lunes, 21 de mayo de 2012

Conversando sobre la Amistad (230)


Conversando sobre la Amistad(230)
Quirón arquetipo de la  amistad coexistencial.
Quirón era un centauro. De la cintura  para arriba, cuerpo de ser humano. Hacia abajo, un caballo.
Personaje de la mitología clásica, se mantiene vigente en la antropología médica, entra en la literatura, atrae la atención en las conversaciones sobre  el ser humano y sus relaciones con la realidad.
En  los relatos mitológicos tiende a resaltar su bondad, sus espíritu solidario, sus dones de  educador  de sanador, de  facilidad  para la  profecía
        Quirón es hijo de  Cronos y  de la ninfa Filira.  Filira, acosada por Cronos, solicitó    auxilio  y   fue transformada en un yegua. Cronos, acechándola, sintiendo cerca la presencia de su esposa Rea,  se convirtió a sí mismo en un potro y, apoyado en sus fueros divinos, la  violó.
A su debido tiempo, Filira, abandonada por su   poderoso amante, dio a luz  a un  ser que le produjo espanto, un centauro. Sufrió  pavor por la extrema extrañeza de su hijo No pudo asumir  su maternidad y huyó. Angustiadísima, volvió a requerir ayuda y  la respuesta a esta nueva demanda  fue el ser transformada en un árbol, el tilo.
Cronos  fue un padre ,definitivamente, ausente, Filira. Árbol, no estaba en la dimensión divina ni en la  humana y no  daba lugar a un rol materno .Quirón, precoz, fue,  con sus propios medios, a refugiarse en una cueva.  Apolo, dios sol, padre  tanto del  arte  como de la medicina, divinidad del equilibrio, acudió en ayuda del  recién nacido y se convirtió en un  padre adoptivo soltero.
 El dios de la lira pronto  pasó a interesarse  en forma  muy viva en la educación del niño centauro, enseñándole  las bases de la medicina, tanto la quirúrgica como  la propia del internista, con   información sobre  yerbas medicinales. Educación,  por cierto de índole formativa , a través del ejemplo y del contacto, haciendo el papel de lo que ahora llamamos  ser tutor de resiliencia , de capacidad de   resistir  los infortunios.
 Quirón  fue  mostrando  grandes dotes de educador y sanador, Su prestigio llenó el mundo helénico Fue el educador de  los más notables héroes de la mitología griega, de Hércules, de Aquiles, de  Ulises, de Cástor y Pólux, de Jasón, de Teseo.
Un día, Apolo le trajo la gran responsabilidad, la protección y formación de  su hijo Esculapio.  Quirón  fue la Escuela de  medicina del padre de la medicina.
Quirón vivía consagrado a la educación y a la medicina.Era extremadamente bondadoso,  tranquilo, sabio.
 El resto de los centauros era,  por lo general, violento, propenso a embriagarse, muy primitivo. En una ocasión,  los centauros huían de Hércules que  los perseguía para castigarlos por una truhanería, se dirigieron  hacia donde vivía  Quirón, esperando que Hércies se detuviera ante su muy reverenciado maestro.
Hércules  les lanzó un flecha envenenada con la sangre de la hidra de Lerna. Por desgracia, los centauros esquivaron el arma y ella fue  a dar  a   la rodilla  de Quirón. Hércules ,enloquecido  de pena, ensayó  curarlo con los remedios  de su tutor, sin  obtener resultados-  
El  sanado quedó herido.Herido a permanencia. Era tanto su sufrimiento  que aceptó morir en  vez de Prometeo , quien, liberado por Hércules, tenía  una condena  por vida, hasta la muerte de él o de otro en su lugar La muerte de Quirón permitió su liberación Zeus, enternecido, lo  elevó al cielo, a la constelación de Sagitario.
Quirón es la amistad integradora. El ser humano, la lucidez y un animal, lo oscuro. El ser divino activo entre los humanos, el educador y sanador. El sanador herido. El amigo integrador a la sabiduría y  a la salud y a la educación
                                              

domingo, 20 de mayo de 2012

Conversando sobre la Amistad(229)


Conversando sobre la Amistad (229)
La amistad es una forma  de coexistencia vivida, intencionada, muy valorada, estrechamente relacionada con lo que le da sentido  a la existencia y a la coexistencia , a que  en la coexistencia le de sentido a la existencia
Nos da una  gran alegría recibir y presentar esta colaboración de  nuestro amigo Patricio Alarcón, psicólogo y educador, director de la Escuela de Medicina Natural Integrativa, de la Universidad Pedro de Valdivia. Autor de un libro sobre la Coexistencia.

SOBRE LA AMISTAD COEXISTENCIAL
Patricio Alarcón

Una amistad coexistencial es un vínculo liberador que pone un ser frente  al otro ser, en el acto simultáneo de ofrecerlo a la coexistencia con el todo.

La amistad en el aquí y el ahora, se experimenta con el mayor gozo, como el mejor momento, donde concurren el goces estéticos, cósmicos y del amor pleno.

Desaparece la competencia, la negación y la desconfianza, sólo queda el “poder del amor”.

Se incorpora en distintos grados la consciencia del si mismo y del otro, co-visto, co-existidos, co-validados, co- amados.

Siempre se percibe al otro como completo y perfecto, por lo tanto no se utilizan alguna parte o dimensión del otro para completarse y no se cae en la tentación de asumir que alguna parte o dimensión de uno podría completar en modo alguno al otro.

Dos amigos juntos es semejante a dos bailarines en una pista, donde el acoplamiento y la aceptación incondicional positiva del otro, construyen una realidad coreográfica cuya existencia es imposible en ellos por separado, es una danza única e irrepetible en cada instante que es, de modo que se vive con esa consciencia y gozo.

La amistad es entonces, una integración de dos diferencias no sólo co-aceptadas, sino que incorporadas como la sustancia fundamental de una relación,  que nutre en forma simultánea y recíproca la identidad y la intimidad de los amigos coexistentes.

En los centros educativos desde la más temprana edad debería enseñarse amistología, sobre todo porque es el mejor modo de aprender a conectarse con el prójimo y lo prójimo. Siendo este hábito fundamental,  el mejor modo de mantenerse sano y feliz.

La amistad no es sólo inteligencia interpersonal, no es sólo habilidades psicosociales, no son sólo factores protectores vinculares, no es sólo temer a la soledad, no es sólo tener a quién instrumentalmente recurrir, no es sólo un primer peldaño para subir otras escaleras relacionales, no es sólo un buen disfraz para operar con menos temor en los contextos con predominio de las pautas patriarcales.

La amistad es una hermosa puerta al alcance de todas las manos,  que nos permite ingresar a un lugar muy parecido al patio de nuestros juegos infantiles, que nos ayuda a ser lo que somos y a no confundirlo con lo que hacemos, tenemos o sabemos. Hace más fácil la liberación de nuestro niño interior, por muy domesticado y encerrado que se encuentre.

Es una puerta que nos permite el acceso a una coexistencialidad posible, a incorporarse al plan imprescindible y perfecto del amor, él que necesitamos como el aire para poder existir. Puede por ello afirmarse que el coexistir es lo que nos permite existir a la vez que el existir es lo que no hace accesible el coexistir. La amistad es entonces es el tipo de relación ecosistémica que nos facilita el  ser y el ser con otros. Es el modo más perfecto que la vida nos entrega para vivir la intimidad, con todo lo que somos, con la sombra y la máscara, sin quitar, sólo dando y recibiendo en este acto. Sin criticar, ni ver fealdad o maldad en el otro, tan sólo validando, entregando belleza y bondad en cada gesto y en cada trama del tejido del complexus coexistencial que los amigos co-construyen, como el entramado de un chaleco hecho por dos con lanas de dos colores, que no sólo sirve para cobijar y dar pertenencia e identidad a los dos amigos, permite de modo simultaneo que todo el planeta se vista y se abrigue con este nuevo y perfecto chaleco bicolor, y así cada nuevo encuentro de amigos le agrega otros dos colores y así sucesivamente hasta que cierto día el universo tenga un solo chaleco, de un solo color,  suma de la integración de todas la amistades.


sábado, 19 de mayo de 2012

Conversando sobre ka Amistad( 228)


Conversando sobre la Amistad ( 228 )

 

 Piedrecillas, piedras y peñascos en el camino  a la  confianza , incluso en las familias…
Adrtiana Beale, trabajadora social,  participante del  programa de formación de líderes culturales del Centro  de la Calidad de Vida, nos envía la siguiente colaboración, sencilla, clara,  apuntado a  hechos dolorosos y frecuentes

“HABIA UNA VEZ…
    Habìa una vez una abuelita que estaba viuda, vivía sola ,  era bondadosa, confiada y confiable
                                  Una de sus hijas ,que vivìa cerca de su casa, le pidió que le ayudara con el
cuidado de sus niños y asì esta abuelita se hizo cargo durante varias horas del día de la crianza  de sus seis nietos.
    Los niños fueron creciendo y la abuelita tomaba cada vez más responsabilidades, era la apoderada en el colegio , hacía ricos almuerzos , vigilaba las tareas , etc.
    Asì pasaron 9 años y de pronto la hija decidió hacerse ella cargo de los niños que ya
eran adolescentes .
                               Pero, ,¿qué sucedió?  Algo sucedió en casa de la hija , que
llamaremos la Confianzuda,  que hizo cambiar la relación de los nietos con la
abuelita. Ya no eran los nietos cariñosos de antes , si pasaban frente a la casa de
la abuelita lo hacían por la vereda de enfrente  y apenas le brindaban un saludito
con la mano.
                             La abuelita estaba muy triste y no lograba explicarse lo sucedido…”
                 


viernes, 18 de mayo de 2012

Conversando sobre la Amistad (227)


Conversando sobre la Amistad (227)
Un impulso amistoso
DULCE LECCIÓN DE COMPRENSIÓN Y PACIENCIA
Escribe un taxista de Nueva York:
Llegué a la dirección indicada y toqué la bocina.  Esperé unos minutos y volví a tocarla.  Como éste sería mi último trabajo en ese turno, consideré irme a casa pero, pensándolo mejor, estacioné el auto, caminé hasta la puerta y golpeé. 'Un momentito,' contestó una débil voz anciana.  Se podía oír que arrastraban algo por el piso.
Después de una larga pausa, me abrió la puerta una mujer pequeña, de unos noventa años.  Llevaba un vestido estampado y un sombrerito con un velo.  Parecía salir de una película de los años '40.
A su lado había una maleta chica, de nylon.  El departamento daba la impresión de llevar varios años deshabitado.  Sábanas blancas cubrían todos los muebles.
No había un reloj en la pared, no había adornos ni utensilios a la vista.  Una caja de cartón llena de fotos y cristalería estaba en un rincón.
'¿Podría llevar mi valija al auto?' me pidió la señora.  Dejé la maleta en el taxi y volví para ayudarla a ella.
Se tomó de mi brazo y caminamos lentamente hacia la cuneta.
Agradecía profusamente mi amabilidad.  'No es nada,' contesté, 'Me gusta tratar a mis pasajeros como querría que trataran a mi madre.'
'Eres un buen muchacho,' dijo.  Cuando estuvo en el auto me dio una dirección y preguntó, 'Podríamos ir por el centro?'
'No es el camino más corto,' le advertí de inmediato.
'No me importa,' dijo, 'No tengo apuro.  Voy camino de un hospicio.'
La miré por el retrovisor.  Sus ojos brillaban.  'No me queda familia,' continuó con voz suave, 'El médico piensa que no tengo mucho tiempo.'  Silenciosamente estiré la mano y corté el taxímetro.
'¿Qué ruta prefiere?' pregunté.
Durante las dos horas siguientes atravesamos la ciudad.  Me mostró el edificio donde alguna vez trabajara como ascensorista.
Pasamos por el barrio donde ella y su marido vivieron, recién casados.  Me hizo detenerme frente a un depósito de muebles;  antes fue un gran salón de baile donde ella solía bailar cuando era joven.
Varias veces me pidió pasar más lentamente delante de algún edificio o alguna esquina, y se quedó sentada, mirando la oscuridad, sin decir nada.
Cuando el primer atisbo del sol arrugó el horizonte, bruscamente dijo, 'Estoy cansada, vámonos.'
Proseguimos en silencio hasta la dirección que me había dado.  Era un edificio bajo, como un pequeño hogar para convalecientes, con una entrada que pasaba bajo un pórtico.
Dos paramédicos se acercaron al taxi en cuanto frenamos.  Eran solícitos y cuidadosos, atentos a cada movimiento de la anciana.  Deben haber estado esperándola.
Abrí la caja del auto y llevé la maletita a la puerta.  La anciana estaba ya en una silla de ruedas.
'¿Cuánto le debo?' preguntó, abriendo su cartera.
'Nada,' dije.
'Tiene que ganarse la vida.'
'Hay otros pasajeros,' contesté.
Casi sin pensarlo, me agaché y la abracé.  Se aferró a mí un momento.
'Le ha dado a una vieja un momento de alegría,' dijo, 'Muchas gracias.'
Le apreté la mano y salí a la tenue luz de la mañana.  Detrás mío se cerró una puerta;  con ese ruido se cerraba una vida.
No recogí más pasajeros en ese turno.  Manejé sin rumbo, inmerso en pensamientos.  Durante el resto del día casi no pude hablar.  ¿Y si a la mujer le hubiera llegado un taxista enojado, o uno impaciente por terminar su turno?  ¿Y si yo hubiera rehusado la carrera?  ¿Si hubiera tocado la bocina una vez y me hubiera ido?
Revisando rápidamente, no creo haber hecho nada más importante en mi vida.
Nos parece que la vida gira alrededor de grandes momentos.  Pero los grandes momentos suelen sorprendernos:  vienen prolijamente envueltos en lo que otros considerarían momentos sin importancia.
Enviado por RCh;  traducción de VWJ



jueves, 17 de mayo de 2012

Conversando sobre la amistad(226)


Conversando sobre la Amistad (226)
El fondo de posible incertidumbre dentro de la salud de la amistad.
El Zorro y el Actor ( De mi libro Fábulas Abiertas, 1978)

EL ZORRO Y EL ACTOR
O
EL LABERINTO DE LA AMISTAD

¿En qué consiste la amistad? Los diálogos laberínticos de su adolescencia se brindaban, en la madurez, a una sola vertiente, sencilla, fluida, segura.

Amistad es esa libertad de llegar a la casa del actor, sin el límite de la pregunta y del anuncio. Ese pasar sin ritos a su cotidianidad, esa ausencia de fronteras. Ese saber irse si el amigo tenía un humor solitario, una fantasía impostergable, un encuentro galante, un taller de trabajo o estaba, simplemente, fatigado. Retirarse  sin ser visto, con un hacerse presente ligero o una amenaza, jovial, de quedarse. Todo modulado según el ánimo  y sutiles indicadores de ponderación del momento. Amistad es espacio de libertad, se dijo el zorro, recorriendo la pieza del actor, hojeando las láminas del libro sobre expresividad y el viejo álbum de tangos, soplando la simpática figura de greda negra, empolvada.

Se sentó un momento a leer y fue resbalando por las líneas del diario, sin poder concentrarse. Le atraía la atmósfera de la pieza, lo llamaba a explorar. El mundo, parte, el entorno de su amigo. Los dejos de prisa, de desorden, de frugalidad. El Pocillo de café frío, la colilla de cigarrillo del último ensayo nocturno. Dejó el periódico y buscó en el libro sobre expresividad el capitulo correspondiente a la espera, dispuesto a recibir a su amigo con una pantomima de caracterización de un impaciente en una antesala. Luego, dudó, pensando que su amigo parecía estar con preocupaciones importantes, construyendo ideas. En ese momento encontró la mascara.

Divertido, al principio. Disimulada entre algunos legajos de papeles de la sociedad de actores autores, se veía un trozo de género recortado como una cara. La apartó con cuidado y sintió sorpresa. La máscara era perfecta. Era más exacta que una fotografía. Era una reproducción de sus propios rasgos, la aguzada cara de zorro, en relieve magníficamente interpretada.

Al verla, fue esa su reacción. Una broma, sorprendente, muy elaborada. Luego, empezó a sentirse confundido, inquieto, defensivo, Invadido. No había aún asumido, orientado, su vivencia del momento, cuando sintió la llegada del actor y  junto a ella, el vozarrón inquisitivo y. animoso, "zorro, estás?”

Con un movimiento reflejo, rapidísimo, no pensado, escondió la máscara en su sitio original y se dirigió al encuentro de su amigo, al umbral de la puerta.

"A qué no sabes en qué estoy trabajando", preguntó, como saludo, el actor. El zorro vaciló, incapaz de prodigarse con la respuesta que emergía, pronta y con rabia, como un proyecto informe y algo maldito en que se veía a sí mismo como protagonista oscuramente instrumentalizado.

Después, sin disimular una alianza desagradable de turbación e irritabilidad, contestó, en sorna, ambiguo.

‑Te preparas a representar un personaje que espera. Luego procuró amortiguar el efecto de sus palabras, señalando en el libro de expresividad la ilustración correspondiente.

El actor sólo percibió un matiz de malestar en las expresiones del zorro y decidió abreviar lo que, en otras circunstancias, se hubiera trocado en lento juego de adivinanza.

"Trabajo en el tema de la amistad", explicó. "Procuro interpretarla con la ayuda de una máscara".

"Sí”, dijo el zorro, aliviado, “Iograste un parecido admirable, soy yo mismo”.

El actor lo miró, atemorizado, atónito y presuroso para evitar cualquier remota causal de equívocos, sacó la máscara del escondite informal donde recién la había reubicado el zorro. La contempló y como desde un principio, reconoció en ella los rasgos habituales, la cara, ahora inquisitiva y desorientada, del amigo del zorro, del actor.

miércoles, 16 de mayo de 2012

Conversando sobre la Amistad (225)


Conversando sobre la Amistad (225)

La  amistad con el asombro
La cercanía, la amistad con el asombro , está en los  orígenes  y establece nexos en profundidad  entre la espiritualidad, la filosofía, la ciencia y la poesía.
El asombro abre camino a la confianza y facilita  el cuidado,  respuestas a la situación humana y cimientos de la amistad. El equilibrio en la  confianza conduce el cuidado. El equilibrio en el  cuidado conduce a la amistad.
 Es imposible poner límites a los posibles  objetos del asombro : el heroísmo y las gracias de los niños, la sabiduría y la entrega  a una misión, la paz de una noche estrellada y los laberintos psicológicos de Los hermanos Karamasov…
En la perspectiva del desarrollo humano, es da ble aventurar la existencia de siete grandes tipos de asombro, cada uno evocando un color.
 Son siete grandes tipos de asombro relacionados  con la Existencia,  con el Yo, con la Complejidad y Belleza del universo, con la ubicuidad del Amor,  con lo Para normal que parece  señalar una realidad paralela, la presencia de un multiverso, el asombro por la evolución del ser humano  transeúnte  cazador y recolector a la carrera espacial, a la gran obra  del arte, la ciencia, la filosofía, la  espiritualidad, la acción social. Por otro lado, el  séptimo asombro, la  marginalidad de esta vivencia y de sus alcances en las sociedades hipnotizadas de la postmodernidad.


Siete Colores del Asombro

 PRIMER ASOMBRO
El Cuidado reconoció esa mirada  del ser de humus Humus.
Era el asombro.
Era el nacer  por segunda vez.
Era pasar a llamarse Humano.
Era el Asombro.
Era la PREGUNTA.
Era  el Asombro  de color  endrino,
Azul y negro.
El asombro porque  hay…
Por  el Humus, por el Cuidado,
Por  no  estar en la nada
Por que Hay.

SEGUNDO ASOMBRO
La Vida  recibió el segundo Asombro.
El ser humano  se reflejó en sí mismo
Y se extrañó   de ser.
Era el asombro morado.
El sentir el misterio  del propio yo.
Era el Azul  y era el Rojo

TERCER ASOMBRO
Atenea estaba ahí
cuando  se presento el tercer Asombro:
El ser humano ante  la condición  del ser,
complejo, lúcido, confiable, legislador,
Sustentable,
Magnánimo,
Evolucionando.
Claro, blanco



CUARTO ASOMBRO
Cuidado, la Vida y Atenea
Estaban junto  a Eros
Cuando  el ser Humano
Asombrado por cuarta vez,
En pleno azul
Se emocionó con el amor

QUINTOASOMBRO
Como un juego
Sueño, profecía cumplida,
Sincronía insólita.
Hermes fue testigo
Del  quinto asombro,
De rubor rosado.
Esas pequeñas vacaciones
Que toma la normalidad.
La para normalidad


SEXTO ASOMBRO
Prometeo  sonrió
Disfrutando el sexto asombro.
El del espíritu y el arte; 
El de paciencia, ciencia  y la conciencia.
La maravilla,  amarilla,
de la realización humana.

          SÉPTIMO ASOMBRO
Saludable, Apolo
Acompañó al Asombro,
El séptimo  asombro,
Cotidiano,
Profusamente verde.
El asombro de que  se pueda vivir
Familiar, ocupado,
Haciendo, teniendo, queriendo
Lejos del asombro

martes, 15 de mayo de 2012

Conversando sobre la Amnistad (224)


Conversando sobre la Amistad (224)
La amistad vivida,  heridas y sanaciones a la amistad, de la amistad
 Nos envía este texto nuestra amiga Ángeles Núñez, docente, educadora de jóvenes y adultos en la Multiversidad Franciscana de  Montevideo

La amistad abre las puertas al mundo,
pero el mundo, de vez en cuando,
 se disfraza de cordero,
de pájaro, de flor, de viento,
acariciando sus tibios brotes,
su sagrado misterio.

 Ocurre que aún herida,
se levanta la vida entre el infierno,
recoge su amargura,
maquilla su desazón,
y busca ayuda....

Entonces aparecen sus pares,
esos seres entrañables
auténticos, parecidos,
que la abrazan, la consuelan
y le exigen desmaquillarse,
lavarse los disfraces.

La amistad llora verdades
que calla.
Los seres familiares
recogen  sus trozos,
y entre todos van
construyendo dibujos de colores,
le atan piolitas,
y remontan cometas en el cielo,
mientras el sol rie de alegría,
todos bailan
sobre el pasto húmedo
y se toman fuerte de las manos.