una frase ridícula, me decía "¿cómo Dios va a querer que pase algo malo?", pero ahora estaba entendiendo que es una metáfora, una metáfora que refleja que las cosas no están en nuestras manos. Así es, no están en nuestras manos. A partir de ese momento hice mías dos frases que me ayudan mucho: “Hago todo lo que creo que tengo que hacer para estar mejor, pero suelto el resultado” y “La vida no es ningún premio, la muerte no es ningún fracaso”

Todo esto me ha permitido salir de la tensión entre los polos de la casualidad–injusticia y la culpa–responsabilidad, a través de usar la experiencia del cáncer como algo que me interpela, que me permite mirar mi vida y buscar un sentido conectada profundamente con lo que quiero y me es coherente, que me permite vivir a plenitud, que posibilita sentir la gratitud por lo que tengo y, al mismo tiempo, “ir por más”; donde quepan tanto la libertad y el arrojo para tomar decisiones que me sean provechosas, como la aceptación de la incertidumbre y el misterio.



El cuarto año
El encuentro con el entusiasmo
El espacio de libertad
Estar completamente viva
Cuarto punto de inflexión

En este camino donde voy viviendo una mayor apertura y aceptación de la experiencia, con todo lo que trae de dolor y de novedad, surge el encuentro con el entusiasmo. Por diversas sincronías me llegó una invitación a Italia con mi familia, y allí conocimos a nuestra familia de origen, con la cual no se tenía ningún contacto desde 1912. Eso produjo en mí, y en todos, un efecto emocional muy intenso, creándose un vínculo con algunos parientes de distintas generaciones que se fue profundizando en el año a través de correos electrónicos muy frecuentes y de mucha cercanía. Comencé a aprender italiano y se produjo el cuarto punto de inflexión.

El aprendizaje del italiano, comenzar a comunicarme de manera cada vez más fluida con la familia del Piamonte, traducir cuentos que había escrito mi tía italiana y que mostraban sus vivencias en tiempos de la guerra, todo ello me fue produciendo un estado de bienestar que me hacía abstraerme del tiempo. Surgió así la conciencia del estado de entusiasmo, de estar haciendo algo que me  hacía mucho sentido y me daba satisfacción. El italiano se empieza a convertir en mi espacio de libertad, porque su gratuidad no se conecta con ninguna otra necesidad que no sea el simple placer. Los días de quimio veo películas y escucho canciones italianas, y el sólo sentir el idioma me genera un sentimiento de bienestar que me permite convivir con todo lo difícil. Con una colega con quien compartimos la misma pasión, creamos una sociedad para traducir artículos de psicología desde el italiano al español: Venessandria Traduzioni. Este año volvimos a ir a Italia con toda la familia,  fortaleciéndose aún más los lazos con los parientes piamonteses, creándose situaciones verdaderamente mágicas y de mucha intensidad emocional. Tengo la convicción que nada de esto hubiese ocurrido sin la circunstancia de mi enfermedad, lo que ha ratificado la sensación de que aquel sentimiento de vacío que pude sostener ha permitido que en el espacio abierto vayan apareciendo aspectos inimaginables de mi misma, novedosos y profundamente enriquecedores.

Creo que el entusiasmo es una emoción fundamental en la relación con el cáncer. Nos  llena de endorfinas que fortalecen nuestro sistema inmunológico y nos permite sentirnos completamente vivos. La creación de este concepto ha sido clave en este nuevo punto de inflexión. Cuando la mirada de los demás, y la de nosotros mismos, nos coloca en la otra vereda, estamos “medio–vivos”. Sin embargo, si vivimos la vida a plenitud, sea cual sea el tiempo que nos quede, donde la plenitud incorpora todo lo difícil y también lo maravilloso, estamos completamente vivos, y así podremos estarlo hasta el último momento. El futuro, los deseos, los planes surgen como posibilidades a las cuales los enfermos también tenemos derecho, porque estamos totalmente vivos. Si algún plan no se puede concretar es parte del no control, por tanto es algo que le puede ocurrir a cualquiera, no sólo a nosotros. Esa convicción evita ponernos entre paréntesis, permite seguir soñando, aprendiendo cosas nuevas, buscando el propio sentido, vinculándonos estrechamente, gozando del día a día, compartiendo el dolor con otros, tanto el nuestro como el de los demás. Todo eso es la vida, con todos sus colores, y la cercanía de la muerte nos hace más conscientes de ella. Seguramente si ahora hiciera mis clases de Duelo incorporaría una mirada que antes no sospechaba, una mirada que es posible por todo lo que aprendido a partir de mi enfermedad. Puedo decir, aunque suene extraño, que tener cáncer es parte de mi curriculum, es fuente de profundas vivencias y reflexiones que me han enriquecido como ser humano, y por tanto puedo vivir su presencia con total dignidad.

En este momento estoy en un período de mucha incertidumbre. Me siento muy bien, físicamente también lo estoy –he pasado otros períodos más delgada, más ojerosa y con menos pelo–, pero los indicadores actuales muestran una reactivación del tumor. Eso me ha ocurrido varias veces en estos cuatro años, lo cual obliga a cambiar el esquema de las quimios. Pero esta vez es más difícil porque quedan menos drogas a las cuales echar mano. Es duro, qué duda cabe, aunque todo este camino recorrido me ayuda enormemente. Esta vez me he conectado más claramente con la pérdida que a mí me significaría mi propia muerte, a diferencia de lo que sentía al comienzo donde mi única conexión con perder la vida era el temor de dejar a mis hijos y generarles un dolor irreparable. Esa mirada hoy se ha ampliado: no quisiera morirme porque lo estoy pasando bien, no quiero dejar la fiesta. Pero por otro lado me siento privilegiada de sentir que estoy en una fiesta, y si tuviese que partir es maravilloso que sea desde este sentimiento. Sé que eso también ayudará a los míos si ocurre: en estos cuatro años me han visto sufrir, pero también me han visto ser profundamente feliz, me han visto gozar, me han visto “ir por más”. No me han visto en la lucha ni en el desgastador esfuerzo, me han visto conectada profundamente con la vida, como me lo propuso aquel “consejero psíquico” la primera semana después del diagnóstico. Y siento una profunda gratitud por todo lo que he podido vivir, por las ayudas invaluables que he recibido, por el amor infinito que ha estado siempre presente.

Quiero finalizar con una frase del checo Vaclav Havel: “La esperanza no es la convicción de que algo terminará bien, sino la certeza de que algo tiene sentido, sin importar cómo termine”.

miércoles, 14 de noviembre de 2012

Reconociendo a un maravilloso ser humano


Reconociendo a un  maravilloso ser humano

 Ha fallecido Carla Vidal Pollarolo, después  de una larga enfermedad, enfrentada  con valor , con generosidad, con sabiduría.
 Despidiéndose de los cercanos con una sonrisa donde la vida se encintraba con la espiritualidad, Carla alcanzó esa consecuencia  siempre añorada entre  la concepción de la vida, sus mensajes   para los demás y sus modo de conducir su propia existencia hasta los aledaños de la  muerte.
Su  recuerdo  será inseparable de la asimilación de su aporte a la visión integral de  la salud y la enfermedad Del testimonio de quienes la conocieron de esa lucidez , nobleza y sentido de trascendencia de su escrito
TESTIMONIO DE UNA EXPERIENCIA DE VIVIR CON CÁNCER
Hoy cabe  transcribir sus palabras finales
“Quiero finalizar con una frase del checo Vaclav Havel: “La esperanza no es la convicción de que algo terminará bien, sino la certeza de que algo tiene sentido, sin importar cómo termine”.
  Hay un don irradiante de sentido en el   modo de ser de Carla sus vínculos, su trabajo, su  modo de convertir su enfermedad en desarrollo de conciencia, en sabiduría,


martes, 13 de noviembre de 2012

Conversando desde la Amistad (2)


Conversando  desde la Amistad (2)

Palabras de amigo

SER FELICES

Miguel Angel San Martín
Diario Crónica Chillán
Viernes, 9 de noviembre de 2012.

Acaba de darse a conocer el curioso “Barómetro de la Felicidad”, que la Universidad Católica realiza por encargo de la empresa Coca-Cola. Una de las conclusiones que más me ha llamado la atención es que los chilenos tenemos una baja confianza en los vecinos, amigos y redes sociales.
Y me llama la atención, porque la confianza es uno de los elementos claves para crear un capital social que facilite, permita y acelere el desarrollo de nuestra sociedad. ¿Cómo podemos potenciar nuestros barrios y nuestras comunas, cómo podemos transformarlos en reductos felices,  si no confiamos en nuestros vecinos?
Dice el estudio que buscó en el fútbol una respuesta positiva a la creación de confianzas. Sin embargo, pese a que se trata de un deporte de masas, popular, abierto y al alcance de las grandes mayorías, tampoco quienes los practican y se transforman en ídolos, han servido para generar tales confianzas. Es decir, que los deportistas tienen sus valores propios, pero no son transmitidos a los aficionados.
Hay un elemento clave en esto, basado justamente en la gran popularidad de los deportistas y de sus instituciones, que es el cúmulo de acusaciones que se hacen públicamente los protagonistas. No. No generan confianzas.
Las confianzas deben ser nuestra base de convivencia. Pero, claro, si desconfiamos de quienes nos gobiernan, de quienes se transforman en nuestros ídolos, de quienes nos enseñan en las escuelas y universidades, es que las sociedades no gozan de buena salud.
Necesitamos desarrollarnos, necesitamos crecer, porque nuestro futuro nos reclama cada día disponer de una mejor calidad de vida. En definitiva, debemos buscar con energía la felicidad, para lo cual necesitamos ir construyendo cotidianamente los peldaños de la confianza.
Si salimos a la calle y hablamos con nuestros vecinos, comprobaremos que son gente como nosotros, con sueños y aspiraciones similares, con problemas como los nuestros. Con experiencias que nos pueden servir para ir solucionándolos o para disfrutar mejor nuestros propios aciertos.
Compartir ilusiones, sonrisas, creando expectativas comunes. Almacenar solidaridades para entregarlas a quienes las necesitan. Servir al que más lo necesita, sin pensar en compromisos ni sentirse comprometidos. Y veremos que en las emociones comunes, en las soluciones comunes a los problemas que nos aquejan a todos por igual, encontraremos las vías que generan confianzas.
El hombro con hombro, el apoyo mutuo, el abrirse a los sueños para convertirlos en realidad, el respeto y tolerancia ante las diversidades,  nos hará sentirnos mejor y disfrutar más de esta vida nuestra que es corta y por la cual debemos transitar con el sentido mayor de sociedad.
Los seres humanos tenemos el derecho ¡y la obligación! de ser felices. En consecuencia, abramos nuestras mentes a la siembra de las confianzas, porque cosecharemos felicidades a la vuelta de cualquier esquina de nuestra vida en común.     

lunes, 12 de noviembre de 2012

Conversando desde la Amistad(1)


Conversando desde la Amistad (1)
Explicando…
Durante más de un año procuramos “conversar sobre la Amistad”.  El tema es inagotable : amistad como inclinación  vital, afecto,  vínculo…proyección  a otro, a una idea , a una causa, a la naturaleza, al ser, a la trascendencia…
Amistad incipiente, en formación, plena…papel en el desarrollo personal,  en la convivencia, en los proyectos culturales, en la contingencia  histórica actual  en  los grande paradigmas…
Las notas respectivas han sido integradas  a cuatro libros, dos ya disponibles  en PDF, a través de mi mail( Ventanas a los otros y a lo otro, Editado por Universidad Bollvariana  y Conversando  sobre la Amistad, Ediciones Tralcamahuida )y dos   en prensa( Hacia la Antroposofía y Eros, Psique y Poesía)
La  misma ubicuidad de la amistad llama  a conversar   de otros temas, entre los más cercanos  a la experiencia  y  al proyecto de vida de quien escribe.
 E l proyecto es ampliar la temática, manteniendo el  punto de partida,  la amistad ….
 Escribiremos  desde la amistad  y pondremos notas  sobre el desarrollo personal y el cambio cultural; seguiremos   el desarrollo  de dos seminarios, uno, de “ Experiencias de Educación Integrativa” el otro, sobre “Vida , salud, educación y  poesía”;   estableceremos  un informativo , “Noticias Amigas”, para colaborar a difundir las actividades y creaciones   de redes, instituciones, grupos y personas afines que  así lo deseen; abriremos un espacio  en Face Book para un  curso a distancia “Amistad, Poesía y Salud Integral”.

domingo, 11 de noviembre de 2012

Conversando sobre la Amistad (403)


Conversando sobre  la Amistad(403)
 Amistad con el vivir poético
(  De Edgar Morin, Amor, poesía y sabiduría, Ed Seix Barral,2001)
 Ese libro  incluye tres ensayos; El complejo del amor, La fuente  de la Poesía y La necesaria e imposible sabiduría.

”La poesía no es sólo una variedad de literatura, es también un modo de vida en la participación, el amor, el fervor, la comunión, la exaltación, el rito, la fiesta, la embriaguez, la danza, el canto, que, efectivamente, transfiguran la vida prosaica hecha de tareas prácticas, utilitarias, técnicas. (...) Fernando Pessoa decía que en cada uno de nosotros hay dos seres, el primero, el verdadero, es el de sus ilusiones, de sus sueños, que nace en la infancia y prosigue toda la vida; el segundo, el falso, es el de sus apariencias, sus discursos y sus actos. Podríamos decir de otra forma: en nosotros coexisten dos seres, el del estado prosaico y el del estado poético; esos dos seres constituyen nuestro ser, son sus dos polaridades, necesarias una para la otra: si no hubiera prosa no habría poesía, el estado poético no se manifiesta como tal sino en relación con el estado prosaico. Tenemos necesidad vital de prosa, porque las actividades prosaicas nos hacen sobrevivir. Pero muy a menudo, en el reino animal, las actividades de supervivencia (buscar comida, perseguir la presa, defenderse contra los peligros y los agresores) devoran la vida, es decir el goce. Hoy, en la tierra, los humanos dedican la mayor parte de su vivir a sobrevivir.

Tenemos que actuar para que el estado secundario llegue a primario.Hay que tratar de vivir no sólo para sobrevivir sino también para vivir. Vivir poéticamente es vivir para vivir.